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MUJER Y DEPORTE

Atrapada en el hielo

A sus 18 años, Carmen Pérez ya ha participado dos veces en el Mundial júnior y ha sido bronce dos años seguidos en el Nacional de parejas en un deporte minoritario y que es la pasión de su vida. «El curling un deporte que no entra por los ojos, pero si lo pruebas ya no lo puedes dejar», dice

 

Carmen Pérez, en la pista de hielo e Jaca durante el Nacional de dobles mixtos. - SERVICIO ESPECIAL

S. VALERO
20/02/2021

Las grandes pasiones empiezan siempre de forma inesperada. A Carmen Pérez (Jaca, 14-4-2002) le bastó una jornada de puertas abiertas en el Club Hielo Jaca hace unos seis años y a la que acudió con su clase de Educación Física de Escolapios para que el curling entrara en su vida con la fuerza de un huracán. Entonces, practicaba atletismo, en velocidad, donde llegó a ser subcampeona de Aragón de 220 metros vallas, pero este deporte de lanzar piedras y barrer el hielo le sedujo hasta convertirse en su prioridad relegando al otro a un segundo plano. Ya ha ido dos veces al Mundial júnior en Finlandia, una al Festival Olímpico de la Juventud en Lausana y hace una semana, con Lucas Munuera como pareja, fueron terceros en el Nacional de dobles mixtos, repitiendo el metal del 2020.

«Me picó el gusanillo porque es un deporte que no entra por los ojos, pero cuando te decides a probarlo, cuando bajas, te engancha y quieres seguir tirando piedras, que es lo que realmente se hace», resume con ilusión la deportista jacetana, que admite que esa pasión que a ella le ha llenado requiere de un primer paso esencial, que es probar un deporte que en España solo tiene 200 federados. «Es una cifra que parece de risa. Muchas veces la gente peca de prejuzgarlo. Es verdad que visto por la TV no es tan atractivo, pero si lo pruebas ya no lo puedes dejar».

Ella vivió exactamente eso, aguantando al principio las bromas de sus amigos y de la gente de su entorno por esos barridos al hielo para generar la fricción, calentar la superficie y que se desplace mejor la piedra. «Lo típico de que si tendrás la casa limpia, que si tu madre estará contenta por lo bien que le barres el pasillo... Ahora ya me pasa mucho menos, la gente sabe que realmente es un deporte que está marcando mi vida».

Lo hizo tanto que Carmen tuvo que renunciar a competir en ese atletismo que «llevo también en las venas, pero era imposible compaginar dos deportes de alto nivel con los estudios. Así, el atletismo lo mantengo pero sin competir», asevera. Esos estudios, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, son de Criminología, lo que le permite seguir en Jaca centrada también en el curling.

Desde fuera, la percepción de los que se animan a echarle un ojo a un deporte que en otros países, como en Canadá, Estados Unidos o el norte de Europa, tiene un impacto y una repercusión más que importante es la de una especialidad de precisión donde la parte física no es tan importante. Carmen discrepa. «La gente se piensa que es más psicológico, pero siempre digo que es 50-50. Parece que no es físico, pero te pegas casi dos horas de partido y, si barres mal, no haces nada con la piedra. Y barrer bien no es sencillo, moverte sobre el hielo, hacer presión... Los fines de semana, si tienes tres partidos en un día por ejemplo, después te notas todos los músculos del abdomen y la espalda cansados. Y, lógicamente, el desgaste mental que requiere también es importante».

El curling, donde la presencia femenina «es equitativa» y que se rige por «un espíritu donde el respeto del público y entre los rivales está muy presente», es deporte olímpico desde 1998, por lo que acudir a unos Juegos siempre está ahí, como «un sueño que ojalá pueda cumplir, pero son palabras mayores». Este año se han cancelado por la pandemia los Mundiales y la Universiada a la espera de la tan deseada normalidad para recuperarlos en el 2022. Esa es la meta inmediata de Carmen, donde quiere estar. Y ese querer es barrer en el hielo, donde está felizmente atrapada.