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Cristina Yáñez : ¿Qué cultura? Y ¿para quién?

 

30/04/2012

Recortar es reducir, suprimir. No aniquilar, porque la expresión cultural y la imaginación son inherentes al ser humano y mientras un hombre o una mujer respiren necesitará de la expresión cultural para comunicarse, evolucionar, sentirse vivo. Pero no así en las comunidades humanas donde la cultura y la vida de nos quienes dedicamos a ello necesitan de alientos y apoyos sociales, institucionales y económicos para proseguir. Si se recorta la cultura y la educación nos condenamos a volver a ser un territorio yermo socialmente. Y de eso, Aragón sabe mucho.

Entonces, qué creo que debemos hacer con la cultura: 1) Una Ley Aragonesa de Mecenazgo en la que se regule la aportación privada de las empresas y los particulares a la cultura y la creación, con un mínimo legal porcentual a los artistas que residen en Aragón para evitar enmascarar operaciones de márketing grandilocuente bajo la apariencia de inversión cultural.

2) Un compromiso parlamentario que fije una aportación mínima económica por ejercicio a la escuela y la cultura, y a la vinculación entre ambas, por encima de los cambios de gobierno.

3) Un Plan Estable para la Creación que asegure el acceso profesional a la exhibición, distribución y creación en condiciones de los profesionales que residimos en Aragón y el intercambio de proyectos y experiencias con nuestros socios europeos y con nuestros iguales de otras comunidades autónomas.

4) Un Plan Cultural que fije un marco básico de trabajo, objetivos y apoyo a las entidades culturales profesionales como se entiende en Europa.

5) La ordenada y estable colaboración permanente entre entidades básicas como la escuela, la universidad y todas las instituciones entre sí, sin hacerse como ahora, la (inútil) competencia.

Y 6) Una voluntad política real y ordenada de contar con la opinión y la decisión de los creadores y las entidades y empresas culturales para construir juntos las líneas y criterios transparentes por las que la política cultural de Aragón (y de España) circule con estabilidad.

La cultura no es menos importante que otros sectores. Pero está mucho menos apoyada, a pesar de que este país se ha acostumbrado a decir (que no pensar) que la cultura y los artistas recibimos subvenciones sin medida. No es cierto. Recibimos las migajas de lo que sobra cuando se subvenciona a la banca, la construcción, la industria armamentística o el fútbol.

Los países cuya cultura viven intensamente, o los que la exportan como marca mundialmente conocida, son los que la protegen como parte de su esencia humana y como nación o territorio: Francia o Alemania en nuestro entorno. Incluso, el gran subvencionador de su música, su teatro y su cine es EEUU, paradigma del librecambio y el mercado, que protege y financia su cultura por encima de casi cualquier otro estado del mundo y que ahora mismo ha comprendido que es la inversión pública lo que ha evitado su caída económica y ha alejado la recesión que los europeos sufrimos. Los datos del propio Ministerio de Cultura reflejan cómo las regiones que ocupan más gente en el sector de la cultura profesional, consiguen mayores niveles de renta per cápita y mejor marca exterior.

La cultura da dinero y empleo. Y podemos ser un pilar para el nuevo modelo de desarrollo que, además, no necesita de grandes infraestructuras ni inversiones previas, sino de un ordenado plan de objetivos y recursos al que ya me he referido. Y claro, una visión institucional y social más abierta y desprejuiciada sobre nuestra gran capacidad, profesionalidad, riesgo y dedicación que se aleje de los tópicos y los equívocos.

Pero la cultura es más que dinero y empleo. Las gentes de la cultura nos constituimos en empresas por prescripción legal. Pero somos entidades sociales imprescindibles en las que hoy trabajamos directa e indirectamente 25.000 personas como mínimo. Y, sobre todo, hace sociedad, país, entidad, ciudadanos libres y evolucionados, resarce del dolor, de las crisis, asegura la convivencia y la paz. Y nos hace felices. Un valor añadido que debería servir como argumento suficiente. No se trata de financiar a los artistas sino de asegurar el acceso universal a la cultura, de reconocer su valor, su vital importancia y los beneficios sociales que genera para todos. Una cultura de valor humano, no de eventos inconexos, sino de esfuerzo y posibilidades constantes.

Si no, solo nos quedará el último hálito inherente al ser humano que necesitará mientras respire de la expresión cultural para comunicarse, evolucionar y sentirse vivo. Pero entonces no estará claro que seamos una sociedad, sino poco más que una suma de individuos.

Revista RedAragon

Revista RedAragon nº22 con la agenda cultural de septiembre de 2018. Descárgala aquí o encuéntrala en más de 200 establecimientos de Zaragoza y Huesca capital.