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ENTREVISTA

"Bolsonaro no ve a los indígenas ni siquiera como ciudadanos"

Sydney Possuelo, activista en defensa de los indígenas de la Amazonia, relata los retos del gran pulmón de la Tierra y de sus habitantes

 

Sydney Possuelo, activista en defensa de los derechos de los indígenas del Amazonas, este lunes, en la Casa América, en Barcelona. - MANU MITRU

VÍCTOR VARGAS LLAMAS
22/10/2019

Asomó la cabeza por la Amazonia por primera vez a finales de los años 50, fascinado con las historias que contaban por la tele brasileña los hermanos Villas-Boâs, los grandes expedicionistas de la época. Buscaba convertirse en un intrépido aventurero y acabó fascinado por la cultura de la comunidad indígena, hasta el punto de que ha consagrado su existencia a la defensa de sus derechos tan habitualmente pisoteados. Esta semana visita Casa Amèrica Catalunya para glosar los retos que afrontan el 'pulmón' del planeta y sus sufridos habitantes.

¿Qué queda de la selva que usted conoció en la adolescencia?

Muy poco. Tras mis primeras incursiones en la selva, llegaron las carreteras, y con ellas, el agronegocio; con el agronegocio, las hidroeléctricas Y todo eso hizo cambiar la Amazonía. Está cambiando mucho, si bien la mayor parte de la Amazonía permanece casi intocable, casi. Una gran parte conserva la esencia.

¿En qué consiste su labor con las tribus indígenas?

La Fundación Nacional del Indio se encarga de demarcar las tierras y proteger los derechos y las necesidades de los indígenas. Pero yo me he dedicado más a lo que llamamos indígenas aislados, aquellos que no sabemos muchas veces que existen o tenemos poquísima información sobre ellos. No se sabe cuántos son, la lengua que hablan... Las otras dos categorías reconocidas por la ley brasileña son los indios de contacto intermitente, los que conservan sus tradiciones pero también acuden a la ciudad; y los indios integrados en la sociedad, una categoría que no reconozco porque a mi parecer no hay integración: la sociedad los aparta y los margina.

Bolsonaro da luz verde a la tala ilegal mientras se suceden incendios de origen más que sospechoso. ¿Su llegada al poder es la peor noticia para la Amazonia?

Históricamente, ningún gobierno en Brasil ha sido favorable a los indígenas. Tampoco en toda Sudamérica y el mundo. Peor mientras que los demás gobernantes tuvieron desencuentros con indígenas tras ejercer el poder, Bolsonaro, antes de llegar siquiera al poder ya dijo que no iba a demarcar tierras indígenas, que quedarían abiertas para el agronegocio. Su política es premeditada y extremadamente peligrosa para los indígenas, especialmente los aislados, los más vulnerables porque para sobrevivir dependen del entorno, del medio ambiente.

Para Bolsonaro no es que los indígenas sean ciudadanos de segunda, es que ni siquiera llegan a ser ciudadanos. Y eso que la Constitución de Brasil deja muy claro que los indígenas tienen todos los derechos de los blancos y otros más para preservar su lengua, tradiciones, cultura

Más de 1.500 activistas ambientales han sido asesinados los últimos 15 años. ¿Tantos intereses hay en juego?

Absolutamente. Varios de nuestros trabajadores en la selva fueron atacados por grupos armados y uno de ellos murió. Grupos desconocidos, que se sienten amparados por las políticas de Bolsonaro. En Brasil, la mayoría de la sociedad menosprecia a la cultura indígena, considerándolos un lastre para la civilización y el progreso. Ahora mucho más, con Bolsonaro en el poder. Además, casi el 13% de todo el territorio de Brasil son destinados a tierras indígenas, que cumplen también una función importantísima medioambiental y de preservación de la Amazonia. Algo que nos beneficia a todos, pero que va contra los intereses del agronegocio. El hombre no es un animal irracional, y tal vez esa sea nuestra gran desgracia.

¿Es difícil ganarse la confianza de la comunidad indígena?

Todos los grupos humanos representan una visión, una forma de estar diferenciada. Los indígenas son hombres con sus necesidades. Cuando pasas gran parte de tu vida junto a ellos, hay un proceso de amistad y confianza como ocurre con cualquier otra persona. Pero no es muy difícil conectar porque aunque haya distinción y diferencias de lengua, hábitos, alimentación y muchos más aspectos, la condición humana nos aproxima definitivamente. Ellos, además, tienen menos prejuicios que el hombre blanco, con toda certeza.

¿Usted ha recibido presiones, amenazas e intentos de soborno?

He rechazado varias tentativas de soborno. Soy funcionario público del gobierno y vivo de ese salario. Esta es mi vida. Mi vida con los indígenas fue suficientemente buena para tener mi corazón tranquilo y lleno de vivencias extraordinarias. Y sí he recibido muchas amenazas. De terratenientes y de organizaciones religiosas, que no son precisamente santos. Al final todos se unen, políticos, religiosos y otras personas buscando presionar.

¿Qué lecciones podría dar la comunidad indígena anclada en el pasado al imparable mundo desarrollado?

La mayor lección que nos dan es que podríamos ser más simples. Nuestra sofisticación nos hace creer que somos los mejores por encima de todo y de todos. Ves un indígena, desnudo, con su artesanía, con sus flechas y cerbatanas para alimentar a sus hijos... Sus principios son primarios, de supervivencia. Pero viven felices. Yo no propongo que todos nosotros vayamos desnudos con arcos y flechas, pero tenemos que equilibrar un poco nuestro desarrollo sin medida. Nunca he encontrado un pueblo que sonría más que los indígenas. Si la felicidad pudiera medirse por la capacidad de sonreír, diría que son el pueblo más feliz del mundo. Nos hacen notar que la vida siempre puede ser más sencilla, sin necesidad de tanto dinero, tanto consumo y tantas otras cosas que no traen nada más que un infierno personal.

¿En qué le ha cambiado la vida la selva?

Soy un privilegiado por haber conocido a los indígenas, por vivir más de 45 años en la selva con ellos. La posibilidad de ver otras culturas, otras formas de tomarse la vida. Un indígena mira un animal muchas veces y piensa: puede ser mi abuelo retornado en forma de animal. Nosotros pensamos de otra forma. Pero todas las expresiones humanas son buenas en la medida en que enriquecen a las personas. Es posible estar errado. Esta condición de incertidumbre debe conducirnos a escuchar más al otro. Hablemos más. Quizás podamos encontrar caminos que, no digo ya unificar, sino que al menos eviten la confrontación.

Conoció el Amazonas hace 60 años. ¿Cómo cree que será dentro de otros 60 años?

Yo no tengo un Dios, pero creo que en la condición humana es natural al nacer ser honestos y correctos. Esto debería ser nuestra vida, no por dioses o cosas extraordinarias, sino porque este es el auténtico destino de la humanidad. Hay un progreso con el paso de los siglos, como más protección de Derechos Humanos, muchas veces con sangre y mucha lucha. Creo que vamos a encontrar caminos que nos lleven a comprender nuestra finitud, que no somos dioses, que debemos ser más solidarios y honestos entre nosotros, con el Amazonas y con todo nuestro entorno.