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CLAVES DE UNA ELECCION

  •  Bush ha ganado por la movilización de quienes defienden los valores religiosos y tradicionales


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    MANUEL CastellsMANUEL Castells 09/11/2004

    La reelección de George Bush a la presidencia de Estados Unidos por un mayor margen del esperado no puede interpretarse como un referendo en favor de la guerra de Irak. Sobre este tema, la opinión pública sigue dividida, con tan sólo un 47% de la población y un 50% de los votantes manifestando su apoyo a la guerra.

    Si para el mundo la guerra y el terrorismo son los temas fundamentales, en lo que se refiere a la política estadounidense, ése no es el caso en Estados Unidos. Otros temas y otros factores han influido de forma decisiva en el resultado electoral. Y se puede tener una idea bastante clara de quién ha votado a Bush y por qué, a partir de las encuestas realizadas a la salida de los lugares de votación en el conjunto del país.

    Recordemos que el 51% votó por Bush y el 48% por John Kerry. Las mujeres algo más por Kerry (50% frente al 49% de los hombres), pero el tradicional apoyo femenino a los demócratas disminuyó en esta elección debido a la preocupación de las mujeres con respecto a la seguridad. La edad muestra una división fundamental: los jóvenes de menos de 30 años votaron en un 55% por Kerry, pero todos los demás grupos de edad favorecieron a Bush.

    EL VOTO JOVENfue el resultado de una amplia movilización anti-Bush liderada por cantantes y artistas y apoyada por la televisión musical y los medios de comunicación juveniles. De hecho, los que votaron por primera vez (la mayoría de ellos jóvenes) lo hicieron por Kerry en un 57%. Aun siendo importante el papel de los jóvenes, no pudieron compensar el apoyo mayoritario a Bush de sus mayores, en particular de los viejos.

    También el grupo étnico y el nivel de ingresos influyeron en la elección. La mayoría blanca se inclinó por Bush en un 57%, mientras que Kerry fue el candidato del 86% de los negros, del 64% de los asiáticos y del 54% de los hispanos. O sea, que la minoría hispana está cada vez más dividida políticamente, sobre todo en los estados del sur, como es el caso de Florida. De hecho, la movilización de los cubanos en Florida fue decisiva para la elección.

    Por nivel de ingresos, queda muy claro que cuanto más rica es la gente más vota a Bush, por la promesa de éste de reducir impuestos. Mientras que los más pobres, los que más necesitan salud pública y programas sociales, apoyaron mayoritariamente a Kerry. Los demócratas conservaron su apoyo entre los trabajadores sindicalizados: el 56% de los votantes miembros de un sindicato votaron a Kerry. Pero hay que recordar que menos del 16% de los trabajadores pertenecen a un sindicato en Estados Unidos (aunque este porcentaje es más alto que en España).

    Ahora bien, lo que parece que fue esencial en la elección fue la movilización de quienes defienden valores religiosos en la política y quieren mantener la familia tradicional. Así, los casados votaron mucho más a Bush mientras que los solteros apoyaron a Kerry, en particular las mujeres solteras, dos tercios de las cuales votaron demócrata. Los homosexuales votaron por Kerry en un 81%, mientras que los heterosexuales apoyaron a Bush en un 53%.

    La religiosidad también fue determinante. Así, los que van a la iglesia una o más veces por semana votaron a Bush en un 65%, mientras que los menos asiduos a la práctica religiosa apoyaron a Kerry en un 57%. Y el tipo de religión también influyó: los protestantes votaron a Bush en un 61% y los católicos en un 55%, en contraste con otras religiones: por ejemplo, el 74% de los judíos votaron a Kerry. Pero, claro está, la mayoría de la población es cristiana y muy religiosa. Y se movilizaron para votar en contra del aborto, del matrimonio gay y de la experimentación con células madre de fetos humanos, exhortados por los pastores evangélicos y los obispos católicos.

    JUNTO A LOSvalores familiares y religiosos, también los valores individualistas y libertarios influyeron en el apoyo a Bush. Ello se expresa, en el contexto estadounidense, en el rechazo a los impuestos y en la afirmación del derecho a tener armas. El 65% de los propietarios de armas votaron a Bush, que ha eliminado los controles establecidos sobre la posesión de armas de guerra. O sea, el factor más importante de la elección, junto al nivel de ingresos y el grupo étnico, fue la defensa de los valores tradicionales y religiosos.

    Esto explica que aquellos estados en donde la preeminencia de dichos valores es más fuerte están sólidamente bajo control de los republicanos, no sólo en la presidencia, sino en la Cámara de Diputados, en el Senado y, frecuentemente, en los gobernadores del Estado. En cambio, los estados que son más tolerantes, abiertos al mundo y generalmente en contra del militarismo, como son California, Nueva York o los estados del nordeste, dieron una amplia mayoría a Kerry. Pero esa fuerza en los estados económicamente y culturalmente decisivos del país no compensa la hegemonía conservadora en la gran mayoría del territorio.

    Así, mientras Europa es una cultura plenamente secularizada y generalmente tolerante (a pesar de Silvio Berlusconi y sus muchachos), el país más poderoso del mundo se encamina hacia una sociedad conservadora y una política marcada por la religión en términos cercanos al fundamentalismo.

    Pero la consecuencia no es la polarización del mundo entre dos fundamentalismos, porque los dos, el islámico y el cristiano, en realidad están de acuerdo en lo esencial: la organización de la sociedad según la ley de dios interpretada por sus ulemas o sacerdotes. El objetivo de todo fundamentalismo, religioso, étnico o nacional, es imponer su ley al conjunto de su propia sociedad mediante la sumisión de la autoridad política al dictado de lo que Dios o La Nación han prescrito.

    No se trata de un choque de civilizaciones entre islamismo y cristiandad, como sostienen teorías semirracistas sobre el tema. Sino de un conflicto creciente entre tolerancia e intolerancia en la convivencia nuestra de cada día. La guerra de religión y cultura en Estados Unidos no ha hecho más que empezar. Y la gestión de la política de la identidad, dimensión fundamental de la existencia humana, se revela como el tema prioritario de todas las sociedades.

    *Catedrático emérito de la Universidad de Berkeley