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La entrevista de la semana

Isidro Villanova: «El Zaragoza siempre fue un club pagador»

 

Isidro Villanova viste la toga que le acredita como abogado en la Ciudad de la Justicia de Zaragoza. - CHUS MARCHADOR

JESÚS CHUECA
11/03/2019

–¿Es importante forjarse otra vida aparte del fútbol?

--Es esencial labrarse una vida después de abandonar el fútbol. Este deporte termina a una edad muy temprana y tenía muy claro que tenía que acabar Derecho. Estoy orgulloso de haber compaginado mis estudios con mi trayectoria futbolística.

–¿Central contundente?

–Se me calificaba como duro pero siempre cumplía el reglamento. Era un central que cumplía con sus tareas defensivas siendo muy férreo en la marca. Antes no se exigía tanto a los defensas a la hora de sacar el balón jugado, solo te limitabas a cumplir con tu cometido defensivo.

–Su debut fue algo particular.

–Me estreno en un empate a uno en el Sánchez Pizjuán. Soy titular en las siguientes jornadas pero vuelvo a jugar con el filial debido a un problema burocrático. Como tenía más de 23 años solo podía jugar cinco partidos con el primer equipo o me tenían que hacer licencia profesional, por lo que tuve que volver al filial para no estar en el dique seco.

–Solamente 32 partidos con el primer equipo.

–Había jugadores en mi demarcación que lógicamente eran grandes futbolistas. Juliá, Juanito, Fraile... No tuve continuidad en ningún momento excepto la temporada con Ildo Maneiro donde jugué un total de 20 partidos que fue mi mejor etapa en el Zaragoza. No era fácil abrirse camino en ese momento en el primer equipo pero sirvió para abrirme la puerta de otros clubs como fue mi posterior fichaje por el Logroñés.

–Juliá, Belsué, Juanito, Alfaro, Aguado… ¡vaya línea defensiva!

–Era muy complicado conseguir un sitio y para más inri empezaron a adquirir experiencia y a despuntar Pablo Alfaro y Xavi Aguado. Hubo una época con Ildo Maneiro en la que coincidí con los dos en una línea defensiva de tres centrales convirtiéndonos en la defensa más joven de toda Primera División.

–José Ángel Zalba llegó a la presidencia en noviembre de 1988. ¿Afectó el cambio a la plantilla?

–Cualquier modificación en el club crea una inestabilidad que sufre de primera mano la plantilla. No sabíamos ni los objetivos ni las pretensiones de los nuevos dirigentes que entraron. Todo en la órbita del equipo influye creando una gran incertidumbre.

–Problemas económicos e incluso algunos trabajadores sufrieron impagos...

–El Real Zaragoza siempre ha sido un club cumplidor. Durante mi etapa, no hemos tenido ningún problema de impagos y de cobros. Sabíamos que no había problema a la hora de cobrar la mensualidad. Era un club que pagaba al día y el que más seriedad aportaba a nivel nacional. Ahora, la seriedad de los pagos también existe desde la llegada de la Fundación en una labor que tiene mucho mérito.

–Rijkaard estaba en esa misma plantilla.

–Él llegó con una lesión que no le permitió dar su máximo nivel. Le costó coger la forma pero estando al 50% era el mejor jugador del equipo. Una calidad de las que pocas veces he visto en un futbolista.

–Se pasó su primera temporada como profesional en blanco.

–Fue la primera temporada de Antic y estábamos 32 jugadores en plantilla porque no había limitación de fichas. Para los que veníamos de abajo era muy complicado a pesar de que Antic era un amante de la cantera. Debutó Moisés, Salva, Salillas...

–Coincidió con Víctor Fernández en su última temporada en el Zaragoza. ¿Qué le pareció su vuelta?

–Me parece un acierto porque tiene mucho mérito lo que ha hecho con el equipo desde que volvió al club. Esa reacción y transformación que hubo no es nada fácil. Pasamos de ver a un equipo totalmente desorientado a un equipo con mucha identidad. Eso es mérito de Víctor, que además de la experiencia que tiene, atesora un sentimiento aragonés que es lo que necesitaba el equipo para poder resurgir de la situación tan complicada en la que se encontraba.

–Maneiro dimitió...

–Fue un momento complicado. El vestuario estaba con él pero los resultados no acompañaban. En el fútbol hay una ley que el primero que cae siempre es el entrenador. Eso supuso la llegada de Víctor Fernández. Con él, se disputó la famosa promoción contra el Murcia. Salvamos al equipo y posteriormente vino una de las mejores etapas del Real Zaragoza.

–¿Tan crítica fue aquella eliminatoria?

–Tuvimos suerte en el partido de la ida donde salimos vivos de La Condomina y en el partido de vuelta nos estábamos jugando en 90 minutos bajar a Segunda División con un equipo con el historial del Real Zaragoza. La tensión era máxima, entre nosotros estábamos unidos pero sabías que podía suceder cualquier cosa.

–¿Cómo fue la respuesta de La Romareda?

–Fue una de esas noches que se recordarán siempre. Un estadio abarrotado, con el público totalmente entregado y que realmente fueron ellos el artífice de que el Zaragoza se mantuviese en Primera.

–Acabó su contrato y abandonó el club.

–No tuve ninguna propuesta de renovación. En el mes de febrero tenía un precontrato con el Logroñés, allí jugaba mi hermano y yo sabía que aquí mi trayectoria había acabado. Exigí una claúsula en la que decía que si el club me ofrecía una propuesta de renovación ese precontrato que tenía firmado se rompía para poder escuchar la oferta del Zaragoza.

–¿Cómo fue su despedida?

