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Una de marcianos

 

Chus Fernández Chus Fernández
08/02/2019

Era el clásico programa de radio nocturno sobre avistamientos de naves extraterrestres; uno de esos en los que se invita a los oyentes a participar vía telefónica. (Recomiendo a quien interese el tema Pasaporte a Magonia de Jacques Vallée) Se hablaba de todo un poco, y sobre todo de la posibilidad de encontrar planetas habitados por seres inteligentes. El programa discurría según el guion previsto hasta que un oyente preguntó  “¿Hay vida inteligente en la Tierra?¨ 

Puede sonar a chiste, pero reflexionando sobre este órdago, (en el supuesto de que la respuesta sea afirmativa, si no, lo de reflexionar es pura entelequia ) busqué algún hecho que  mostrara cierta dosis de inteligencia. 

Antes de exponer un par de decisiones humanas que me parecen estar pensadas con algo de lógica, me permito recordar a Bias de Priene que dejó para la posteridad la frase “La mayoría de los hombres es mala” (Historia de la Filosofia Griega de Luciano Di Crescenzo. En dos volúmenes sabiamente divertidos). Di Crescenzo nos dice que cualquiera de las dos lecturas posibles nos lleva a conclusiones, cuanto menos,  pesimistas. Si Bias quiso decir que la mayor parte de cada hombre es mala, poco nos podemos fiar de los demás. Si interpretamos la frase como que la mayoría de los habitantes del planeta (Tierra) son malos, me pregunto ¿tiene sentido una democracia en la que la mayoría de los votos son emitidos por malvados? 

Dejo ahí la cuestión y vuelvo a los dos hechos que considero que sirven de ejemplo para el tema de la vida inteligente en nuestro planeta. 

Luisiana después de ser colonia española (de extensión notablemente mayor que el estado que hoy conocemos con ese nombre) pasó a manos francesas, y posteriormente se hicieron con su poder los ingleses. Estos últimos se encontraron con los billetes de 10 dólares estampados por los franceses, en buen uso, y decidieron mantenerlos. En dichos billetes se podía leer Dix (diez en francés), a pesar de que el idioma oficial pasó a ser el inglés. Considero esta resolución de los mandos ingleses  “inteligencia del ahorro”. 

Como consecuencia, la música que se hacía en esa zona, un incipiente pero rico jazz callejero, acabó llamándose Dixieland, la música de la tierra del dix. 

El otro ejemplo de inteligencia es más político todavía. Creo que fue en Noruega, pero podría haber sido en cualquier país de la Europa más septentrional, donde un gobierno de izquierdas puso en marcha sistemas de educación y sanidad que funcionaron realmente bien. En unas elecciones posteriores se hizo con el gobierno la derecha y permitió que continuasen los programas tanto de educación como de sanidad, sin ningún cambio. 

No voy a sacar conclusiones, pero me encantaría que en mi país hubiera más cabeza a la hora de elegir a nuestros representantes políticos, y que éstos aprendieran de una vez a ahorrar cuando se encuentran con que los anteriores han tomado decisiones beneficiosas para los ciudadanos; todo esto suponiendo que el filósofo Bias de Priene se equivocase respecto a la maldad del ser humano, y suponiendo, también, que nuestros políticos hubieran pensado en nosotros al tomar dichas decisiones. 

Cuando veo debates políticos (cada vez menos televisión en general y política en particular) resuena en mis oídos la pregunta del oyente con que empieza este relato.  

También me viene a la mente el texto que encontré en la Historia de la Filosofia Griega de este napolitano polifacético. 

En muchas ocasiones siento que el discurso del charlatán de la plaza del Carbón de Zaragoza me parecía más fiable que las palabras de la mayor parte de aquellos que (no) nos representan. 

A pesar de tener más de cuarenta años el tema de Ruben Blades Pablo Pueblo me resulta, y creo que a muchos de vosotros, absolutamente actual. 

Y en breve, a votar.