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Cuando el río suena, agua lleva

Nuestros antepasados cruzaban el Ebro utilizando distintas embarcaciones que se adaptaban a las características de su cauce, y no al revés, como parece que pretenden algunos ahora.

CARMEN GallegoCARMEN Gallego
08/09/2007

 

A estas alturas del siglo XXI empezar a hablar de navegación fluvial por el Ebro es como decir que se ha inventado el fuego. La navegación ha estado asociada a este río desde tiempos inmemorables, como en casi todos los ríos del mundo. Digo esto porque en lo que va de verano se han dicho, escrito y escuchado muchas referencias al viejo río, motivado por la intervención del equipo de gobierno PSOE-PAR del Ayuntamiento de Zaragoza para dragar su cauce a su paso por la ciudad, así como para rebajar la solera del Puente de Piedra.

Nuestros antepasados, cuando querían desplazarse o cruzarlo, utilizaban distintas embarcaciones, adaptadas en todo caso a las características de su cauce y no al revés, como parece que pretenden algunos ahora. Ese rico patrimonio forma parte de nuestra identidad como pueblo, de nuestra cultura fluvial y de nuestra memoria colectiva.

Ahora bien, las distintas intervenciones a lo largo de sus afluentes, la construcción de presas, retuertas y azudes, convirtieron la navegabilidad en este tramo zaragozano en algo casi imposible. A partir de entonces, Zaragoza comenzó a vivir de espaldas al Ebro, hasta el punto de percibirlo como un estorbo, un vertedero o una cloaca, en lugar de ser una oportunidad de disfrute, de desarrollo y de seña de identidad, como muy bien explica José Ramón Marcuello en su libro y su película sobre El Ebro.

Cuando Chunta Aragonesista formaba parte del anterior equipo de gobierno, trabajamos para que la Exposición Internacional del 2008 fuera la ocasión que nos permitiera darle brillo y esplendor a nuestro emblemático río. Queríamos, como la casi totalidad de los zaragozanos y zaragozanas, recuperar el Ebro para el disfrute ciudadano y de sus visitantes, creando, además, una conciencia de respeto y regeneración que nos hiciera sentirnos orgullosos y orgullosas de él. Por eso, no entendemos las caprichosas actuaciones llevadas a cabo por el PSOE-PAR que contravienen este consenso tan demandado.

PARA VOLER a hacer navegable el río y que se adapte a las embarcaciones que han sido adjudicadas, --como no caben por tamaño y fondo (calado) de las mismas--, el equipo de gobierno municipal PSOE-PAR pretende un dragado salvaje del fondo, rompiendo todo el equilibrio de la fauna y la flora, e imponiendo un carísimo peaje económico a todos los zaragozanos (la operación ha de hacerse cada año y cuesta 400.000 euros), si queremos que la navegación sea una realidad después de la Expo. Es una auténtica barbaridad si se tiene en cuenta que no existe ningún informe de impacto medioambiental que lo avale y que valore los riesgos que entraña. Por poner un ejemplo que todos entendamos, imagínese que se compra un coche mucho más grande que su plaza de garaje y que, en su obstinación por meterlo, se dedica a romper las paredes para hacer el sitio más grande. Esto es lo que está haciendo PSOE-PAR y la Sociedad Estatal Expoagua, en su empecinamiento para conseguir que los barcos que han encargado puedan circular por el río. Asimismo, en esta alocada precipitación, descubren el pasado mes que el puente de Piedra se encuentra muy dañado por el paso del tiempo. Pero en lugar de iniciar una urgente restauración, previo estudio técnico, se decide agrandar uno de los arcos para que pasen sus barcos. Sin embargo, el Gobierno de Aragón-Ayuntamiento prefieren saltarse a la torera su propia legalidad olvidándose de que el puente de Piedra es un Bien de Interés Cultural.

CONSIDERAMOS, por tanto, magnífica la idea de volver a recuperar sus riberas, limpiar el cauce, sanear los puentes; pero aquí todo no vale, no a costa de hacer insostenible el proyecto. No queremos dragados agresivos al Ebro, ni destrucciones del patrimonio histórico. El PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales) lo prohibe expresamente, ya que es un ecosistema en el que viven diferentes especies protegidas de peces en peligro de extinción, además de la margaritífera auricularia, una almeja cuya concha de nácar ha sido históricamente utilizada por los ribereños zaragozanos para adornar todo tipo de objetos y sin atentar sobre el patrimonio histórico.

Por todo ello, y como dice el título de este artículo, cuanto el río suena agua lleva, y en este caso el río suena a oportunismo político, a espectáculo insostenible, a improvisación, a falta de sensibilidad medioambiental, y como lleva efectivamente agua, desde Chunta apostamos porque la Expo 2008 haga que el líquido elemento venga limpio y transparente, y no se enturbie con decisiones unilaterales que rompan el consenso en torno al agua y el desarrollo sostenible.

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