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Trump ofrece una declaración jurada al fiscal de la trama rusa

La investigación entra en una fase crítica tras los interrogatorios al fiscal general y al jefe de la CIA. El presidente de EEUU dice que desea testificar ante Robert Mueller tan pronto como sea posible

 

Trump, a su llegada al foro económico de Davos, ayer. - afp / fabrice coffrini

RICARDO MIR DE FRANCIA
26/01/2018

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha ofrecido a declarar bajo juramento ante el fiscal especial que investiga las acciones de Rusia para interferir en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses. Tras comparecer por sorpresa en una reunión de sus ayudantes con periodistas en la Casa Blanca, Trump dijo estar «impaciente» por testificar ante el fiscal Robert Mueller. «Estoy dispuesto a hacerlo bajo juramento. Me encantaría hacerlo tan pronto como sea posible», afirmó el líder estadounidense. La investigación ha entrado en una fase crítica, después de que el equipo de Mueller haya entrevistado ya a varios miembros del círculo más cercano al presidente, incluidos el jefe de la CIA y el fiscal general del Estado.

Trump ha reiterado hasta la saciedad que no hubo colusión entre su campaña y Rusia, a pesar de los múltiples contactos que diversas figuras de ambos bandos mantuvieron en los meses previos a los comicios. También ha dicho que la llamada trama rusa no es más que «una farsa», una «caza de brujas» orquestada por sus rivales demócratas. Pero lo cierto es que pasan los meses y las sospechas no se disipan. Más bien al contrario. Mueller ha presentado cargos contra cuatro ex asesores de Trump, que según diversas fuentes estarían cooperando con sus fiscales, y NBC News informó ayer de que ha entrevistado también a los altos cargos de la inteligencia, incluido el jefe de la CIA, Mike Pompeo.

Sessions, testigo clave / A esos testimonios hay que unir los del fiscal general, Jeff Sessions, quien fue interrogado la semana pasada. El exsenador por Alabama fue uno de los primeros políticos en unirse a la campaña de Trump cuando nadie daba un céntimo por el neoyorkino. Hasta ahora le ha demostrado una lealtad a prueba de bombas, pero es uno de los testigos clave en las pesquisas por su proximidad al presidente y su rol en varios de los episodios que se investigan, como el despido en mayo del que fuera jefe del FBI, James Comey.

De acuerdo con la prensa estadounidenses, Mueller está muy interesado en preguntarle a Trump por los motivos que le llevaron a cargarse a Comey, quien, por entonces, lideraba las investigaciones de la trama rusa desde su puesto al frente del FBI. El presidente dijo inicialmente que la decisión se tomó a instancias de las recomendaciones del Departamento de Justicia, pero más tarde reconoció en una conversación con diplomáticos rusos que se quitó un peso de encima al deshacerse de Comey. Esa línea de investigación apunta a que Mueller estaría sopesando si Trump pudo haber cometido un delito de obstrucción a la justicia al cesar al hombre que le estaba investigando al frente del FBI.

El presidente dijo el miércoles que su testimonio podría producirse «en las próximas dos o tres semanas» y volvió a reiterar su inocencia. «No hubo colusión ni nada que se le parezca. Tampoco obstrucción y estoy impaciente (por declarar)», aseguró en la Casa Blanca. Desde su entorno ha empezado a prepararse una estrategia de defensa en caso de que Mueller le acabe acusando de obstrucción, el mismo delito que puso en marcha el impeachment de Richard Nixon en los años 70.

Según informa el portal de información política Axios, una de las opciones barajadas pasaría por destituir al fiscal Mueller para hundir la investigación. «Siguiendo con el manual de Clinton-Starr, mata al investigador especial y ofusca los cargos. Es el Gobierno contra el presidente del pueblo. Es una narrativa fácil», publica Axios citando a un asesor anónimo de Trump.

Bill Clinton nunca llegó a despedir al fiscal Kenneth Starr, el hombre que tras ser designado para investigar el escándalo Whitewater (relacionado con las inversiones inmobiliarias de los Clinton) acabó descubriendo su relación amorosa con la becaria Monica Lewinsky, pero sí atacó la reputación de los fiscales y definió la investigación como una «caza de brujas», la misma expresión utilizada ahora por Trump. La estrategia del presidente demócrata no funcionó. Al final tuvo que enfrentarse a un impeachment del que acabó saliendo formalmente airoso.