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«El jugador no debe ser un mono con capacidad de repetición»

 

Iriondo, en la banda durante el partido disputado en La Romareda. - JAVIER BELVER

A. BOBED
19/01/2019

—¿Está ya plenamente recuperado de su proceso infeccioso en la pierna?

—Todavía estoy tomando medicación, pero ya estoy entrenando y no enganchado a una vía de esas que te ponen en los hospitales.

—Si al principio de la temporada le dicen que el Real Zaragoza iba a ser un rival directo, ¿se lo hubiera creído?

—Sinceramente sí, pero por arriba los dos. Tanto por Idiakez como por los jugadores que tenían al comienzo de la Liga todo indicaba que el Zaragoza era uno de los equipos que iba a estar arriba. A veces las cosas se tuercen a pesar de tener un buen entrenador y buenos jugadores.

—¿Cómo afronta el partido ante el Zaragoza? Ha mejorado mucho con Víctor Fernández.

—Vamos a tratar de ganar sea a quien sea. El Zaragoza está en un estado anímico bueno y tiene muy buenos jugadores. El entrenador ha sabido situarles en su lugar y darles la moral necesaria. Ante el Málaga perdió pero creo que fue un accidente de esos que ocurren en el fútbol porque hicieron un partidazo y muchísimas ocasiones, pero esas cosas pasan. Vamos a tratar de cambiar nuestro sino y el Zaragoza sabemos que es un rival propicio para ello. Tenemos la oportunidad de jugar ante todo un Real Zaragoza y eso es muy motivante.

—¿Se plantea diferente un partido contra «todo un Zaragoza»?

—Siempre trabajamos sobre nuestra propia progresión. Cuando puntualmente te toca jugar contra un equipo tratas de estudiarlo. El Zaragoza tiene muy buen trato de balón y muy buenos futbolistas para tenerlo y nuestra idea también es esa.

—¿Cómo puede convencer a los escépticos de que su 3-4-3 tiene cabida y es efectivo en el fútbol actual?

—No puedo convencerles. Si hoy juego así, mañana no sé cómo lo haré. Todo dependerá de los jugadores que tenga. El sistema lo hacen los jugadores y no el entrenador, aunque luego en la filosofía de juego el entrenador trata de encaminar a sus futbolistas hacia una determinada manera, pero el sistema no es lo más importante, es una situación en el campo y parada, en la pizarra. Lo que cuentan son los movimientos de los jugadores.

—¿Y cuál es esa filosofía?

—Está directamente relacionada con el crecimiento del individuo. A principio de temporada nos trazamos un objetivo que era únicamente mejorar cada día. Estoy plenamente convencido de que si somos capaces de mejorar solo una cosa por día, en unos meses somos mejores que los rivales, aunque están las limitaciones y tratamos de huir de ellas. A veces no somos capaces de mejorar una cosa cada día.

—Se dice de usted que no trabaja la táctica y cuesta creerlo.

—Hacemos mención a la táctica. Decimos de jugar por dentro o por fuera, defender más arriba o abajo… A eso le llamo yo táctica. Eso prácticamente no lo trabajamos porque considero que los jugadores inteligentes saben adaptarse rápidamente a unas indicaciones. Lo que sí trabajamos son los principios. Creo que el jugador con principios se convierte en un jugador inteligente y sabe determinar qué hacer en cada situación concreta del juego. La táctica determina lo que tiene que hacer antes de empezar un partido y estoy en contra de ello porque creo que el futbolista debe tener una libertad individual y una capacidad para ser un ser humano que crezca y no un mono con capacidad de repetición.

—¿Son escépticos y les cuesta a sus futbolistas asimilar sus pensamientos y su modo de ver el fútbol?

—Sí, porque están acostumbrados a recibir órdenes concretas y a mí no me gusta. Prefiero que el futbolista crezca como ser humano y jugador. A veces prefiere que le dé órdenes y que le diga: «Oye, tú dime que marque al ‘8’ y yo lo seco». Eso no lo voy a decir. Cuando lo tengas que marcar, lo marcas; y cuando no, decides hacer otra cosa. No le puedes dar toda la responsabilidad de decidir si siempre lo haces por él. El error no lo contemplamos como tal, sino como una parte para mejorar.

—Ha tenido diversas experiencias, tanto en banquillos como en la vida. Nació en Moscú debido a la Guerra Civil y pasó un tiempo en Japón. ¿Qué es lo que más le ha marcado?

—Me considero autodidacta, pero la interacción con los demás ocupa un lugar importante en mi forma de ir creciendo y Japón fue muy importante. Resulta que sin saber hacia dónde iba caí en una universidad budista y fui allí a las clases de fútbol. Aprendí más de lo que pude enseñar. En cuanto al fútbol tuve claro siempre que debía tratar a los jugadores como me hubiera gustado que me trataran a mí, que no me diga nadie que solo sume porque no solamente voy a saber sumar. Todo dependerá de las ganas que tengas de crecer y no voy a ser yo el que ponga un freno a eso.

—¿Cómo trabaja el aspecto mental en sus jugadores?

—Lo trabajo precisamente con el no trabajo.

—Suena paradójico.

–Existe el bien porque existe el mal, igual que la noche y el día. Existe el trabajo porque también existe el no trabajo. Cuando estamos en un plano de conciencia distinto, el no trabajo a veces da muchos más réditos a la hora de obtener unos beneficios que un exceso de él. A mi modo de entender hay que ser feliz trabajando porque, si no, es un castigo divino. Los futbolistas tienen la suerte de que son niños que siguen jugando aunque sean mayores. Es un juego de críos. Cuando nos convertimos en profesionales, la mal llamada responsabilidad hace que nos convirtamos en algo tan sumamente serio que nos hace infelices. Nos pagan para ganar partidos, pero si se puede hacer con una sonrisa, mejor.