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Retrato del creador de un mito incombustible de la cultura popular

El padre de Drácula

Un rescate literario y una biografía traen a la actualidad la figura de Bram Stoker

 

La tumba de Bram Stoker, muerto el 20 de abril de 1912 en Londres. - archivo

Portada de la nueva biografía. - GETTY IMAGES / HULTON ARCHIVE

ELENA HEVIA
09/11/2017

Bram Stoker (Chantarf, Irlanda, 1847-Londres, 1912) no se destacó precisamente por su sutileza como escritor, pero hay que reconocerle que creó una de las criaturas más incombustibles de la literatura contemporánea. Y con ella, un mito. Drácula llega apenas sin telarañas hasta el siglo XXI y como los iconos fundacionales de la cultura popular propicia todo tipo de interpretaciones y reencarnaciones. La pervivencia del no muerto, del aristócrata chupasangre, del conde transilvano practicante del derecho de pernada está acreditada. Con él no se inventó el modelo vampírico que se remonta por lo menos a un siglo atrás y está presente en otras culturas, pero entrelazando amor y muerte, además de un nombre, el personaje aportó al mito un carisma sexual inédito hasta el momento.

Drácula, el monstruo sexi, regresa de su tumba, informativamente, con dos novedades editoriales. La primera es Algo en la sangre (Es Pop), pormenorizada biografía de Stoker firmada por el experto norteamericano David J. Skal, que ha dedicado media vida al personaje ya sea en su concreción literaria como en las sucesivas recreaciones cinematográficas de Hollywood. La segunda, la recuperación de una rareza, Los poderes de la oscuridad (Ediciones B), versión islandesa de la novela, firmada por Valdimar Asmudsson, que presenta muchas diferencias respecto al texto conocido.

COMÚN DENOMINADOR

Entre la biografía y la versión de Drácula perdida entre los hielos nórdicos hay un común denominador: el trasfondo y la carga sexual de ambas propuestas que arrojan luz a los rincones más oscuros de la moral victoriana. El investigador Hans Corneel de Roos, editor del texto islandés, considera que la vigencia del mito tiene que ver precisamente con el temor a la seducción, un miedo compartido antiguo y profundo que tiene su reverso en la atracción: «Es la idea de un monstruo que no solo te ataca, sino que puede controlar tu mente y convertirte en una criatura repugnante». Y no se corta a la hora de poner algún ejemplo coyuntural: «Veo paralelismos en la forma en que Donald Trump ha logrado seducir a sus votantes. Es obvio que miente casi todos los días, pero aún así tiene muchos seguidores que le creen fielmente. Y eso es aún más aterrador que una película de vampiros».

Poco se sabía de Los poderes de la oscuridad, un texto que es a su vez una adaptación reducida pero enriquecida en algunos detalles de una versión anterior sueca realizada por Anders Albert Andersson-Enderberg. Se publicó con ese título en 1901 –13 años después del original– y presenta respecto a este no pocas diferencias. Para empezar, toda la primera parte, que corresponde al viaje de Jonathan Harker a Transilvania, es un 60% más extensa, mientras que el resto de la historia queda reducida en un 90%, en una desnuda descripción de las acciones.

VERSIÓN TEMPRANA

La tesis de De Roos es que la versión sueca y por lo tanto la versión de Valdimar Asmundsson se habría valido de una versión previa a la novela que ya conocemos. «Encontré varios elementos que Stoker había mencionado en sus preparativos para Drácula, pero que nunca aparecieron en el libro publicado en 1897», explica el experto. Así que la buena noticia es que gracias a ese texto es posible detectar esa primera escritura. Esa opinión es también la del sobrino bisnieto de Stoker, Dacre Stoker, que firma el prólogo de la edición: «Mi teoría es que Bram Stoker escribió toda la historia él mismo y esta es una versión temprana que no llegó a editar y refinar. Pero sin haber encontrado un manuscrito o un contrato es difícil saber a quién corresponde la autoría». También hay similitudes, convienen ambos, con El invitado de Drácula, un poco conocido relato escrito previamente a la novela.

Una de las grandes sorpresas de la versión islandesa es que la temperatura de las escenas entre Harker y las vampiras acólitas del conde sube muchos grados. El erotismo es mucho más acentuado que en el original. Aquí se abren varias incógnitas. ¿Decidió el propio Stoker rebajarlo en la edición original? ¿O fueron los traductores nórdicos los que se dejaron llevar por una moral mucho más abierta? «En 1900 –dice De Roos– las personas eran mucho menos mojigatas en Reikiavik o Estocolmo que en Londres. Valdimar se burló en un artículo de una ley que en EEUU prohibía a un hombre colgar la colada de su ropa interior en un lugar donde una mujer desprevenida pudiera verla. El traductor sueco estaba familiarizado con el arte escultórico clásico, para él no fue ningún problema incluir una serie de mujeres hermosas desnudas en su nueva versión».

Respecto al sobrino bisnieto, Dacre, nacido en Canadá, atleta olímpico, se lanzó hace una década a la realización de una secuela de Drácula, con la ayuda del guionista Ian Holt que seguía, al parecer, las notas originales de Stoker aunque la trama y los personajes tenían tantas referencias modernas que era difícil creer en su fidelidad. Además, buena parte de la crítica no recibió con agrado el resultado y le dedicó adjetivos como «mediocre» y «sensacionalista». Sin embargo, eso no parece haber detenido al descendiente y responsable de la gestión de la propiedad intelectual de su tío bisabuelo. En la actualidad está escribiendo, de nuevo junto a Holt, una precuela que aparecerá en inglés el año que viene y ya tiene vendidos los derechos cinematográficos. Drácula sigue dando juego.