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FÁBRICA DE ANGLÓFILOS

Historias del Ave Turuta, o cómo se gestó Sir Tim O'Theo

La renacida editorial Bruguera recopila en un tomo algunas de las mejores historietas del queridísimo detective inglés (con mayordomo) que crearon en los años 70 Raf y Andreu Martín. El guionista revela la influencia del novelista P. G. Wodehouse, que viajaba a Inglaterra a documentarse y su sorpresa al ver que proliferaban en España bares llamados El Ave Turuta

 

Ilustración de Raf para la historieta El secreto del burgomaestre. - RAF

KIKO AMAT
25/01/2019

Gorras planas y patillas de hacha. Lluvia pertinaz, ardillas con títulos nobiliarios. 'Bobbies' y mayordomos. Pintas de cerveza (en jarra de hojalata). Pubs bautizados con emparejamientos imposibles (El Manganeso y La Rabadilla). 'Country houses'. Puré de guisantes; té a las cinco. Trajes de 'tweed' y pipas humeantes. Los Beatles y el Destripador. Bombines y paraguas. Dandis y 'cockneys'. Ian Buruma dijo que toda anglofilia era, como el listado previo, una fantasía. Voltaire, notorio anglófilo, exclamaba en su 'Diario filosófico', de 1756: "¿Por qué el mundo no puede parecerse más a Inglaterra?". Naturalmente, como también afirmó Buruma, la idea que Voltaire tenía del Reino Unido era una caricatura. Una película que se había montado el sabio snob.

Es lo habitual. La Inglaterra con la que, a lo largo de los siglos, ha fantaseado la cofradía de anglómanos acostumbra a ser una versión mejorada (por no decir ilusoria) de la original. Una ficción, de acuerdo, pero perfecta. Casi tan perfecta como lo fue la versión 'oficial' de mi entrada a la anglofilia, a los nueve años: leer 'El viento en los sauces', de Kenneth Grahame: una plácida Arcadia de animales antropomórficos, ingleses hasta la médula, que ganduleaban fluvialmente, deshacían (dulces) entuertos, comían pastel de hígado y mimaban sus hogares (la domesticidad es un venerable atributo inglés). Pero la aparición de 'Lo mejor de Sir Tim O’Theo' ha arrojado el proverbial cubo de agua fría sobre mi delirio de concepción. Pues, ahora lo recuerdo (maldita sea), en realidad empecé a obsesionarme por lo inglés gracias a un cómic español (¡oh, oprobio!).

 

HIJO DE JEEVES

Sir Tim O’Theo fue una serie de historietas que publicó Bruguera durante los setenta y ochenta. Dibujaba el gran y fallecido Joan Rafart, Raf, y la mayoría de guiones eran del escritor catalán Andreu Martín. Su protagonista era el provecto detective aristócrata que le daba título al cómic (nombre completo: "Sir Timoteo Archibaldo O’Theo, de los O’Theo de Belfast"; o sea, que -¡chasco!- en realidad era irlandés). Sir Tim se dedicaba a resolver enigmas por puro vicio, pues vivía del aristocrático cuento. Solía sacarle las castañas del fuego un avispado 'butler' (Patson), en casos que el tarugo policía local (Blops) ni olía. Oh: también tenía de okupa a un fantasma escocés (McLatha) que le torturaba a base de solos de cornamusa.

GUIONISTA

La parodia parece tener un origen, digamos, elemental (Sherlock Holmes y el Dr. Watson), pero Andreu Martín añade un matiz: "Jordi Bayona, de Bruguera, tenía diseñados los personajes y la primera intención. Yo había escrito guiones policiales que le gustaban, así como el 'Campeonio' de Raf. La idea de Bayona era hacer una parodia de Holmes. Pero a mí en realidad me inspiraba el espíritu de aventuras en entregas que leía en revistas como 'Tintin' y 'Spirou', ambas belgas. Quería huir del gag tópico de Bruguera, que era muy repetitivo. Por otro lado estaba la influencia del novelista P. G. Wodehouse. Cuando me pidieron guiones sobre un detective y su mayordomo lo primero que pensé fue en Bertram y Jeeves. La saga Jeeves es de lo mejor del humor literario".

 

ANGLOMANÍA CERTIFICADA

Más allá del humor y las cábalas, los lectores aplaudían la ambientación. El cómic, con sus paisajes brumosos, sus casas de campo (las Chimeneas) y pueblitos británicos ("Bellotha Village, en las cercanías de Londres, Inglaterra"), su cálida amalgama de rasgos emblemáticos (tópicos, pero no por ello menos veraces) del carácter inglés -desde la floricultura a la jerarquización social- transmitía una cierta autenticidad. "Raf aportaba muchas cosas de su cosecha -afirma el guionista-, pero a la vez era fiel a mis guiones, y yo buscaba plasmar el ambiente británico. Raf era un profesional: dibujaba lo que le echaran. No se volvía loco, las fechas de entrega en Bruguera limitaban las opciones de los dibujantes. Pero yo me iba a Londres, lo fotografiaba todo y se lo pasaba. Por ejemplo, el letrero rotativo de Scotland Yard. Eran iniciativas mías para darle autenticidad al cómic".

CARAJILLOS EN EL AVE TURUTA

En realidad, Raf también era anglófilo. Incluso había dibujado, a principios de los sesenta, para revistas británicas como 'Radio Fun' o 'Buster'. Raf y Martín, así, crearon juntos un inolvidable mundo anglorrural, deudor tanto de Guillermo Brown como de la factoría Ealing, que tocó una fibra insospechada en el publico español. De otro modo no se explica la abundancia de bares (reales) llamados como ya sospechan. "La broma de que el pub del pueblo, The Crazy Bird -contesta Martín- se traduzca distinto en cada mención ("El Pájaro Loco", "El Ave Turuta"...) era mi forma de reírme de las malas traducciones de la época, en las que por ejemplo el Club de los Zánganos de P. G. Wodehouse en otro libro se llamaba el Club de los Gandules, y en otro el Club de los Gamberros. Ese tic fue muy querido, y engendró bastantes bares llamados El Ave Turuta por toda España. Yo desconocía este hecho, pensaba que Sir Tim O’Teo era un personaje menor, del todo olvidado, hasta que un día paseando por Segovia me topé con un Ave Turuta. Aluciné, como puedes imaginar. Luego me dijeron que en la calle de Serrano había otro. Y en Barcelona otro. No podía creérmelo".

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