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ESTRATEGIA JURÍDICA

Assange desvela su paternidad para salir de prisión

El fundador de WikiLeaks tuvo dos hijos con su abogada durante el aislamiento en la embajada ecuatoriana El activista cumple 50 semanas de condena por violar la libertad condicional que le impuso la justicia británica

 

Assange, observa desde la ventana de una furgoneta policial, en Londres, el año pasado. - DANIEL LEAL-OLIVAS (AFP)

BEGOÑA ARCE
13/04/2020

Le buscaba la policía, los jueces y los servicios secretos internacionales. Era el prófugo más famoso en el mundo. Vivía escondido, sin ver la luz del sol, en una estrecha habitación del piso que ocupaba en la Embajada de Ecuador en Londres. La puerta del edificio estaba custodiada día y noche por dos hombres de Scotland Yard para evitar su fuga. La presencia de cámaras y periodistas era habitual.

Y en esas condiciones, Julian Assange se las arregló para engendrar en secreto dos hijos. Gabriel de dos años y Max de uno, son fruto de la relación del fundador de Wikileaks con Stella Morris, una de sus abogadas. Ella misma ha desvelado los detalles del romance en cautiverio, con la esperanza de que su prometido pueda salir en libertad condicional.

Compañía femenina

Assange, de 48 años, se encuentra actualmente en la prisión de alta seguridad londinense de Belmarsh, cumpliendo condena de 50 semanas por haber violado los términos de la libertad condicional que le impuso la justicia británica. Ingresó en la cárcel cuando, en abril de pasado año, fue sacado literalmente a rastras por la policía, que, a petición del Gobierno de Ecuador, entró en el recinto diplomático donde se había refugiado. Assange había pasado siete años sin poner un pie en la calle. El encierro no le privó sin embargo de compañía femenina.

Celebridades como Lady Gaga, la actriz Maggie Gyllenhaal, Yoko Ono o Vienne Westwood le rindieron visita. Pamela Anderson fue una habitual entre quienes iban y venían del edificio en las proximidades de los almacenes Harrods. La estrella de 'Los vigilantes de la playa' y exmodelo de Playboy alivió tan frecuentemente las soledades del australiano, que se habló de una posible relación sentimental estable. Ahora sabemos que su prometida era la letrada de 37 años.

En la entrevista concedida al 'Mail on Sunday', un tabloide ultraconservador, con un alto porcentaje de mujeres entre sus lectores, Morris dibuja un romance en el estilo más clásico, que comenzó hace cinco años. De las horas juntos estudiando expedientes y legajos, se pasó a terrenos menos áridos. Morris describe a Assange como "una pareja generosa y tierna". En el 2017, dice, le pidió que se casará con él.

El compromiso se selló al modo más tradicional. Elegí un anillo de diamantes, que le enseñé 'on line' 'y que nos encantaba', explica. Después vendrían los dos nacimientos en un hospital de Londres, que Assange pudo ver gracias a una conexión de video. El mayor de los bebés, Gabriel, incluso visitó a escondidas a su padre en el "nidito de amor", que le ha costado 13 millones de libras a los contribuyentes británicos, como recuerda algún medio británico. Ese fue el precio de la factura, 14,8 millones de euros, por la vigilancia policial del fugitivo.

Libertad condicional

Morris ha elegido este momento para revelar la existencia de la nueva familia de Assange, porque teme que acabe contagiado por un brote de coronavirus en prisión. Allí permanece, a la espera del juicio de extradición, reclamado por Estados Unidos por espionaje y las actividades de WikiLeaks.

La próxima vista ha sido fijada para el 18 de mayo. Su equipo legal ha iniciado los trámites para solicitar que le sea concedida la libertad condicional hasta entonces. Otro intento de retrasar hasta septiembre el proceso, por las insuperables dificultades de sus abogados debido al covid-19, ha sido rechazado por el juez. El historial del detenido, que ya escapó en el pasado a la justicia, cuando estaba en libertad condicional y portaba una pulsera electrónica, complica el que le sea concedida ahora.

La abogada teme por la vida de Assange

Stella Morris se incorporó al equipo legal de Julian Assange en Londres en el 2011, cuando respondió a una oferta del despacho que llevaba el caso del fundador de WikiLeaks. Ese año fue la primera vez que se encontró con él en el Frontline Club, un conocido club de prensa londinense. Nacida en Suráfrica, con nacionalidad sueca y herencia cubana, cambio su nombre original, Sara González Devant, por el de Stella Morris, cuando empezó a redactar documentos legales para el caso de Assange.

Tras estudiar en Oxford, lleva 20 años trabajando en el Reino Unido. Entre otras lenguas habla sueco y español. La primera le sirvió para defender a Assange cuando las autoridades de Suecia, país en el que ella ha vivido, le reclamaron para ser interrogado por agresiones sexuales a dos mujeres. La petición de extradición terminaría retirándose. El español también le sirvió de ayuda para negociar el asilo con las autoridades de Ecuador. Fue en la embajada de ese país donde entró a formar parte del círculo íntimo del refugiado.

Al parecer llegó un momento en que se convirtió en la única persona en la que Assange confiaba. Ahora, a causa del coronavirus, no puede visitarle en la cárcel. “Durante mucho tiempo tuve miedo de que Julian se suicidara y perderle, si no había forma de detener su extradición a Estados Unidos”, ha declarado. “Ahora tengo miedo de perderle, antes por a otras razones, por el virus. Él en estos momentos no tiene voz, pero yo sí. Por eso es por lo que la estoy utilizando”, ha expuesto.

 
 
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