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Anacronismos y urgencias de la memoria histórica

 

Juan Bolea Juan Bolea
14/09/2018

La guerra civil española vuelve a situarse en el epicentro del debate político, derivada hoy y ahora su actualidad de la exhumación de los restos de Franco. O de su momia, más exactamente, como ha precisado su nieto Francis, poco dispuesto a colaborar con el Gobierno en la retirada del féretro de su abuelo y en la reconversión del Valle de los Caídos en ese Museo de la Memoria Histórica por el que apuestan Podemos y PSOE, y menos, y con el nombre cambiado (Museo de las Concordia) el PP de Pablo Casado.

Todos estos anacronismos vienen paradójicamente a tensionar el presente con un revisionismo tardío, menos nostálgico que contundente en sus reivindicaciones ideológicas y particulares.

Ideológicas porque, a juicio de los partidos de izquierdas, los españoles están olvidando que Franco fue un dictador, y su régimen una vergüenza, para, de alguna forma, disculparlo al paso del olvido y establecer su período autoritario como un paréntesis de paz.

Particulares porque la búsqueda de los familiares desaparecidos, asesinados, rematados en cunetas, sepultados en fosas comunes, ejecutados con el tiro de gracia en las tapias de los cementerios, iglesias o cárceles llena las páginas de los periódicos con investigaciones históricas y cruzadas familiares... concentrando, reducirndo el mecanismo de la memoria histórica a la triste celebración de funerales tardíos.

Otros esfuerzos, sin embargo, me parecen dignos de todo elogio, por lo que de recuperación de la memoria histórica y de la convivencia o concordia suponen.

Me refiero al libro de Fermín Ezpeleta titulado Alejandro Gargallo: La palabra encendida de un maestro republicano (Centro de Estudios del Jiloca). Sus páginas reconstruyen el día a día, la ideología, el compromiso, los métodos de estudio, los artículos, la manera de entender la España de los años treinta y cuarenta por parte de un maestro republicano nacido en Villalengua, Calatayud, y fallecido en Calamocha.

El estudio de la época y las aportaciones documentales recopiladas por el autor prestan al lector un apoyo sólido para entender cómo era la vida de los intelectuales republicanos alejados de las grandes ciudades, pero no de las grandes ideas ni luchas... Por este camino, el de la investigación, el del relato objetivo, debería caminar, ya que no lo hizo la historia, la memoria...

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    4 Comentarios
    04

    Por José Z. 20:12 - 14.09.2018

    Al final me he equivocado, "de disimular" quería decir.

    03

    Por José Z. 20:09 - 14.09.2018

    ¿Período autoritario? Llame a las cosas por su nombre, período criminal más bien. Enterrar dignamente a las víctimas del franquismo y restituir su memoria no es revisionismo histórico, es justicia y deseo de cerrar de una vez las heridas de la Guerra Civil y del franquismo. Hoy se ve claramente de qué pie cojea el señor Bolea, no se preocupan ustedes ni en disimular.

    02

    Por Raimon 10:55 - 14.09.2018

    Hola Juan, Pedro Sanchez, ya ha probado la vida en la Moncloa, y,....¿Que tendra la casita? que parece que le ha gustado, ¿Quizas es porque ahi no paga ningun recibo? a cambio paga toda clase de acusaciones y dardos envenenados que le lanzan todos los " aspirantes" a la plaza que actualmente ocupa, nunca mejor dicho "ocupa" viendo la evolución e involución del interfecto es facil imaginar que casi todo lo que oye, le resbala, si no fuera por el detalle de que le ha gustado el status, y hasta quiere quedarse en el, como casi todos los que han ostentado el empleo, veremos en que queda el capitulo, salud escritor.

    01

    Por Don Minervo 8:15 - 14.09.2018

    Bolea, nos habla usted de las reivindicaciones ideológicas y particulares, pero solo habla de las ideológicas de una parte y no de la otra y en las particulares exáctamente lo mismo. Porque ?.