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Editorial

Unión de los Veintisiete frente a May

 

16/12/2018

Las pretensiones de Theresa May de introducir cambios en el acuerdo cerrado con la Unión Europea (UE) y en la declaración política que lo acompaña ha chocado con el muro que quizá ella creyó más vulnerable: la unidad de los Veintisiete. A pesar de las líneas de fractura que a menudo aparecen en el complejo entramado europeo, el brexit y sus consecuencias ha sido el pegamento ideal para que los estados, por una vez, hayan aparcado sus diferencias. El texto negociado es intocable porque se tiene por el único posible y no hay margen para introducir «garantías vinculantes» por escrito, como pretende la premier.

Acuciada por el tiempo y por la sublevación de los brexiteers en el seno del Partido Conservador, May pretende traspasar a la UE una parte de la responsabilidad y del coste político del divorcio en curso. Pero ha cundido entre los socios europeos la idea de que puesto que fue el Reino Unido el que se embarcó en la aventura, debe ser el Reino Unido el que peche con las consecuencias; puesto que fue un primer ministro tory, David Cameron, quien abrió la caja de Pandora del referéndum, debe ser la familia tory la que corra con el gasto.

Es ajeno a toda lógica aspirar a que sean los Veintisiete quienes salgan en auxilio de May y tranquilicen a sus adversarios -algo bastante improbable vista su acalorada oposición al brexit blando-, como si Bruselas fuera depositaria de alguna culpa sobrevenida que decantó el resultado del referéndum a favor de la salida. Basta repasar el reiterado recurso británico a considerarse un caso aparte en la evolución de la UE para concluir que la capacidad de comprensión de sus socios ha sido puesta a prueba en numerosas ocasiones, muy a menudo a costa de dañar la solidez de la organización.

A estas alturas de la crisis ya no hay margen para volver a la casilla de salida y tocar el texto. Ni la Comisión ni los estados se oponen a esclarecer el significado de algunos apartados, pero lo acordado y escrito, escrito está, y sería una grave irresponsabilidad desandar el camino. De forma especial en el espinoso asunto de la cláusula de salvaguarda para Irlanda, cuyas implicaciones a nadie escapan (la pacificación del Ulster), mal que pese a los unionistas, a quienes May necesita para completar la mayoría en el Parlamento, y a la facción tory levantisca que cree llegada la hora de asaltar el puente de mando.

   
3 Comentarios
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Por José S.1 19:48 - 16.12.2018

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El principal problema de la señora Theresa May no es, en efecto, la Unión Europea, sino el hecho de que la política de la primera ministra nunca ha sido, en absoluto, la implementación del resultado del referendo de 23 de junio de 2016. Es importante recordar algunos datos básicos en este asunto. Constitucionalmente hablando, el Parlamento británico es soberano y por eso los referendos no pasan de ser meras consultas populares únicamente y, por lo tanto, nunca son legalmente vinculantes, eso por un lado. Y por otro, en el plebiscito sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea la pregunta que se hacía al electorado británico era esta: «Should the United Kingdom remain a member of the European Union or leave the European Union?»[«¿Debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea?»], con dos posibles respuestas; «Remain a member of the European Union/Leave the European Union»[«Permanecer como miembro de la Unión Europea/Abandonar la Unión Europea»]. Bien pues, el resultado de este ejercicio democrático, como es sabido, fue que 17.410.742 del total de los 33.551.983 de los sufragios válidos o el 51.9 %, fueron a favor de la salida de la UE, mientras que 16.141.241de votos o el 48.1 %, lo fueron a favor de la permanencia. Total que, la propuesta de la señora May con su Acuerdo de Salida de la Unión Europea --European Union (Withdrawal Agreement)--, simplemente, no hace honor al resultado del referendo. Podrá gustar más o menos lo que deparó aquella consulta, pero una vez que se dejó la decisión en manos de los ciudadanos lo más democrático, y ético, es que el Gobierno la ratifique a pesar de los pesares. Esto, no obstante, no es lo que entendió la primera ministra del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, cuyo acuerdo de retirada de su país de la UE trata de contentar a todo el mundo y, al final, no contenta a nadie.

02

Por José S.1 19:47 - 16.12.2018

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La realidad es que salir de la UE propiamente dicho implica el abandono del mercado único y la unión aduanera de la Unión Europea como también, inevitablemente, el cese inmediato de la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea  --TJU-- sobre el Reino Unido. La propuesta británica que incluye un período de adaptación transitorio hasta del 31 de diciembre de 2020 desde el 29 de marzo de 2019, y la problemática por controvertida «… cláusula de salvaguarda...» para la República de Irlanda hace inaceptable el acuerdo presentado por Theresa May a sus compatriotas que desean salir de la UE, incluidos muchos diputados conservadores que apuestan por que el Reino Unido comercie de inmediato bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio --OMC. Entre la clase política británica y los ciudadanos que quieren una marcha de la UE que deje a su país en una situación lo más semejante posible a la permanencia en la Unión, el acuerdo de la señora May es igual de malo por las razones opuestas a los marchadores y, sobre todo, porque contemplan la posibilidad de que su país caiga en lo que ellos consideran el incierto abismo de volver a las normas y reglas de la OMC. De otro lado, la postura de la Unión Europea de no reabrir las negociaciones del acuerdo al que arribaron con la señora May después de ¡dos años de negociaciones! es perfectamente entendible. ¿Qué otra cosa le podría ofrecer la UE al Reino Unido sin menoscabo de las Cuatro Libertades Fundamentales en que se asienta el mercado único europeo --libre circulación de mercancías; libre circulación de trabajadores; libre circulación de servicios y la libre circulación de capitales-- de los países miembros de la Unión Europea?

01

Por José S.1 19:44 - 16.12.2018

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Mientras, la cláusula de protección de la frontera entre las dos Irlandas era inevitable, dado que la unión aduanera de la UE es la única manera de mantener el tránsito de personas y mercancías sin los tristes y trágicos controles de un pasado no muy lejano en la isla de Irlanda. El día --dentro de ¿5 o 7 añosque el Reino Unido en su conjunto acuerde un tratado comercial con la Unión y existan los medios técnicos necesarios que hagan superfluos tanto los controles aduaneros como de personas, entonces y solo entonces se podría negociar la rescisión de la cláusula de salvaguarda irlandesa a la que obviamente se oponen los más duros euroescépticos que, como se ha dicho antes, desean abandonar la UE completa y rápidamente. Si la Unión Europea no cambia de parecer, que no lo hará, pienso que a la atribulada Theresa May solo le quedarán tres alternativas reales: 1. Que el Parlamento británico apruebe el propuesto actual arreglo con la UE --altamente improbable por no decir imposible dado lo divididos que están sus señorías. 2. Que el Parlamento consienta la salida de la Unión Europea sin acuerdo alguno --igualmente de improbable si no más imposible que lo anterior, pregúntele si no a sus señorías otra vez. 3. ¿Un nuevo plebiscito que aclare este desbarajuste? Pobre Theresa May, seguro que cada mañana se despierta y lo primero que piensa es «what could possibly go wrong today?» [«¿Qué podría torcerse hoy?»]. Moraleja: Convoca un referendo sin planes previos y apriétate los machos pero bien. Muy buen editorial, gracias y un saludo.