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TURBULENCIAS

Canciones de amor y redención

Nick Cave, de quien se edita su obra lírica, publica disco en solitario y colabora con Lens

 

El músico australiano, en una imagen de la grabación del concierto en el londinense Alexandra Palace, histórico - EL PERIÓDICO

Javier Losilla Javier Losilla
16/01/2021

La de Nick Cave es una propuesta artística radical; tanto como la experiencia mística, en la que el placer y la muerte forman parte de un erotismo plural. Hoy, estas Turbulencias (epígrafe que se ajusta como un guante al universo creador del australiano) se acercan en exclusiva al autor de Far From Me por tres motivos: la publicación del su disco Idiot Prayer. Nick Cave Alone At Alexandra Palace (Popstock! / Everlasting); del álbum L.E.T.A.N.I.A. (Deutsche Grammophon / Universal Music), donde colabora con el músico belga Nicholas Lens, y Nick Cave Letras. Obra Lírica Completa 1978-2019 (Libros del Kulrum).

Cave se enfrentó al piano y a su repertorio en Idiot Prayer. Nick Cave Alone At Alexandra Palace mientras Inglaterra emergía con impulso lento del confinamiento (junio de 2020) y viene a ser como una respuesta al encierro y a la soledad de los meses precedentes.

Veintidós canciones conforman la grabación, entre ellas una inédita: Euthanasia. Las más antiguas son Sad Water y Stranger That Kindness, de Your Funeral... My Trial (1986), las más recientes, obviando la nueva, Spinning Song, Waiting For You y Galleon Ship, de Ghosteen (2019). El álbum The Boatman’s Call (1997), una de sus grandes creaciones, aporta el mayor número de piezas (seis), el resto del tracklist está armado con material de álbumes que van de Tender Prey (1988) a Skeleton (2016).

Meditada selección para una apuesta muy diferente de las habituales de Cave. Y con esa premisa hay que escuchar esta obra. Se trata de explorarlo en sus detalles íntimos, en las búsquedas con el piano, en los matices de la voz. Sí puede no penetrar en una primera escucha; pero si uno se acercara a él con oídos abiertos las plegarias de Nick son gozosamente atendidas, como diría Truman Capote. Y en ese soberbio recogimiento de piano y voz se alzan con más vigor las interpretaciones de Jubilee Street, Higgs Boson Blues, The Ship Song y las tres canciones que cierran el disco.

Nicholas Lens y Nick Cave colaboraron en 2014 en la ópera Shell Shock, sobre los horrores de la guerra. Ahora han vuelto a trabajar juntos: Cave ha escrito, a petición de Lens, 12 letanías («no sabía qué era una letanía, pero cuando me enteré me di cuenta de que había estado escribiendo letanías toda mi vida»), ha dicho Cave. Los instrumentistas grabaron sus partes individualmente, y Lens, su hija Clara, Denzil Delaere y Claron McFadden pusieron las voces. Lens dice que es «música de cámara» porque el disco se grabó en una habitación. Desde luego no es una ópera; son composiciones armadas con retazos minimalistas, pop más o menos arty, fragmentos de experimentación... Cantatas, tal vez, para unos textos que hablan del amor, la soledad, la pérdida, el sueño, la vigilia, la esperanza, la renovación personal, la fragilidad de la palabra... Oraciones, plegarias, letanías de claro lenguaje bíblico en unas ocasiones, de pura escritura mística, en otras. Por cierto: Nick Cave anuncia nuevo disco propio: Carnage será su título.

Letras. Prácticamente todas las que ha escrito (hay algunas, extraídas de su blog The Red Hand Files y del poemario The Sick Bag Song, que aún no las ha grabado) están en Obra Lírica Completa 1978–2019: desde el segundo disco de Birthday Party (1981) hasta los extras del álbum Ghosteen (2019), pasando por las canciones de Grinderman (1 y 2) y de la banda sonora de The Proposition (2005). Un prefacio, un prólogo y el texto de una conferencia abren el libro (formato minielepé, 458 páginas). Los dos primeros los firman escritores Andrew O’Hagan y Will Self, respectivamente; el tercero, el propio Cave (La vida secreta de una canción de amor). Miguel Izquierdo, traductor de La muerte de Bunny Munro (Malpaso), la segunda novela de Nick, ha volcado al español los textos del prefacio y de gran parte de las letras (hasta el disco Push The Sky Away); el resto, con algún americanismo sin importancia (manejar en vez de conducir), lo firma Jules Vineyards.

Andrew O’Hagan, en el prefacio da un par de claves interesantes: entronca a Cave con William Blake, y entiende las letras de sus canciones como «consagradas al martirio del amor, el culto a la memoria y a la búsqueda de lo eterno».

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