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conversaciones CON UN PREMIO CERVANTES EN ZARAGoZA

«Hay que mirar al pasado con sentido de justicia y no comenzar de cero»

El escritor Jorge Edwards presentó ayer en el Pablo Serrano su último libro, ‘Prosas infiltradas’

 

Jorge Edwards, ayer, en el Museo Pablo Serrano, donde presentó su libro y se acercó a conocer la obra de Pablo Serrano. - JAIME GALINDO

EVA GARCÍA
07/06/2017

Jorge Edwards escribe una «prosa abierta que no da resultados ni es dogmática, pero sí propone preguntas». Y así es ese Prosas infiltradas (Reino de Cordelia), que el escritor chileno presentó ayer en el Museo Pablo Serrano; y que denomina infiltradas «en mi vida porque esa prosa libre tiene que ver con mi lectura de Montaigne pero también de otros chilenos que no se ajustan a la poesía o a la novela», señaló el autor de Persona non grata.

El libro sirve para mostrar lo que ha supuesto el largo mandato de Fidel Castro en Cuba, pero también es un homenaje al ensayo literario y a grandes nombres de la literatura, como el propio Montaigne, Flaubert –quien decía que «la tontería es querer construir, debemos ser prudentes respecto a la verdad y el pensamiento y quedarnos antes»–, Neruda, Cortázar, Borges y otros personajes que fueron surgiendo de la conversación con Antón Castro, que ejerció de presentador.

Pero el primer gran protagonista fue Fidel Castro, a quien Edwards dedica el primer artículo de su libro. Desde el primer momento, el escritor reconoció que «mis novelas tienen que ver con mi memoria personal» y, citando a Borges, señaló que «si la memoria es completa es también destructiva, por lo que tiene que ser parcial y selectiva». Pero volviendo a Fidel y a esa Cuba después de Castro, Edwards piensa sobre todo en «los cubanos» y cita que hay dos Cubas, la interna y la del exilio» y no se atreve a decir «qué puede pasar» solo que «el camino será largo».

«MUNDOS ENFRENTADOS» / El premio Cervantes del 99 recordó su primer encuentro con Castro, ya que Edwards fue enviado en 1970 a Cuba para abrir la embajada. Allí se dio cuenta de que su mundo, el chileno, y el cubano eran dos «mundos enfrentados» cuando le contó a Fidel que el Senado había rechazado al embajador y el comandante le contestó: «Y por qué no cierran el Senado, chico», dijo con acento y entre risas. Ya más serio reconoció que eso es lo que hizo Pinochet.

Reveló también otras conversaciones con Castro, como la última que tuvieron (Fidel había metido preso a su amigo Berto Padilla) y al despedirse le dijo: «Hay una cosa que me ha sorprendido? ¿Qué cosa comandante –respondió–. Su tranquilidad», le dijo Fidel, pero «¿qué iba a hacer yo si representaba al estado de Chile?». Y es que la mayoría en su país pensaba que lo que se vivía en Cuba era «la panacea» pero él pensó que «si eso se hacía en Chile yo iba a ser uno de los primeros exiliados».

Preguntado por el populismo, señaló que en la actualidad «lo hay de derecha y de izquierda», aunque él hablaría de «civilización y barbarie», porque «no se puede pensar que Maduro represente a la izquierda». También tuvo palabras para el Che, «el mito total» que pensaba que «hay que tocar fondo para volver a la utopía», aunque a Edwards esa teoría «ni me convencía entonces ni hoy». No conoció a Batista pero sí la antigua Cuba y consideró que en su generación, y quizá hoy también, existe «la manía de comenzar de cero siempre. Somos fundacionales, nunca terminamos de comenzar pero tenemos superar esto y mirar al pasado con sentido de justicia».

PASEO LITERARIO / Prosas infiltradas es también un paseo por la literatura. A Edwards se le llegó a considerar, tras ser expulsado de la isla, un escritor de derechas, pero aún así, «nunca dejé de ser amigo de García Márquez». Sí de Cortazar, porque «a mí me gusta ver a mis amigos y él dijo una vez ‘prefiero no verlo’. Recordó que la primera vez que le hablaron de él fue Francisco Ayala y después Borges, aunque el primero, que se lo recomendó de joven, en su encuentro al cumplir el español 100 años, le reconoció: «Yo no sé si ahora te lo recomendaría». Y Proust, y Neruda, a uno de los cuatro al que «le mandé mi primer libro» y del que «terminamos haciéndonos amigos».

Su visita a Zaragoza le sirvió para descubrir la obra de Pablo Serrano, porque Edwards ha sido amigo de muchos escultores chilenos (y su mujer, también artista) que también trabajaban el bronce.

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