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SALA DE MÁQUINAS

Joaquín Carbonell, un hombre feliz

 

Joaquín Carbonell. - NURIA SOLER

Juan Bolea Juan Bolea
14/09/2020

Como buen aragonés, Joaquín Carbonell añoraba el mar. Tanto que nos lo quiso entregar en una de sus mejores canciones, Me gustaría darte el mar. El Mediterráneo, tan cerca y tan lejos de su Andorra natal, fue su primer mar. De jovencito ya recorría sus orillas en busca de trabajo. La bohemia de las playas le era más grata rasgueando guitarras y pronto comenzó a componer y a cantar. De estirpe francesa, contracultural, irónica, practicó la crítica y la oposición al franquismo en la misma medida que apoyaba aquel naciente Aragón de las libertades, autonomista, antitrasvasista, con un punto surrealista, buñuelesco, que nunca le abandonó.

Más adelante, descubriría el Mar del Plata, el tango y Gardel. Un periplo de García Lorca le invitó a sumergirse en el Buenos Aires de la poesía y la canción, los arrabales y teatros. Carbonell componía nuevas canciones en los veladores de mármol de los cafés, o de las librerías—café en las que actuaba de noche. Ese círculo, la poesía, la música, la canción popular y el mar encerraban su esencia sin fronteras, siempre abierta, nunca dogmática, atenta siempre su sensibilidad a cualquier rumor, sonido, idea que pudiera despertar las suyas, inspirar su voz y su guitarra.

Además de un nostálgico del mar, y de las riberas del Sena o del Ebro, latía en Carbonell un poeta de tierra adentro, realista y tierno, vindicativo y sarcástico, cuyos versos hicieron crecer en los secos surcos de la tierra aragonesa hermosas canciones, limpias, claras y alegres, himnos que en adelante nos acompañarán. Él cantaba y luego hablaba con quienes le habían escuchado para, a su vez, escucharles y aprender de ellos, pues sabía muy bien que son los hombres y mujeres quienes escriben sus historias y que de ellas, y no de esa otra historia pretendidamente común, pesada y falsa, que se estudia en las muertas universidades nace la vida, la broma, la crítica, la risa. Tesoros, con alguna melodía, que aspiraba a llevarse con él, a un nuevo escenario o próximo disco.

Sin Joaquín no reiremos, cantaremos ni pensaremos igual, porque su influencia, como la de todos los grandes artistas, nos señalaba un camino. Ligero de equipaje, él le recorrió hasta el final, siendo feliz en cada uno de sus pasos.

 
 
3 Comentarios
03

Por Freddy Sabina 17:25 - 16.09.2020

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También conoció el Caribe. Viajó a República Dominicana, e hizo presentaciones en varios aforos de Santo Domingo

02

Por José S. 1 20:01 - 14.09.2020

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Empecé a leer «El Periódico de Argón» en su formato digital por pura casualidad hace diez o doce años, cuando topé con un artículo de José Luis Trasobares. A resultas de seguir al señor Trasobares enseguida descubrí las estupendas revistas literarias de Juan Bolea y los interesantes artículos del allocino Joaquín Carbonell. Del señor Carbonell he leído mucho ahora que ha fallecido, la mayoría de lo cual está escrito por personas que lo conocían bien y casi todo lo que han dicho versa sobre su faceta musical y el contexto sociopolítico en el que transcurrieron sus inicios en el mundo de la música. Del cantautor Joaquín Carbonell sé que tenía una bonita voz porque la escuché de muy niño por la radio o cuando un amigo de mi barrio ponía una cinta suya en un destartalado radiocasete a pilas. No obstante, para mí el aspecto más interesante del señor Carbonell, debido a mi profesión y la diferencia generacional, fue su tiempo en este rotativo y los artículos que escribió en su columna de nombre «ANTENA PARANOICA». Allí publicó un bonito, emotivo artículo, «Resisten» de 15/10/2013 https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/resisten_890816.html acerca de una niña estadounidense «… afectada con la talidomida». «Me quedé impactado ante la visión de esa criatura sin brazos», decía Joaquín Carbonell; allí leí por primera vez que «En España hubo madres que tomaron esta medicina contra los vómitos que dio pie a estas malformaciones». Como cronista de la actualidad Joaquín Carbonell nos deja un estilo que muestra a una persona con una conciencia social, que se preocupa por el estado de los demás, una persona con un instinto de protección por otros seres humanos. Y así recordaré a Joaquín Carbonell Martí: Que en paz descanse.

01

Por Don Minervo 8:49 - 14.09.2020

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Tenía yo entendido que Carbonell nació en Alloza. Nunca hubiese imaginado que Carbonell tuviese tantos y tan insignes seguidores, incluso en la derecha aragonesa. A ver que dice el señor sierra este miércoles, seguro que era otro fan de Carbonell.

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