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El 25 aniversario de la Copa del Rey de Las Palmas

Una historia inolvidable

De Davis a Belostenny, de la durísima eliminación en Livorno a la gloria Las Palmas, los protagonistas recuerdan el último título del CBZ "Todavía se me ponen los pelos de punta al pensar en el recibimiento", dice Ruiz Lorente

 

Imagen oficial de la plantilla del CAI Zaragoza 1989-1990. - ARCHIVO JOSÉ LUIS RUBIO

Marr Davis saluda al rey Juan Carlos. - ARCHIVO JOSÉ LUIS RUBIO

R. MACHÍN
08/02/2015

25 años después, los protagonistas lo recuerdan como si fuera ayer. La confección de aquel equipo de cantera y el fichaje de dos extranjeros determinantes, el viaje de Livorno, tras caer en la Copa Korac por 25 puntos, a Las Palmas, los triunfos ante el Valvi y el Madrid, la final contra el Joventut, los 44 puntos de Mark Davis, la celebración posterior y la multitudinaria recepción en Zaragoza. La historia inolvidable del segundo título de Copa del CAI Zaragoza, un éxito que consagró al club y catapultó a todos sus protagonistas.

Por primera vez en 22 años, ni Madrid ni Barcelona disputaban la final, Mark Davis anotó 44 puntos y 31,6 de media, la más alta aún del torneo, y Chuchi Carrera se convirtió en el técnico campeón más joven de la historia, con 24 años, récords que, un cuarto de siglo después, continúan vigentes. "Fue tan bonito...", recuerda Pepe Arcega. "Una experiencia muy especial que me ha acompañado siempre", señala Carrera. "Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo", asegura Joaquín Ruiz Lorente.

La final fue el partido de Mark Davis, protagonista absoluto, "un atleta, una máquina tirando de tres", como le define Álvarez. "Entonces los equipos solían contratar a extranjeros interiores y el CAI apostó por un exterior. Le costó un poco adaptarse pero aquella Copa fua la consagración del Davis tirador que luego fue", señala Pepe Arcega. "Era muy buen tirador y, si veía que estaba acertado, se crecía. El caso más claro fue aquel partido", indica Carrera.

Davis fue el faro del CAI. "Cuando un jugador está tan acertado se le busca más y él también busca más el balón y se atreve a tirar más", apunta Pepe Arcega. "Teníamos unos sistemas de juego de bloqueos directos para Davis o Pepe, para buscar situaciones de tiro o de continuación, pero luego hay días de más y menos acierto y ese día Mark estuvo pletórico", apunta Carrera. "Los bloqueos que le hicieron fueron muy buenos y él estuvo sembrado", dice Álvarez.

El Joventut intentó frenarle por todos los medios, cambió una y otra vez los jugadores que le marcaban. Sin éxito. "El Joventut era favorito, empezó bien, se nos fue un poco en el marcador y nos recuperamos. Y en la segunda parte lo mismo, se van un poco pero un par de rebotes, un par de contras de Davis, que tenía una velocidad de salida impresionante, inalcanzable, y vimos que era el momento", dice Fernando Arcega. Davis fue el final, la final, pero los protagonistas rebobinan para empezar el relato por el principio.

 

El origen

La Copa del Rey de Las Palmas comenzó en Nueva York en verano de 1989. Allí viajaron José Luis Rubio, presidente, y Moncho Monsalve, entrenador, para ver las Ligas de Verano. Primero Nueva York, luego Los Ángeles y Miami con un nombre apuntado en rojo: Mark Davis. "Hizo ese recorrido con Milwaukee, nos gustó y le seguimos a ver si lo podíamos fichar porque no tenía una oferta importante de un equipo americano. Lo convencimos y firmó el contrato que había llevado. Aquello ya fue un acierto", relata José Luis Rubio. Después, presidente y entrenador viajaron a Kiev con otro objetivo: Alexandr Belostenny. "Nos recibió una autoridad política, un director general o casi ministro, porque tenían mucho interés en que el jugador viniera a España, entendían que podía ser un buen embajador para ellos", recuerda el presidente.

Rubio y Monsalve convencieron a ambos. "No había ningún club de Europa que tratara a los extranjeros como lo hacía Rubio. Les daba un apartamento en la mejor zona de la ciudad, coches extraordinarios, tenían traductores, todo lo que pudieran necesitar", indica el entrenador. Y ambos se integraron perfectamente en el equipo. "Andreu era el mejor amigo de Davis, le hacía de traductor", recuerda Carrera. "La adaptación de ambos fue perfecta, eran unas personas extraordinarias", dice Fernando Arcega, que conocía a Belostenny desde sus enfrentamientos con la selección júnior en 1978.

