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Conflicto en los Balcanes Una historia convulsa.

Milosevic cavó en Kosovo la tumba de la antigua Yugoslavia

El expresidente serbio usó la provincia como trampolín para afianzar su poder.

 

MONTSERRAT RADIGALESMONTSERRAT RADIGALES 18/02/2008

La crisis que llevó a la descomposición de la antigua Yugoslavia comenzó en Kosovo y el proceso se cierra en el mismo escenario, aunque la independencia podría ser el penúltimo capítulo de la odisea balcánica.

Los orígenes. Serbia anuló la autonomía kosovar unilateralmente

A finales de los 80, Slobodan Milosevic utilizó Kosovo como plataforma de su ascenso al poder y encendió la mecha de la vorágine del nacionalismo serbio con un enfervorizado discurso en Kosovo Polje, escenario de la batalla medieval en la que los serbios sucumbieron al Imperio otomano. En 1989, ya como presidente de Serbia --entonces una de las seis repúblicas de Yugoslavia--, una de sus primeras decisiones fue la abolición unilateral de la autonomía de las provincias de Kosovo (de mayoría albanesa) y Vojvodina (con una sustancial población húngara).

La ruptura del frágil equilibrio y el afán de poder de Milosevic, que le llevó a burlar la Constitución federal, abrió la caja de Pandora. En 1991, Eslovenia y Croacia proclamaron su independencia. Eslovenia era étnicamente homogénea y la oposición del Ejército yugoslavo se limitó a unas escaramuzas que duraron 10 días. Pero en Croacia los líderes de la minoría serbia (12,6% de la población de entonces) se rebelaron y contaron con el apoyo del Ejército federal. Fue el inicio de una guerra que conmocionó a Europa y que, en 1992, alcanzó en Bosnia el mayor grado de barbarie y crueldad.

Mientras Croacia y Bosnia descendían a los infiernos, en Kosovo la mayoría albanesa vivía sometida a un régimen de apartheid. De la mano del ahora difunto escritor Ibrahim Rugova, fundador de la Liga Democrática de Kosovo, los albanokosovares optaron por la resistencia pasiva: boicotearon las elecciones organizadas por Belgrado y establecieron una serie de instituciones paralelas (desde las escuelas y el sistema de salud hasta la recaudación de impuestos) que no tenían reconocimiento oficial. Su lucha era pacífica.

El fin de la lucha pacífica. La guerrilla precipitó los acontecimientos

Todo empezó a cambiar en 1997 con la creación del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). Frustrados por la falta de resultados, algunos albanokosovares que habían participado en la resistencia pasiva (como el actual primer ministro, Hashim Thaçi), decidieron empuñar las armas. La guerrilla se cebó en el Ejército y la policía serbia. Los ataques del UCK, intensificados en 1998, desencadenaron una brutal represión de las fuerzas serbias. Unos 100.000 albaneses huyeron a los montes. La comunidad internacional buscó, a principios de 1999, un acuerdo negociado en una cumbre en el castillo de Rambouillet (Francia). El fracaso de la iniciativa diplomática llevó a la intervención militar. El 24 de marzo de 1999 la OTAN inició una campaña de bombardeos sobre Kosovo y el resto del territorio de Serbia, incluida la capital, Belgrado. Al cabo de 78 días, el régimen de Milosevic se dio por vencido y aceptó la retirada de las fuerzas serbias de Kosovo. Desde entonces, la provincia ha estado administrada por la ONU.

La fragmentación. La debacle yugoslava ha alumbrado siete estados

Kosovo es el séptimo Estado surgido de la disuelta República Socialista Federal de Yugoslavia (RSFY), que estaba formada por seis repúblicas y dos provincias autónomas. Eslovenia, Croacia, Macedonia (donde una fuerza internacional preventiva evitó la guerra) y Bosnia accedieron a la independencia entre 1991 y 1992, pero Montenegro, fiel aliada de Serbia, mantuvo sus vínculos con Belgrado, primero en una nueva República Federal de Yugoslavia y después como Serbia y Montenegro. El divorcio entre ambas se formalizó en junio del 2006 (tras el referendo montenegrino de mayo del 2006).

El verdadero reto. El edificio constitucional de Bosnia se muestra inviable

Cuando el pasado enero Eslovenia asumió la presidencia de la Unión Europea (UE), el primer ministro, Janez Jansa, afirmó que "Bosnia constituye un problema más grave para la estabilidad de los Balcanes que Kosovo". Las palabras de Jansa provocaron quejas, pero al dirigente esloveno no le faltaba la razón. La guerra (1992-1995) destruyó la integridad de Bosnia. Tras una intervención militar tardía, la diplomacia de Estados Unidos forzó el acuerdo de Dayton. Fue la paz a cualquier precio. Aceptó en parte los hechos consumados por la fuerza y dividió el país entre una entidad serbia y una federación de musulmanes y croatas, con un Estado central muy débil. La estructura constitucional es compleja y se ha demostrado inviable. Los intentos posteriores de la comunidad internacional de reformarla han chocado con la negativa serbia a ceder ni un ápice de sus atribuciones. Tras más de 12 años del fin de la guerra, Bosnia es de facto un protectorado internacional.

 
 
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