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Noveno aniversario de la Expo 2008 / La reconversión del recinto de Ranillas

El acuario fluvial aumenta un 24% el número de visitantes

Prevé cerrar el año con más de 100.000 usuarios y ya duplica las cifras del 2012

 

El petauro, un marsupial que se ha incorporado al acuario. - JAIME GALINDO

Las instalaciones del acuario cuentan con 5.000 ejemplares de 330 especies distintas. - JAIME GALINDO

D. L. G.
14/06/2017

La historia del acuario fluvial de Zaragoza es, aparte de ser un auténtico referente en Europa en este tipo de instalaciones, la de un superviviente en el recinto de Ranillas. Se construyó para la Expo del 2008 y se mantuvo abierta tras la muestra internacional, en la que logró ser uno de los edificios más transitados. Pasó a ser de pago y sus cifras de afluencia cayeron notablemente, su entorno se quedó estancado durante años y, pese a las dificultades, sigue al pie del cañón. Hasta llegar a un 2017, en el que en los primeros cinco meses del año el número de visitantes es un 24% superior al mismo periodo del ejercicio anterior, el 2016, cuando consiguió sus mejores registros duplicando los que contabilizó hace un lustro, en el 2012.

Aquel año culminó con unos 40.000 visitantes, y el 2016 lo hizo con 85.000. En este ejercicio, los 36.000 que ya han pasado por sus instalaciones de enero a mayo suponen 7.000 más que los 29.000 del pasado año, de manera que sus responsables prevén «que si sigue esta misma evolución se puede acabar el 2017 con 100.000 o 105.000 personas» recorriendo el acuario.

Así lo explicó su director técnico, Javier González, quien ve tras esta progresión positiva que «ha funcionado muy bien el boca a boca de los visitantes», que valoran muy positivamente al acuario zaragozano en todas las encuestas y en portales de internet. Es una evolución que «funciona muy bien aunque sea más lentamente». Además, consideró que la ciudad ya ha incorporado al edificio entre los atractivos de la capital aragonesa y que «ha pasado la crisis y mejorado el turismo» en Zaragoza.

60% DE ARAGÓN // El 60% de quienes visitan el acuario es de Aragón y son catalanes, madrileños, riojanos y navarros los más numerosos de los procedentes de comunidades autónomas limítrofes. Junto a ellos, el público francés es el más importante en los datos de afluencia internacional. Además, unos 15.000 escolares pasan por las instalaciones cada año, casi 4.000 de ellos de centros galos. Y llevar las fiestas del Pilar al recinto de Ranillas también ayudó, en el 2016, a atraer más público al acuario fluvial.

Se trata de un resurgir muy positivo para una propuesta «de ocio pero vinculada a la educación ambiental, y una oferta orientada al turismo pero con contenido más divulgativo». Y para ello siguen aumentando las especies que lo pueblan, con importantes novedades ya incorporadas en los últimos meses. Lo es, por ejemplo, el nuevo espacio que se ha acondicionado en el interior para acoger a un varano salvator, un lagarto que «llega a alcanzar los dos metros de longitud y más de 50 kilos de peso». Crecerá en su interior ahora.

Junto a él también se ha sumado el petauro, un marsupial que es una mezcla de lirón y de canguro procedente de latitudes australianas. O los peces aguja de agua dulce, dos lucios del Ebro y las crías de cocodrilo que se incorporaron hace siete meses a una colección de 5.000 ejemplares de 330 especies distintas.

La estrella de este acuario, no obstante, sigue siendo, desde el punto de vista experto, la arapaima. Con 25 ejemplares, el acuario de Zaragoza puede alardear de tener «el grupo más grande de todo el mundo» de este depredador acuático que alcanza los 3 metros de longitud y 150 kilos de peso. Además, la ciudad se ha convertido en referente en Europa, donde hace labor de coordinación para esta especie y la raya de agua dulce. De lugares tan remotos como Dubai, Estambul o Montpellier piden asesoramiento.

También ha incorporado una especie como el pez fraile, que está ayudando al trabajo que, junto a la DGA, se está realizando con la margaritífera auricularia.

Pero además el acuario fluvial también exporta ejemplares al extranjero. Como un siluro de 150 kilos y 2,6 metros de longitud que fue enviado a finales del 2016 a Estados Unidos. Era la primera vez que esta especie, que es exótica en el río Ebro, cruzaba el charco para pasar a formar parte de la colección Monstruos de río que ha organizado la ciudad de Springfield.

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