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Eutanasia y muerte digna

Es necesaria una ley que también incluya de forma diferenciada el suicidio asistido y los cuidados paliativos

 

Eutanasia y muerte digna -

Santiago Molina Santiago Molina
01/04/2021

España se incorporó en la última semana de marzo al reducido grupo de países que cuentan con una ley sobre la eutanasia. Hasta no hace demasiado tiempo yo defendía que era absolutamente imprescindible que nuestro país se incorporara a ese selecto grupo. Sin embargo, después de haber leído el contenido de la reciente ley española y, sobre todo, después de haber pasado muchas horas documentándome para escribir este artículo, creo que la aprobación de una ley de eutanasia es insuficiente, debido a que solo aborda una parte del problema. Por ello, entiendo que es necesaria una ley de muerte digna que incluya en su seno, de forma diferenciada, la eutanasia, el suicidio asistido y los cuidados paliativos.

En la eutanasia es el médico quien se encarga de administrar la sustancia letal al paciente que solicita dejar de vivir porque no desea continuar con los padecimientos y limitaciones que le produce una determinada enfermedad. En cambio, en el suicidio asistido, aunque tiene la misma finalidad que la eutanasia, es la propia persona afectada quien ejecuta el acto, asistida por alguien que generalmente es el médico (éste es el caso de la ley vigente en Suiza). Por último, en los cuidados paliativos, el papel del médico consiste en sustituir un tratamiento, que solo sirve para prolongar el dolor y la agonía del enfermo que está en fase terminal, por otro que le permita morir en paz, sin dolor y sin molestias innecesarias.

A pesar de la trascendencia personal y social que tienen esas tres actuaciones, en la mayoría de los países no están protegidas por ninguna ley. Solo en unos pocos (Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Canadá y Nueva Zelanda) están reguladas por leyes específicas, siendo el objetivo de las mismas garantizar la muerte digna de quienes, por unas u otras razones, desean morir. Para lograr ese objetivo, la normativa exige en todos los casos que se cumplan una serie de requisitos y que exista un proceso regulado por ley.

Tanto si esas actuaciones (eutanasia, suicidio asistido y cuidados paliativos) están contempladas en una única ley inclusiva de muerte digna como yo defiendo, como si están reguladas por leyes específicas, la coincidencia es total en el fin que persiguen: provocar la muerte activa en el  caso de la eutanasia y del suicidio asistido, y pasiva en los cuidados paliativos. Sin embargo, poseen diferencias formales muy importantes. En la ley de eutanasia se requiere que la muerte sea ejecutada por un médico de forma directa y explícita. En la del suicidio asistido, el médico se convierte en ejecutor indirecto de la muerte. Por último, en la ley de cuidados paliativos no hay un ejecutor directo ni indirecto de la muerte, ya que el médico se limita a facilitar el tratamiento necesario para que la persona enferma muera por sí misma sin sufrimiento. O dicho de otro modo, tanto en la ley de eutanasia como en la del suicidio asistido la norma legal asigna al médico una labor semejante a la que tenían los verdugos profesionales (según la RAE, verdugo es la persona encargada de ejecutar la pena de muerte dictada por la justicia).

Cuando digo que ambos roles son semejantes me refiero a que el resultado de la acción es el mismo: producir la muerte de un ser humano. No obstante, hay que reconocer que existe una diferencia sustancial que afecta directamente a la conciencia ética de la persona que causa la muerte: en la eutanasia y en el suicidio asistido el sujeto que va a morir ha elegido la muerte de forma voluntaria, cosa que jamás sucede en las condenas judiciales a pena de muerte.

Otra diferencia es que en la pena de muerte es un tribunal judicial quien dicta la sentencia, mientras que en las leyes de eutanasia no hay sentencia propiamente dicha, sino simplemente una autorización por parte de una comisión de expertos.

En la ley española es una comisión constituida por siete miembros, nombrados por los órganos de gobierno regionales entre juristas, médicos y enfermeros que no se hayan negado a formar parte de la misma por haberse acogido a la restricción de conciencia que dicha ley permite. Por desgracia, no dice nada acerca del procedimiento a seguir para el nombramiento de los miembros de esa comisión, lo cual podría dar lugar a que, según sea la ideología de cada gobierno autonómico, en algunas regiones haya comisiones más permisivas y en otras más restrictivas.

