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UNA APUESTA DE ALTO RIESGO

Ángel y Susana, los padres del campeón que las pasaron canutas

La familia de Jorge Martín, flamante nuevo 'rey' de la categoría de Moto3, reconoce haber pasado muchas estrecheces y necesidades para ayudar a su hijo. Cuando Jorge empezaba a despuntar, Ángel y Susana se quedaron sin trabajo y tuvieron que pedir prestado a familiares y amigos para costear las carreras.

 

Ángel Martín y Susana Almoguera se abrazan a su hijo Jorge y lloran de felicidad en el corralito de Sepang. - ALEJANDRO CERESUELA

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
05/11/2018

Hace unos días lo explicó muy clarito Marc Márquez, heptacampeón del mundo de motociclismo. “No hace mucho, leí la biografía de Andrea Agassi porque cuenta cosas que yo mismo he presenciado en vivo, cuando los padres tienen más ganas de que corra su hijo que el niño. Y muchas veces he pensado en el enfado del padre cuando su hijo no ha ganado. ‘Pero, bueno, no te enfades con el niño, que tiene solo 8 años’. En esos instantes, siempre he creído que si el niño no lo hizo bien es porque, para él y no para su padre, la moto es un juguete más. Y es que muchos padres ya ven eso como un trabajo. Y si tú le das una moto a tu hijo, tu hijo jugará con ella, no competirá”.

Jorge Martin era, desde niño, por la pasión que su padre Ángel tiene con todo lo que hace referencia a las motos, no tanto a las carreras, que también, uno de esos peques que, enseguida, se entusiasmo por lo que le hacía ilusión a su padre. “Yo recuerdo”, explica Susana Almoguera, la esposa de Ángel, “que, cuando lo conocí y fui a su casa, tenía las habitaciones llenas de revistas de motos. Y recuerdo que cuando Jorge empezó a correr, bueno, a jugar, con las minimotos, le preguntaba continuamente ‘pero, Ángel, ¿este niño es bueno?’, yo se lo preguntaba por si debíamos seguir sacrificándonos y Ángel siempre me decía ‘Susana, es bueno, es muy bueno’. Y, sí, seguimos”.

Ellos, Ángel y Susana, iban a los circuitos españoles persiguiendo a Àlex Crivillé y a Jorge Martínez ‘Aspar’, que, curiosamente, sería decisivo en la carrera de sus hijos. Y llevaban siempre una bandera española con el tiro de Osborne en el centro. La guardaron pero, ya en Aragón, le dijeron a su hijo si la quería lucir. “Y la trajimos a Malasia”. “Esa bandera es de los tiempos de los macarrones con tomate y neverita azul, la típica, con la que íbamos a todos los circuitos, kartings o parkings donde corríamos. Eran los tiempos en los que toda la familia se sacrificaba por mí”, recuerda Jorge Martín.

“Yo le he dado muchas vueltas a lo que hemos hecho y siempre, siempre, he pensado que lo hemos hecho porque estábamos convencidos de que Jorge se lo merecía todo y que, como decía Ángel, valía mucho”, sigue relantando Susana. “Es evidente que si tu hijo no tiene talento, no vale la pena intentarlo. Es evidente que si hubiésemos tenido dinero, todo hubiera sido más fácil. Y, sí, al final el factor suerte cuenta mucho y deben alinearse todos los planetas para que, al final, tengas un campeón en casa”.

Y es ahí cuando Jorge Martín relata que hubo momentos de gran desesperación en casa. “Somos una familia modesta y cuando, de repente, te piden 200.000 euros para poder correr, ves que te vas a tener que ir a casa sin poder cumplir tu sueño, que no es ser campeón sino poder competir, correr en moto”, insiste el nuevo campeón de Moto3. “Ese momento fue cuando yo debía ganar la Red Bull Cup y, como dice mi padre, la gané porque yo, bajo presión, es cuando mejor rindo”.

