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RESACA DEL GP DE AUSTRALIA

Arenas: 'Antes de ganar, estuve a punto de caerme cinco veces'

El piloto de Girona, de 21 años, se llevó la victoria en la tercera carrera más apretada, loca y peligrosa de la historia del Mundial de motociclismo Liderados por el catalán Arenas, los cinco primeros del gran premio de Phillip Island (Australia) de Moto3 entraron metidos en 99 milésimas de segundo

 

Albert Arenas, en la sala de prensa de Phillip Island (Australia) tras conseguir la victoria en Moto3. - EMILIO PÉREZ DE ROZAS

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
30/10/2018

Albert Arenas (Girona, 11 de diciembre de 1996) había logrado su primera victoria en el Mundial de Moto3 (Francia-2018) antes que conquistar una ‘pole’, un podio o una vuelta rápida. Y la había conseguido porque descalificaron al italiano Fabio Di Giannantonio (Honda) por saltarse la chicane del circuito de Le Mans, seis vueltas antes de ganar el gran premio. Arenas fue feliz, muy feliz, provocó la euforia del equipo Ángel Nieto 12+1, propiedad del tetracampeón del mundo Jorge Martínez ‘Aspar’. Pero tenía cierto ruido en la barriga. Había triunfado, sí, estaba en los libros, también, pero no había ganado. O no, al menos, como él quisiera, como quieren triunfar los piloto que se juegan la vida.

Así que, desde aquella fecha, ha perseguido la victoria que se merecía y, sobre todo, la que le convirtiese en un auténtico vencedor. Y la consiguió, ¡vaya que sí!, en la que, hasta ahora, ha sido la tercera carrera más apretada de la historia y, por supuesto, loca, intrépida, suicida, peligrosísima, ya que los cinco primeros cruzaron la línea de meta metidos en un puño, en 99 milésimas de segundos. Es decir, los cinco estuvieron separados solo por centímetros. Y el ganador fue Albert Arenas, sí, que ahora ya puede dormir tranquilo.
 
Albert Arenas llega al 'corralito' de Phillip Island y celebra su victoria con el equipo. / EMILIO PÉREZ DE ROZAS

“Antes de ganar estuve a punto, a punto, bueno, fue un milagro, de caerme cinco veces”, comenta Arenas, caballero, simpático, educadísimo, todo un señor. “Es evidente que se trata de la carrera de mi vida, de momento. No había estrategia alguna, inmersos en una locura de carrera. Eso sí, si cometías un error, adiós a todo, pues en cada curva entrábamos quince en paralelo. Luego he visto la carrera a vista de pájaro y estamos locos todos. Todos íbamos a muerte y era facilísimo caerse”.

APRENDIZAJE FORZOSO

Arenas reconoció que, aunque al apagarse el semáforo tenía pensada alguna táctica, en la segunda curva ya se dio cuenta de que no había nada que hacer “simplemente sobrevivir, esperar tu momento y, si podías, escaparte al final”. Él, cuenta, se sentía muy fuerte pues habían hecho unos cambios en la moto por la mañana que en el ‘warm-up’ le habían proporcionado mucha confianza. “A partir de mitad de carrera es cuando he empezado a disfrutar. Me he dicho a mí mismo, relájate, no pilotes con presión, no añadas tensión a la que ya hay en la pista, intenta disfrutar vuelta a vuelta y ya saldrá. Yo sabía que era fuerte. Aprendí en Tailandia y aprendí en Japón que, a veces, hay que ser paciente, sobre todo, si te sientes fuerte”.

Ese aprendizaje, cuenta este muchacho universitario de Girona, ha sido una de las enseñanzas de los últimos grandes premios donde la precipitación, el ansia de ganar o subir al podio, le empujó a cometer errores. “No hace falta forzar las cosas, hay que disfrutar de tu pilotaje cuando te sientes poderoso y llegar a final de carrera con fuerza y habilidad para jugar bien tus cartas. Ha sido entonces cuando he decidido, después de dudarlo mucho, pues pensé en colocarme tercero o cuarto, y salir en la última parte para tratar de ganar, que, no, que quería disfrutar de una última vuelta en un circuito tan precioso como Phillip Island en cabeza y aguantar todo lo que viniese”.

Arenas, de 21 años, buen amigo de Àlex Rins, que acudió raudo a felicitarle al ‘corralito’ de Moto3, reconoce que “la última recta se me ha hecho eterna, me he acoplado todo lo que he podido y más, con todas mis fuerzas, a la moto, me he escondido tras la cúpula. Creo que me he cansado más en la última recta que en toda la carrera”.
 
Albert Arenas, 'Pablete' Nieto y Jorge Martínez 'Aspar', celebran la victoria del catalán. / AFP / WILLIAM WEST

Volviendo a su primer triunfo, a aquella sorprendente victoria en el mítico trazado de Le Mans, Arenas confiesa que necesitaba un triunfo limpio, legal, auténtico. “Después de la victoria de Le Mans, mi objetivo era consolidarme en el Top-10 y creo que lo conseguimos con regularidad, pero cometí el error de obsesionarme por la victoria, por el podio, y eso era lo que me hacía cometer errores y perder esas oportunidad. Teníamos velocidad, trabajábamos en equipo, pero siempre faltaba rematar la jugaba, nos faltaba un clic, que era el que debía aportar yo en la pista, encontrando la estabilidad y confianza que ya tengo”.

El piloto del ‘team’ Ángel Nieto (“es hermoso ganar con ese nombre como protección”) aun recuerda cuando se quedó en el Campeonato de España al no poder acompañar en el salto al Mundial a pilotos como Joan Mir o Aron Canet. Y en el campeonato español, ya internacionalizado, no lo pasó bien, aunque aprendió muchísimo.

“Aprendí tanto que, ahora, cuando vivo carreras tan bestias, tan locas, tan peligrosas, sí, peligrosas, como la de Australia me siento fuerte. Lo único que no quería era liarla en la pelea por el título entre Jorge Martin y Marco Bezzecchi, pero el Mundial es de todos y todos soñamos con ganar el domingo. Eso sí, lo que no estaba dispuesto a hacer eran adelantamientos de última vuelta en el quinto giro porque eso no tiene sentido”, explica con la sensatez que le caracteriza el piloto de Girona.

Al que cuando le preguntas si tiene algún favorito para el Mundial, si Martin (Honda) o Bezzecchi (KTM), dice con sinceridad: “Hombre, si me fijo en la marca, Bezzecchi, que es de KTM, como yo; si pienso como español, Martin, claro”.