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Empate a bostezos

El Huesca saca un aburrido punto esperando a un Barcelona irreconocible y lleno de suplentes

 

Santamaría recoge un balón suelto en el área ante Kevin Prince Boateng y bajo la atenta mirada de Rivera y Melero. - AP / MANU FERNÁNDEZ

SERGIO RUIZ ANTORÁN
14/04/2019

Cansancio, desgana, hastío, apatía, inapetencia, indiferencia, hartura, tedio, disgusto, fastidio, pesadez, sopor. Estos son algunos, sin entrar en otros menos publicables, sinónimos de aburrimiento. Condensados en estas líneas aún se quedan cortos para calificar el partido de bostezos de ayer. Entendible para un Barcelona que ni le iba ni le venía, pensando en la Champions y con mucho de lo mejor en casa, plagado de suplentes, canteranos y con tres centrales.

Más incomprensible fue lo del Huesca, apagado, esperando atrás para cazar algo al final, sin oxígeno y con la sensación, aunque nadie se atreviera a decirlo, que se le escapó vivo un Barcelona que vino como casi todos los que vienen a esta España vaciada: de vacaciones.

A los más salados y con ganas de juerga les entrarían ganas de salir del estadio para ver si seguía en funcionamiento la disco móvil que había desde la previa. No quiero pensar en aquellos que pagaron las entradas de toda la familia para hacerle un regalo al nene que quería ver a Messi. Se encontró con todo lo contrario. A un Barcelona entre el A y el B, presentándose a un partido incómodo, que hubiera pedido borrar del calendario por innecesario.

Con Jeison Murillo, Moussa Wagué, Riqui Puig, Todibo o Prince Boateng. Nombres que dicen poco, algunos dirán, pero que no pueden compararse a brillo o atractivo como lo son los Messi, Luis Suárez, Piqué, Rakitic o Busquets, esos que ni vinieron a la parte norte de Aragón para descansar un poquito para la Champions League.

Para nada acompañó el Huesca a la pretensión de espectáculo. Se unió al baile de asqueo. Cediendo el balón hasta el sonrojo, sin presionar, solo esperando y achicando, concediendo el 75% de la posesión, un regalito que los futuribles del Camp Nou no supieron ni quitarle el envoltorio. Era lo previsto en palabras de Francisco. Llegar vivos al final y cazar una a la contra o en una jugada a balón parado.

Muy poca cosa / Salvo Riqui Puig, que juega contra el Ebro, el Teruel y el Ejea, y que corre como un diablo después de comerse una sartenada de pimientos de Padrón, nadie deslizó más atrevimiento en la primera parte. Un pase suyo a un Dembélé terroríficamente solo dentro del área, propició la mejor oportunidad, no canjeada en gol por la manopla de Santamaría. El sucesivo córner conllevó otro aplauso para el navarro por desviar un cabezazo de Murillo.

En ataque, pues el recurso del patadón, algún intento suicida de regatearse a todo el planeta y la vieja condena del tiro precipitado. Poca cosa. Como un zurdazo mal finalizado de Enric Gallego. Los saques de esquina se celebraban casi como goles y la grada tuvo tiempo para pedir la renovación de Chimy Ávila. Nada más noticiable.

Se animó esto tras el descanso. Poco, no se crean. Quizá porque otra cosa era imposible. Y porque el reloj es un dictador que obliga al trabajo. Se empezó pidiendo un penalti de Ter Stegen en una acción de Enric, que protegió el balón de espaldas tras anticiparse al portero en una cesión de Juanpi. La sacó limpia. Esto cabreó al respetable azulgrana, que se tomó ventaja con dos nuevas ocasiones, una de Dembélé, en otro tiro desviado a córner, y un zurdazo en el que Malcom hizo temblar el palo de Santamaría.

Llegaron los cambios. Jordi Alba y Coutinho, y más tarde Arthur, daban otra facha al Barça mientras en un Alcoraz hasta la bandera, quizá por aburrimiento, se empezaron a entonar cantos regionales. Francisco contraatacó metiendo al Cucho, sacando a Ferreiro y poniendo a los tres mosqueteros sobre la hierba. Pena que se olvidaron la espada en casa. La espada o el balón, bien en posesión catalana para no perder la costumbre.

El recurso volvió a ser el querer hacer la jugada del año y para eso o se tiene mucha clase o mucha suerte. Y el Huesca no anda sobrado de ambas en Primera. Solo una internada del Chimy, a pase largo de Santamaría, atajada en el área por una segada de Wagué, pudo haber validado el planteamiento del Huesca.

El partido se fue acabando, si se puede decir que existió como tal, pensando el Barcelona en el Manchester y el Huesca aceptando un empate como válido cuando no lo es. Valdrá para la hemeroteca, para celebrar un empate ante un histórico en el futuro, pero no le servirá en su presente para eludir el descenso. La próxima semana, el sábado, en Vallecas ante el Rayo Vallecano, un rival directo, no cabrá tanta espera.

   
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