En diciembre, Moncho Monsalve dejó el banquillo. "Tenía muchas ilusiones puestas en la Copa Korac y, después de un mal partido en Cholet, tuvimos una fuerte discusión por cómo habían ido las cosas y dimitió", relata Rubio. "Tenía muchos problemas de espalda, andaba siempre infiltrado, y no pude seguir", recuerda Monsalve. El presidente confió, también para el banquillo, en la cantera. "Me reuní con Chuchi Carrera y José Luis Oliete, segundo y tercer entrenador, en Las Vegas y les pregunté si se atrevían a llevar al equipo. Dijeron que sí".

El equipo tuvo opciones de clasificarse para semifinales de la Korac hasta el último partido en Livorno, donde le valía una derrota por 24 puntos y acabó cayendo por 25 "con un triple sobre la bocina y desde el medio campo", revive Ruiz Lorente. "Eso nos dejó rotos no, rotísimos", recuerda Rubio. El equipo no volvió a Zaragoza. "Fue perfecto, nos quitó presión. Chuchi nos entendió perfectamente y nos dio cierta libertad", opina Pepe Arcega. "Planteamos el torneo para que los jugadores no tuvieran presión", confirma Carrera. En medio de tanto desánimo, una voz para el optimismo. "Estábamos muy chafados y en el viaje Oliete le dijo a Rubio: 'ya verás como ganamos la Copa'", recuerda el técnico.

El CAI llegó afectado por la derrota de Livorno, con Pepe Arcega recién recuperado del tobillo --"me habían operado seis semanas atrás y jugué en Las Palmas sin el alta médica"-- y Fernando afectado por una gastroenteritis y con un ojo morado tras darse un golpe con Cargol en la semifinal que necesitó once puntos de sutura. "Estábamos hechos polvo, pero el equipo renació, se unió, nos salieron las cosas bien y nos trajimos una Copa en la que no éramos favoritos", resume Ruiz Lorente. El primer rival en Las Palmas fue el Valvi de Alfred Julbe, al que el equipo ganó por 85-79 con 32 puntos de Davis. En las semifinales, el Real Madrid y un triunfo por un punto (74-73) que cambió la visión del equipo.

"Una vez que ganamos la semifinal vimos que era posible. Aunque el Joventut era un equipo tremendamente competitivo y estaba mejor que nosotros en la Liga", indica Carrera. "Cuando ganamos al Madrid dijimos, 'esta es la nuestra'", añade Arcega. "Jugamos un gran partido, aquel equipo se sentía ganador, no solo por los 44 puntos de Davis, también por el trabajo de Belostenny, de Fernando, Pepe y Joaquín, los bases, hicieron un partido extraordiario", relata Rubio.

El tirador de Virginia fue el héroe en 1990 como Magee lo había sido en 1983, pero los protagonistas van más allá. "Hay que ir también a lo que no se ve, el trabajo de Andreu y Belostenny fue espectacular, sin sus bloqueos Davis no hubiera podido tirar como tiró. Éramos un equipo muy alto que se hacía fuerte atrás y eso ayuda a los tiradores", explica Pepe Arcega y coincide el capitán, Fernando. "Nuestro juego interior imponía miedo y respeto. Igual que en la final del 83 todo el mundo se acuerda de Magee y Allen estuvo espectacular".

 


Las calles, a rebosar

La Copa de 1990 terminó en la plaza del Pilar, el Ayuntamiento y La Romareda. "El avión llegó tarde y la policía nos estaba esperando ya en Alfajarín para traernos a toda velocidad a Zaragoza. La plaza del Pilar estaba abarrotada, el conductor del autobús lloraba de la emoción y todo", señala el menor de los Arcega. "Fue un recibimiento apoteósico. Mi madre siempre cuenta que no podía acercarse a la basílica y que decía 'que soy su madre'. Una señora le contestó 'sí claro, y yo su abuela'", relata Carrera. "Pasar con el autobús por el centro, bajar al Pilar, ver todas las calles a rebosar... aún se me ponen los pelos de punta", dice Joaquín Ruiz.

Aquel título supuso un salto en la trayectoria del Club Baloncesto Zaragoza. Lo consagró en la élite y elevó el nivel de exigencia. "Supuso más exigencia pero el equipo estaba preparado y la quería, queríamos ser un equipo grande", cuenta Pepe Arcega. "La gente lo entendió como el triunfo de toda la ciudad y se volcó con nosotros", opina Fernando. "Fue una alegría mayúscula, aún somos el cuarto equipo en el palmarés", valora Rubio.

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