Añón.
Las sayas de la Tía Luviges
El municipio recreó el pasado sábado la leyenda de esta paisana, en la que se cuenta que el viento la salvó de una muerte segura tras caer al vacío mientras paseaba por un roquedo.

Las sayas de la Tía Luviges
La localidad zaragozana Añón recuperó, por unas horas este fin de semana, dentro de los actos culturales, a una de sus vecinas más representativas: la Tía Luviges. La Asociación Cultural La Fragua recreó el sábado y ayer, ante decenas de personas interesadas en conocer el relato, la historia de esta añonera, convertida ahora en un símbolo entre bruja y leyenda. Según cuentan las personas más mayores del pueblo, el viento empujó al vacío a la mujer cuando paseaba por un alto roquedo. Aunque el mismo viento que la llevaba a una muerte segura fue la que le salvó ya que sus sayas se abrieron como un paracaídas y la añonera cayó en un campo cercano totalmente ilesa. Eso sí, la suerte no le duró mucho porque, al tiempo, se cayó desde encima de un burro y, en esta ocasión, murió.
Hace tres años, dos pintores afincados en el municipio de Moncayo desde hace décadas, Jaime Zuloaga y Javier de Pedro, decidieron "dar forma" a la leyenda y crearon una muñeca que recrea a la Tía Luviges así como una papiro que explica la historia. La asociación cultural apoyó la recuperación y, tras tres años, se ha convertido en tradición, "una tradición que nunca existió como tal" explican desde la agrupación.
Ahora, la tía "no cae" por la roca, sino que un sistema de polea la descuelga para que se deslice hasta posarse entre la gente, que la espera junto a los restos de las murallas de la población. Eso sí, ayer hubo que soltarla dos veces, para que las faldas volvieran a abrirse y cumplir así con la tradición oral del pueblo. No afirman con seguridad "ni que existiera ni que fuera bruja" aunque "cara tiene" decían.
Lo que no se repite es el accidente del burro. Los añoneros prefieren quedarse con el misterio de su caída. Y no faltó el burro, el último que queda en Añón. Los vecinos lo acompañaron junto a la muñeca como un auténtico personaje, junto al que se fotografiaban niños y mayores. Además, hacían paradas por las cuestas "porque el burro se cansaba".
Como explican desde la Asociación Cultural La Fragua, "la agrupación se creó para recupera historias como éstas y, de hecho, fue la primera que se recreó". Junto a ella, "también se ha recuperado el dance, que baila junto a Luviges o la plantación del mayo, que recuerdan los mayores".
El salto de la Tía Luviges es el acto central del fin de semana cultural, aunque la programación comenzó el pasado viernes. Entre las actividades, se rescató el pingar el mayo, una tradición abandonada desde hacía décadas, en la que los quintos del año cortaban por la noche el chopo más grande que habían encontrado y, entre todos, lo colocaban en el medio de la plaza del pueblo.
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