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Tercera página

San Valentín baila y enamora

El 14 de febrero se encendían hogueras, se comía, se cantaba y bailaba y los enamorados intercambiaban regalos

 

San Valentín baila y enamora - GREGOR

Luis Negro Marco Luis Negro Marco
14/02/2020

Las fuentes históricas de la antigüedad revelan que no hubo un solo san Valentín sino varios. Dos de ellos ejecutados en torno al año 269 en tiempos del emperador romano Claudio II, quien recrudeció la persecución contra los cristianos; y aún hubo, al menos, un tercero que habría muerto en África.

Pero del san Valentín enamorador que nos interesa (que habría nacido en la ciudad italiana de Terni, de la que llegó a ser obispo) se asegura que su cráneo es el que se venera en la iglesia de Santa María en Cosmedin, en Roma; sin embargo también hay otro –junto con otras reliquias del santo– en la iglesia de San Antón de Madrid, que perteneció a los escolapios; unos restos que habrían sido entregados a la Escuela Pía matritense, para su custodia, por el rey Carlos IV.

Asímismo, importantes ciudades europeas como Dublín, Praga, Malta o Glasgow, por citar tan solo algunas de ellas, también aseguran conservar en sus iglesias veros restos de san Valentín. Y lo mismo ocurre en Aragón, ya que Calatayud (en la colegiata del Santo Sepulcro) también los conserva, al igual que la localidad zaragozana de Tobed, en la que el 14 de febrero es festivo, por ser el día de su patrón.

Pero ¿por qué san Valentín es el universal patrón de los enamorados? Quizás porque el día de su festividad coincidía en la Roma precristiana con las fiestas Lupercalia posteriormente cristianizadas, a finales del siglo V, por el papa Gelasio. Sin embargo, también es posible que la elección de san Valentín obedezca a que su propio nombre definiría bien la significación de su celebración. Porque la palabra Valentín podría ser la resultante de la latina Valere (valiente, sano, robusto, capaz) y de la nórdica Lent (primavera). De hecho, para los francos, en tiempos de Carlomagno (siglos VIII y IX) el Lentzin era el mes de la primavera, palabra a su vez asociada a origen y nacimiento, en referencia a las primeras hierbas del año que brotan, los primeros huevos que eclosionan en los nidos de los pájaros con la llegada del buen tiempo, o el auspicio que los cada vez más templados y largos días otorgan para el tiempo de ocio y el encuentro entre las parejas de enamorados.

En cualquier caso, tampoco sería ajeno el Día de San Valentín al tiempo de Cuaresma (este año desde el 26 de febrero hasta el 9 de abril) a cuyo inicio generalmente precede. Y nuevamente aquí encontramos una confluencia etimológica entre Valentín y el nombre teutón de la Cuaresma (Lent). De este modo en algunos países de Europa, y ya desde el siglo XIV, fue costumbre generalizada el que en el primer día de Cuaresma, las jóvenes (valentinas) eligieran a sus chicos (valentines) para el resto del año. Y al siguiente domingo (llamado en Francia de Bures –de encuentro festivo, o bureo–) las jóvenes desdeñadas por sus valentines se reunían en un prado donde bailaban alrededor de una hoguera, sobre cuyas llamas lanzaban muñecos de tela y paja, simbolizando a los jóvenes que las habían rechazado.

Tradición con cierta semejanza a la de Partir la Vieja que se celebra en ciertas localidades de Andalucía, Valencia y Mallorca (aquí con el nombre de (Jaia Corema) la cual comienza en san Valentín, pero también en el primer día de Cuaresma. Consiste esta centenaria costumbre en colocar en una estancia de la casa un muñeco que representa a una vieja con siete piernas, y a lo largo de las siete semanas de Cuaresma, cada domingo le cortaban una, hasta dejarla sin ninguna, lo que venía a significar que el período de ayuno y abstinencia, propios de la Cuaresma, había terminado.

Asímismo, como fiesta asociada a ritos solsticiales, en el 14 de febrero era costumbre encender hogueras y comer, cantar y bailar alrededor de ellas, así como el que los enamorados intercambiasen regalos y cartas de amor, que recibían el nombre de valentinas. Además, las parejas se coronaban mutuamente de una corona vegetal que se comprometían a guardar en casa durante el resto del año. De otro modo, sería señal de que la relación entre ellos habría terminado.

Y como símbolo de amor, es a la moralista, escritora y poetisa Christine de Pizan (1364-1430) a quien –contenidos en su obra Le dit de la rose– se deben estos versos referidos al 14 de febrero: «Desde el alba de su mañana san Valentín enlaza amores coronados de flores, entre el amado y su dama».

*Historiador y periodista