+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

ZARAGOZEANDO

Sellos y gafas de ver de cerca

 

Los miembros de la asociación filatélica Gregorio Sierra. - JAIME GALINDO

Los miembros de la asociación filatélica Gregorio Sierra. - JAIME GALINDO

David Chic David Chic
06/01/2019

La cara visible de la filatelia zaragozana está en la plaza de San Francisco. Los domingos por la mañana los tenderetes se llenan de sellos, monedas y otros coleccionables. Algunos a precio de oro. Sin embargo, la afición profunda y dedicada requiere del sosiego, las lupas y las gafas de ver de cerca. Dos veces por semana, los jueves y los domingos, durante un par de horas los chiflatélicos, como se llaman a sí mismos, se convocan en el centro cívico Universidad con sus carpetas, archivadores y cajas a intercambiar sus preciadas estampillas.

La tarde está animada. El número que jugaba la Asociación Filatélica Gregorio Sierra, impulsores de la reunión, logró una aproximación en el pasado sorteo de la lotería de Navidad. Varias familias se acercan por el local del primer piso del centro cívico que comparten con otras agrupaciones para cobrar lo correspondiente. «¿Aquí es lo de los sellos?», le preguntan al presidente, José Antonio Arruego.

Una veintena de filatelistas despliegan catálogos y adquisiciones. Uno de ellos ha traído unos sobres naranjas de los que no conoce su origen. Como asociación cultural están prohibidos los intercambios comerciales. Todo se hace por afición. Por gusto al detalle. «La naturaleza humana es coleccionista, todos acumulamos algo, aunque a veces se haga sin saberlo», afirman. Y posiblemente no les falta razón.

La media de edad es elevada. Pocos están por debajo de la jubilación y solo uno de los miembros ronda la veintena. Cosas de una afición que todos ellos comenzaron a gestar entre los años cincuenta y sesenta. Entonces las cartas eran algo cotidiano. No como ahora, cuando los chavales en edad escolar no saben ni dónde escribir un remite, según se quejan con resignación.

POCAS MUJERES

Begoña Polo es la única mujer en la sala. Su colección está basada en el arte románico y apuesta por la maximofilia. Una modalidad que, como su propio nombre indica no está al alcance de cualquiera, pues los requisitos a cumplir harían desistir al coleccionista más paciente. Su objetivo es acumular todos los sellos españoles con la modalidad elegida, pero además los tiene que acompañar con una postal que reproduzca el mismo monumento que se muestra en la imagen y tienen que estar matasellados en la localidad que los acoge. Para valientes. El más difícil todavía.

Las reuniones transcurren tranquilas, aunque con el ajetreo de la novedad. La asociación cuenta con unos 120 socios que se dejan caer por el centro cívico de cuando en cuando para compartir sus descubrimientos y ceder las piezas que ya no les interesan. «Mira, esta tarjeta que tiene una barrica de cerveza seguramente interesará a uno de los socios que siempre busca asuntos relacionados con el vino», indica el presidente.

Las temáticas son casi infinitas. Caballos, ferrocarriles o ríos. Muchas tienen que ver con la biografía personal de cada cual. Antonio Callaved se interesa por las reproducciones de obras de arte como complemento a su afición por la pintura. Miguel Andrés acumula estampas relacionadas con su pasión por los coches. Antes de la jubilación fue chapista y trabajó como operario en la Opel. Lo que interesa no es encontrar la pieza más cara, sino la que da sentido a un conjunto. «Es más fácil encontrar un sello caro que otro barato, pues las cosas que no tienen gran valor no aparecen en subastas o referencias especializadas», dicen.

La asociación cultural también trabaja en exposiciones y se encarga de realizar materiales para los socios, como una valiosa colección de postales relacionadas con los grabados de Goya mataselladas en Fuendetodos. «La filatelia también tiene que ver con el transporte de la correspondencia», señalan. Esto provoca que algunas colecciones sean tan concretas como la de sobres que han viajado en los primeros vuelos comerciales de cada línea regular. Así es el coleccionismo que el propio Arruego se lleva entre manos.

Los filatelistas saben que lo suyo es mucho más que lo que se pueda apreciar a simple vista. En una colección de sellos se refleja la vida social y política de un país o los anhelos de una comunidad. Un ejemplo de esta evolución es el hecho de que Picasso no tuvo un sello hasta entrados los años setenta. «Zaragoza siempre ha sido una referencia en la filatelia, pues aquí se iniciaron muchos pioneros», destacan. La propia asociación se fundó en el año 1932 y han recibido un reconocimiento del Ministerio de Fomento a su labor de difusión. Lástima que ahora los niños solo escriban la carta a los Reyes Magos. Y muchos, ni eso.