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LUIS DEL VAL, PERIODISTA Y ESCRITOR

«No hay nada más español que un secesionista catalán»

Acaba de publicar su último libro, 'Mi querida España'

 

El periodista Luis del Val, ayer en la redacción de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN con su último libro, ‘Mi querida España’. - jaime galindo

IVÁN TRIGO
14/06/2018

El zaragozano Luis del Val es una de las voces más expertas del panorama radiofónico estatal. A lo largo de su ya larga carrera ha publicano más de una veintena de libros, y en plena Transición fue diputado en el Congreso por la UCD. Cuenta que no se jubila porque quiere seguir escribiendo y de ese afán ha nacido su último ensayo, Mi querida España, una reflexión subjetiva sobre nuestro país que recorre todos nuestros pecados y nuestros méritos también.

–¿Por qué ha escrito este libro?

–Por encargo, no le voy a mentir.

–¿Por qué tenemos tantos prejuicios los españoles con respecto a otros países?

–Estamos muy ensimismados en nosotros mismos, nos despreciamos, nos criticamos y no tenemos mucho interés por las culturas externas. Recuerdo que un arabista amigo mío me dijo que encontrar hispanistas en el mundo árabe es fácil, pero que encontrar arabistas en el mundo hispano es muy complicado, porque nadie está interesado en ello.

–¿De dónde nace este ensimismamiento?

–Pues es que aquí no se vive nada mal, hay sol, el clima es agradable, tenemos muchos kilómetros de mar… eso hace que nos desinteresemos por otros países.

–A pesar de esto, los españoles somos muy críticos con nuestro país.

–Mucho, somos feroces con nosotros mismos. El español tiene un sentido masoquista de la existencia. También es verdad, que cuando dos españoles escuchan hablar mal del país a un tercero, sobre todo si no es español, les entra un furibundo patriotismo terrible.

–¿Cómo somos los españoles según Luis del Val?

–Contradictorios pero muy solidarios. En la crisis terrible que sufrimos en este país, el sentido de la familia ayudó a que muchas familias no se quedaran en la calle. También somos muy generosos: somos el país de la Unión Europea que más dinero da a las oenegés y somos el campeón del mundo en donación de órganos, lo que dice mucho de nosotros mismos. Sin embargo, somos tacaños y avarientos en los elogios al compatriota.

–A no ser que esté muerto. 

–Eso es. Como decía Larra, Dios nos libre del día de las loas y las alabanzas, porque ese día estaremos muertos.

–Se nos achaca ser vagos e impuntuales en el extranjero, pero sin embargo muchos europeos vienen a vivir a nuestro país y están encantados. 

–Tenemos una cosa muy buena, y es el disfrute del presente. El español es un tipo que aprovecha mucho las alegrías del momento, aunque también es muy pesimista. Seguimos arrastrando ese pesimismo de la generación del 98 que Ortega y Unamuno se empeñaron en extender. Este país no es ninguna porquería, y lo hemos demostrado.

–Usted fue diputado en el Congreso en plena Transición. ¿Qué opina de las críticas a este periodo de la historia reciente?

–Me parece que hay mucho desconocimiento sobre el asunto. La Transición es una de las pocas cosas que nos ha salido bien a los españoles desde la guerra de la Independencia. La democracia se la debemos a la gran generosidad de muchas personas a las que hay que recordar, como los comunistas que habían estado en la cárcel y a mucha gente del movimiento, como Adolfo Suárez. Gracias a ellos la Transición llegó a buen puerto. El mismo Santiago Carrillo hizo los mítines con la roja y gualda, no con la bandera de la segunda república.

–¿Por qué cree que la izquierda reniega de los símbolos nacionales, como la bandera precisamente?

–Porque Franco se apropió de todo lo español: la bandera, la zarzuela, el ejército… Pero la realidad es que cuando, por ejemplo, se habla de la bandera de la república se está hablando de la de la segunda república. Durante la primera república, que fue una república mucho más digna que la segunda, la bandera era roja y gualda. La bandera surgió en el siglo XVIII y está legitimada. Lo único que hizo Franco fue poner al pollo, como dicen los castizos.

–¿Cuántas Españas hay?

–Está la folclórica, la banal, la superficial, la intransigente, la vieja, la adolescente. Hay muchas Españas, pero en el conjunto, cuando paseas por sus calles, se hace notorio un poso de bondad y generosidad. El español es uno de los los eres más nobles que hay en todo el continente.

–Usted dice que España no le duele pero, ¿Cataluña?

–Los catalanes son tan españoles que tienen todos los defectos de los españoles: la intransigencia, es decir, considerar enemigo a todo el que no piense como tú; el empecinamiento que supone no rectifican nunca sus errores… No hay nada más español que un secesionista catalán. Reunen todos y cada uno de los defectos.

–En el libro hace referencia varias veces a esta tierra, Aragón, ¿cómo somos los aragoneses?

–Somos unas personas a las que nos falta mucha iniciativa y riesgo empresarial. La morcilla de Aragón es mucho mejor que la de Burgos, pero yo no puedo comprar en Madrid morcilla de aquí (ríe).

–¿Y en lo sentimental?

–Somos muy sinceros, lo que precisamente en el trato comercial nos perjudica. Como decía Iñaki Gabilondo, los aragoneses bien, pero un poquico menos sinceros, mejor.

–¿A qué país le gustaría parecernos?

–A España la quiero así. Somos un país estupendo, solo hay que limar algunos defectos.

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