Jorge explica que su madre, Susana, no pensaba venir a Malasia “pero le llamé el martes y le dije ‘venga, mamá, animate, ven que si gano, después de todo lo que hemos pasado, quiero que estemos todos juntos’. Y vino, eso sí, dejando al ‘peque’, a mi hermano Javier, de 10 años, en Valencia, con el resto de la familia. El sábado, tras conseguir la 11ª ‘pole positions’ de la temporada, llamé a Javier y le dije ‘el reloj es tuyo, chaval’. Y se llevó un alegrón, ¡menudo pájaro!”

Ángel, que, en principio, se negó a ponerse en la primera fila de la sala de prensa de Sepang (Malasia), mientras su hijo concedía sus primeras declaraciones, y que, al final, no tuvo más remedio que sentarse al lado de Susana y Albert Varela, manager de Jorge Lorenzo y Jorge Martin, decía que “yo ya he estado en la curva 2, con mi bandera, y llorando con él, que es lo que siempre he soñado en mi vida”. Ángel se sentía muy orgulloso de que Jorge “haya sido fiel a su estilo de vida, a su pilotaje, a su mentalidad ganadora y, desde que empezó el campeonato, haya pensado que esto se gana ganando y no sumando”.

Martín reconoció que lo más emocionante de la jornada “ha sido ver a mi familia opinar sobre mi carrera en esos videos que salían por la tele, eso me hacía llorar a lágrima vida”. Ni que decir que, junto a la ayuda de su familia, Martín considera que el excampeón italiano Fausto Gresini, propietario del equipo Del Conca Gresini Moto3, ha sido “vital” para poder alcanzar la gloria, de la misma manera que su técnico, Massimo Capanna, que ha tenido que ver como pasaban 32 años (1986) hasta volver a ser campeón del mundo, pues su último título se lo proporcionó otro fenómeno y mito, el venezolano Carlos Lavado. “Ahora solo espero que Gabri Rodrigo me ayude a repetir esta sensación tan bestia que he vivido con Jorge”, sentenció el técnico campeón.

Susana, a escondidas de Ángel, no tuvo recato en reconocer, en un rincón de la sala de prensa de Sepang, que “cuando Jorge corría la Red Bull Cup nos quedamos, de golpe, sin trabajo Ángel y yo, y no tuvimos más remedio que pedir ayuda a familiares y amigos para salir adelante. Hemos sufrido tanto, lo hemos pasado tan mal, que no acabas de creértelo. Esta victoria ha sido como cuando te toca la lotería y no te lo puedes creer. Pue eso, peleas durante toda tu vida, te sacrificas al máximo y, cuando tu hijo sale campeón, te tienen que pellizcar para creértelo".

TODO EMPEZÓ JUNTO AL JARAMA


Hay que recordar que Jorge Martín nació y creció en un circuito, pues vivió su infancia en una urbanización, Club de Campo, situada en la mismísima curva 1 del trazado del Jarama. "Desde mi casa se oía el ruido de la pista", le explicaba hace unos meses al diario 'Marca'. "Me acuerdo de los sábados, cuando yo todavía ni corría se oía lo que para mí era música celestial, el ruido de las motos. Iba con mi padre a ver las tandas. Tengo una foto en el muro del Jarama con un año con mi padre súper bonita".

Como muchos pilotos, como muchos proyectos de campeones, como muchos niños, la afición por las carreras y hasta por correr, le vino, claro, de Ángel, su padre, un piloto aficionado: "Papá corrió a nivel amateur, en el RACE, llegó a participar en alguna carrera del Campeonato de España, pero era su hobbie y su pasión. Yo lo heredé". De Ángel cogió hasta su dorsal, el 88. "Lo llevo porque mi padre corría el RACE en el Jarama y, en su segunda o tercera carrera, le tocó el 88. Le gustó y ya lo dejó y cuando yo empecé lo heredé", explica.