–El día que el presidente Zalba me llamó a su despacho para darme una noticia que ya esperaba se me saltaron las lágrimas por tener que abandonar el club tras 14 años con la camiseta del Zaragoza. Fue uno de los momentos más duros como futbolista profesional.

–¿Qué entrenador le marcó más en su carrera?

–Ildo Maneiro por su humanidad. Siempre arropaba al jugador, era muy cercano.

–El sistema de ascensos y descensos ha cambiado mucho.

–En Segunda me parece mucho más justo que sean los tres primeros en la Liga regular los que asciendan directamente. Es muy injusto que el sexto se haya quedado a gran distancia del tercero y sea quien ascienda. El que haya ganado el premio en la Liga regular debería tener la recompensa del ascenso y si así fuese el Zaragoza ya no estaría donde está.

–¿Qué recuerda de las giras con el Zaragoza en los noventa?

–Ahora es algo que los equipos hacen con asiduidad pero en aquellos tiempos era mucho más extraño. Recuerdo la gira por Washington y Quéretaro en México donde jugamos partidos amistosos y es una experiencia que el jugador guarda para toda la vida.

–¿Tan especial es representar a este club por Europa?

–Es una satisfacción y un orgullo muy grande que como aragonés y zaragocista puedas vestir la camiseta del Zaragoza. Aquel partido en Hamburgo cuando sale Fraile en camilla y nos roban un partido cuando lo teníamos prácticamente en la mano se convierten en anécdotas que vas contando toda tu vida.

–¿Se volverá a viajar por el Viejo Continente?

–Sí, estoy convencido. En primer lugar hay que ascender a Primera. Soy de los que piensa que más pronto que tarde el Zaragoza volverá a estar donde se merece. Una vez en la élite, logrará sanar la deuda que tiene y volverá a ser uno de los equipos más respetados en el fútbol español.

–¿Los medios de comunicación son muy críticos?

–Más que críticos son resultadistas. Si el equipo pierde se le critica de una manera y si gana se le elogia. En fútbol, no hay término medio.

–¿Los jugadores sufren una presión añadida?

–Un jugador es un profesional y dentro del oficio va también el saber aguantar la presión. En el caso del Zaragoza se debe conocer la historia y saber que es un equipo que por circunstancias está donde está, pero su objetivo debe ser ascender cuanto antes. El futbolista que no sepa aguantar esa presión no sirve para vestir la camiseta del Real Zaragoza.

--Seis años ya son muchos...

–El problema es ese. Estamos en una situación que nos está costando mucho aceptar. Todos creemos que por el escudo y por la historia, el Real Zaragoza debe estar en Primera pero estamos en Segunda por méritos propios.

–¿Es complicado ser canterano?

–Siempre ha sido difícil llegar al primer equipo pero la oportunidad existe aunque hay que estar en el momento adecuado. El problema no es llegar, es mantenerse. Actualmente hay una identidad con la cantera. Nunca es fácil como jugador de casa jugar en el primer equipo porque tienes una presión añadida. Ahora con la restricción económica es más fácil llegar que antes.

–¿Qué hay que hacer para volver a ser los de antes?

–La única forma de salir de ahí es con mucho trabajo, con mucha suerte y sobre todo con mucha dedicación. El Zaragoza tiene una afición de Primera como demuestran los 27.000 socios. El problema es la deuda económica tan grande que acumula el club y su limitación respecto a los recursos económicos y más todavía con el control económico que hacer LaLiga. Cuando saltas a Primera la deuda queda disminuida gracias a los ingresos por televisión.

–¿Cómo ve a los canteranos en la actualidad?

–La dirección deportiva acertó el año pasado en establecer un proyecto de cantera y podemos decir que el 50% del equipo está formado por jugadores formados en el Zaragoza. Al final es un patrimonio del club, un recurso económico a la hora de poder sacar un beneficio. En mi época se vendió a Villarroya por 200 millones de pesetas, por Alfaro pagaron 50 y por Vízcaino otras 30. Es un dinero que si después lo sabes invertir bien te permite fichar otro tipo de jugadores que ayuden a cumplir los objetivos del club.

–Sonó como presidente en la etapa final de Agapito.

–Eso fue un rumor porque no hubo nada firme. Nadie en ningún momento me propuso que fuera presidente. Es verdad que apareció en los medios de comunicación pero fue solamente un rumor, nada más. No hubo ninguna propuesta seria y además, tal como estaba el club no era el momento adecuado para que yo fuera el presidente del Real Zaragoza.

–¿Cómo se lleva que lo relacionen con el lado ‘malvado’?

–Es notorio. Todo viene de mi relación con García Pitarch porque compartí vestuario con él en el Logroñés. Puede ser que en algún momento él pudiese pensar en alguien conocido con confianza como yo para desempeñar ese cargo pero repito, no recibí ninguna propuesta seria para ser presidente.

–Usted fue uno de los protagonistas la primera vez que una cámara entró en un vestuario.

–Era un 23 de mayo del 93 jugando con el Logroñés y salió un reportaje en El Día Después de ese partido vital contra el Atlético de Madrid. El entrenador, Carlos Aimar, aparece dirigiéndose a los dos centrales para pedirnos que sacásemos el balón lo más lejos posible: «Nada de dar pasecitos ahí atrás. Pum. Así como viene Pum». Los reporteros se pusieron de acuerdo con el utillero y metieron la cámara en una bolsa encima de las duchas y ninguno de nosotros sabía nada. Para emitirse nos pusimos de acuerdo todos pero se generó algún problema porque el vestuario es de los jugadores y del entrenador, de nadie más.