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El 'Juego de tronos' romano de Santiago Posteguillo

El escritor culmina con 'Y Julia retó a los dioses' la bilogía dedicada a la inteligente y bella esposa del emperador Septimio Severo

 

Santiago Posteguillo, ante vestigios del Muro de Adriano, en Inglaterra. - CARLOS RUIZ

ANNA ABELLA
03/03/2020

Sumergirse en las 800 páginas de Y Julia retó a los dioses es hacerlo en 'Juego de Tronos', pero ambientado en el imperio romano: emperadores nacidos fruto de una violación, traiciones, ambición de poder, terribles batallas, un emperador asesinado mientras orina, incestos (no entre hermanos sino, para más morbo, entre la emperatriz más poderosa de Roma, Julia Domna, y su violento y brutal primogénito, Caracalla), boda de sangre, sí, también, y un imponente Muro. No es el que separa los Siete Reinos de las heladas tierras donde acechan los salvajes, pero sí el que se lo inspiró a George R. R. Martin: el Muro de Adriano, ordenado construir entre los años 122 y 132 por el emperador que lleva su nombre para defender la brumosa Britania de los irreductibles y belicosos pictos que dominaban la actual Escocia y como aviso para navegantes, bárbaros, de que Roma era capaz de llegar hasta ahí.

Y es entre los impresionantes tramos que aún se conservan de esta muralla, que iba de costa a costa a lo largo de 117,5 kilómetros, donde Santiago Posteguillo ha presentado a su nueva criatura: la continuación, y desenlace, de Yo Julia, con la que ganó el Planeta 2018.

En Y Julia retó a los dioses, Posteguillo (Valencia, 1967) retoma la vida de la inteligente y bella esposa del emperador Septimio Severo, narrada por el griego Galeno, padre de la medicina, quien le diagnosticó un cáncer de pecho que la llevaría a la tumba entre fuertes dolores, no sin antes lograr preservar la dinastía. No lo tuvo fácil, pues a la muerte de su marido en Britania, cerca del Muro de Adriano, el odio fratricida dominó a sus hijos, el soberbio Caracalla y el ambicioso Geta, que acabó asesinado por su hermano. El marido de Julia creía en ella y tenía en consideración sus consejos, que eran inteligentes e interesantes. Y a ella, que su pareja sea el dueño del mundo, le da un poder muy importante que no disminuye cuando Severo muere en Britania porque es madre de dos coemperadores aún jóvenes sobre los que tiene gran ascendencia, con lo que sigue ejerciendo su influencia, cuenta Posteguilo.

Tal era su influjo sobre Caracalla que llegó al incesto. Creo que Julia se vio abocada a ello ante un momento de crisis, con un hijo descontrolado que había ordenado acciones brutales pero sin sentido. Porque no puedes estar preparando una campaña para invadir Partia y a la vez masacrar a tus aliados de Egipto que son los que deben proporcionarte hombres y recursos. Ella creía que hay que ser mesurado y proporcional con los castigos, no puedes masacrar Alejandría. Y tomó la única decisión con la que creía que podría controlar a su hijo.

Además de un momento Ben-Hur, con una mortal carrera de cuádrigas, en Y Julia retó a los dioses (que Planeta lanza con una tirada de 150.000 ejemplares) hay muchos lazos con la actualidad, asume. La xenofobia: A Julia la menosprecian porque no nació en Roma sino en Siria en la actual Homs. Los muros, del de Adriano al de Trump o Israel: La historia ha demostrado que los muros nunca solucionan los problemas de fondo, y son derribados con el tiempo por los movimientos demográficos. Ella no creía en ellos sino en alianzas y diálogo con otras culturas. La ciencia: La política le impide avanzar, por superstición; a Galeno le prohíben las disecciones de humanos, pero frena la viruela, que Roma ya usó como arma biológica contra sus enemigos. Y la eutanasia: Julia decide poner fin a su vida antes que seguir sufriendo terribles dolores.

La novela histórica nos permite reflexionar sobre el pasado y ver que la naturaleza humana no ha cambiado, y eso nos puede ayudar a mejorar el presente, opina Posteguillo, para añadir que Roma hizo un 'brexit' al revés, abandonando Britania al ver que sacaba menos de ella de lo que le costaba mantenerse allí.

Julia tuvo muchísimo poder e influencia pero la historia, que hasta ahora solo han escrito los hombres, siempre ha ninguneado el papel de las mujeres en general y de las que destacaron en particular -explica Posteguillo-. Han hablado mucho de Cleopatra pero porque fue una mujer que influyó mucho en dos hombres, Marco Antonio y César, pero acabó derrotada por otro. En cambio, Julia, aunque al final estuvo limitada por la enfermedad, influyó en su marido y en sus hijos, y pese a un usurpador logra vencer a los hombres. Por eso sí se la oculta. Por suerte, hay historiadoras que nos están ayudando a reenfocar la historia para saber qué hicieron ellas. Él mismo, recalca, rescató la figura de la augusta Julia al leer la biografía de Barbara Levick.

Julia, al ser una mujer en un mundo de hombres, de facto no tenía el mismo poder que el emperador, pero es ella quien decide la política imperial y le filtra toda la información. Viajaba con él, estaba cerca en las batallas, y los legionarios lo sabían. Y ella sabía que a estos había que pagarles puntualmente y tenerlos contentos porque su dinastía siempre se apoyó en el ejército porque no tenía el favor del Senado, cuenta el autor que se convirtió en superventas con sus trilogías sobre Escipión, el general romano que derrotó a Aníbal, y sobre Trajano.

¿Quién habría sido Julia en el siglo XXI? Una mujer dedicada a la política, que no habría renunciado a su feminidad. Nos vendrían muy bien hoy dos o tres Julias. Hay demasiado político cortoplacista. Como decía Churchill, hay que distinguir entre políticos, que solo piensan en las siguientes elecciones, y estadistas, que piensan en la siguientes generaciones. Julia era una estadista.

Estando en el poder, continúa, descubre que mantenerse es mucho más difícil y está dispuesta a transgredir convenciones morales para mantener su dinastía. El fin justifica los medios. Vemos sus luces y sombras. De Julio César nadie se plantea si fue buen padre porque consiguió sus objetivos.

Conoció Posteguillo a R. R. Martin en una feria en México, revela. Le dije, yo hago lo tuyo pero con romanos. En su fantasía, y en Tolkien, la lucha por el poder es constante. Igual que en esta novela, constata. Él también ha recurrido a una fantasía, pero congruente con el mundo grecolatino: su mitología. Así la novela empieza y termina con un cónclave de dioses, con Júpiter a la cabeza, y mirándose de reojo. Recurrí a los dioses porque así, cuando Julia deja el reino de los vivos yo podía seguir 100 páginas más contando desde el Hades lo que pasa en el mundo de los vivos sin ella. Así compenso al lector de su final dramático con algo de justicia poética.

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