Por prudencia, no voy a opinar si el papel que la ley asigna a los médicos en la  ejecución de la muerte del enfermo es ético o deja de serlo, o si es contrario al juramento hipocrático que formularon. Para eso están los colegios profesionales de médicos. Lo que a mí más me inquieta de esta ley es que se otorgue a una comisión la facultad de decidir si debe morir o no una persona que ha elegido su propia muerte de manera voluntaria y en pleno uso de sus facultades mentales. Lógicamente, quienes crean que el dueño de nuestras vidas es un ente superior llamado Dios, estarán en contra de esta ley por motivos religiosos perfectamente respetables.

En mi caso, soy contrario a la misma porque creo que cada ser humano es el único dueño de su vida y, por tanto, ninguna comisión de expertos puede tener la facultad de dictaminar si acepta o veta la voluntad de cualquier persona a morir dignamente. Desde mi punto de vista, la única función que correspondería a esa comisión es la de comprobar si el solicitante reúne todos y cada uno de los requisitos exigidos por la norma, entre los que deberían incluirse los efectos negativos que el acto letal podría tener para sus familiares más directos (padres, cónyuges e hijos). En caso afirmativo, la decisión tendría que ser siempre favorable.

 
 
6 Comentarios
06

Por José S. 1 14:40 - 03.04.2021

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A 5 Santiago Molina García 9:59 - 03.04.2021 y otros lectores interesados, si lo desean aquí les adjunto un vínculo con la conferencia de Terry Pratchett que leyó su amigo y actor Tony Robinson y a la que me refería en mi previa aportación: https://m.youtube.com/watch?v=90b1MBwnEHM Un cordial saludo. José S.

05

Por Santiago Molina García 9:59 - 03.04.2021

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Gracias a los 4 lectores (o lectoras) que han comentado mi artículo, pero especialmente a José S.1 por la información tan interesante que proporciona. Prometo que voy a tratar de escuchar la conferencia de Terry Prachett. Quiero dejar constancia que para mí la profesión de verdugo es muy necesaria socialmente y tan digna y respetable como cualquier otra.

04

Por José S. 1 20:26 - 02.04.2021

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Terry Pratchett, el gran autor británico de novelas de fantasía y ciencia ficción, entre otros géneros, habló y escribió mucho sobre el asunto que aborda hoy Santiago Molina. Vi por la tele una conferencia escrita por él pero que no pudo dar debido a su condición médica aunque sí estuvo presente en la sala para escuchar a un amigo actor suyo que la leyó en inglés. Terry Pratchett murió de una atrofia cortical posterior --ACP-- y la enfermedad de Alzheimer. Venía esto a colación puesto que el señor Pratchett abogó en vida por el derecho de las personas en su país a morir de la manera que el pasó a denominar “muerte asistida” que no “suicidio asistido”. Pensaba que, llegado el momento, era su derecho morir cuándo y cómo él quisiese, con dignidad, sin tener que salir de su país, y que la asistencia requerida para ello debía ser legal; lo que incluiría dejar libre de responsabilidades penales a quienes le facilitasen su deseo. Como muchos de ustedes se manejan bien en inglés les recomiendo que vean «Terry Pratchett: Choosing to Die» --«Terry Pratchett: Elegir morir»--, que es un documental de una toma producido en 2011 por KEO North para la BBC en Escocia sobre el suicidio asistido, dirigido y producido por Charlie Russell --también lo vi por la tele en su día, un muy humano y estremecedor trabajo. Gracias por un sugestivo artículo, señor Molina, que me ha incitado a enviar este comentario. Un saludo.

03

Por miguel Garcia 10:17 - 02.04.2021

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En Suiza, el suicidio asistido está tolerado, que no permitido, aunque venga a ser lo mismo, y después de un largo calvario de más de 10 años de las organizaciones dedicadas a ello, en una resolución del tribunal federal suizo, dónde aprecia el sentido humanitarios por encima de otra cuestión, pero no existe ninguna ley que lo autorice directamente. La eutanasia y la intervención directa está penalizada.

02

Por vecino 10:16 - 02.04.2021

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Ciertamente Santiago, además con el tema del Cambio Climático la cosa se va a poner muy chunga y sobrevivir va a ser complicado. ¿Sigue siendo el hombre la medida de todas las cosas? La actual crisis medioambiental hace patente la urgencia de abandonar la visión antropocéntrica y entender que no somos el punto final del planeta. Ante el paternalismo de ciertos movimientos ecologistas, la Dark Ecology reivindica la ironía y la fealdad para despertar conciencias.

01

Por La roca 8:25 - 02.04.2021

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Estoy cpmpletame de acuerdo ,hay que luchar por la vida,pero cuando solo causa sufrimiento al enfermo que está ya terminal(y a los seres queridos )hay que facilitar una muerte digna,sin sufrimiento

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