+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Entre tinieblas

El Huesca desaparece en la niebla ante un Atlético agradecido por el regalo de un rival que parece ha dejado de creer

 

Thomas Lemar lucha por el balón frente al delantero argentino del Huesca, Ezequiel Ávila. - efe / JAVIER BLASCO

SERGIO RUIZ ANTORÁN
20/01/2019

En el deporte existe la llamada táctica del conejo. Dícese del planteamiento inspirado en el orejudo animal de esconderse hábilmente ante el cazador para, a la mínima de cambio, escapar con vida y con la victoria. Consciente de ello o, no nos engañemos, por pura selección natural, el Huesca quiso camuflarse tanto, tanto, tanto ante el Atlético de Madrid que terminó como un gazapo, pero bajo la chistera de un mago: desapareciendo por completo. Tal fue esa visión desdibujada que entre la densa niebla en la que se jugó el partido costaba ver a los jugadores azulgranas, no tanto por aspectos cromáticos, sino por la reducción competitiva que no sólo hizo perder un nuevo partido ayer de una forma sencilla, sino que insiste en la peligrosa sensación trasmitida en Leganés de que el Huesca empieza a identificarse como descendido sin remedio. Mal asunto.

 Si algo había tenido el Huesca en el Alcoraz, incluso con Leo Franco y más desde la llegada del corajudo Francisco, es que salía ante su afición a disputar los partidos y terminaba luchándolos a muerte. Las derrotas o los empates venían dados por fallos defensivos, por la falta de puntería sangrante, por una cantada del portero, por la injusticia del VAR… por lo que fuera, pero nunca por no disponer de garra o actitud del primer al último minuto. En esta ocasión, tras veinte minutos de engañoso intercambio de golpes, el Huesca se dejó enterrar en vida en una segunda parte en la que fue dominado y zarandeado por un rival, hay que decirlo, que disputa LaLiga con un Barcelona al que solo distancia en dos puntos. Hay un mundo, un par de satélites e incluso una galaxia entre ambos. Es así.

 Sí es verdad que hubo un partido antes y después del primer gol, un síntoma que suele definir la esencia del ‘Cholismo’, imperativo triunfal del Atlético en las últimas temporadas triunfales del antes ‘pupas’ del fútbol europeo. Ahora, cuando los colchoneros se ponen por delante es casi un imposible remontarles, salvo que sea una final de Champions.

 Antes de este trance, en el minuto 30, se percibió un Huesca agazapado, como el inteligente conejo, cediendo campo y pelota al enemigo en teoría superior (60% de posesión), pensando en su fallo para marcar, pero la realidad era mentirosilla. Es verdad que los madrileños, sobre todo porque Santamaría atajó un uno contra uno a Lemar, no acertaban sus ocasiones, pero sí que se percibía que era una cuestión de tiempo por su dictadura sobre el campo. La superioridad en las bandas, con la incorporación de un perdonado Lucas Hernández y de Santiago Arias, y el dominio de la medular gracias a Rodrigo, Koke y Thomas predecían que los de Simeone se adelantarían tarde o temprano. Al Huesca le duraba la pelota menos que al pobre la alegría.

 Los apretones locales, esporádicos pero eléctricos, propician, no obstante, una lectura más igualada en este primer tercio de partido. Un remate de chilena de Pulido que fue al palo, un tiro a bocajarro de Rivera interceptado por un defensa en su nacimiento y un uno contra uno de Cucho con Oblak, que buscó el regate ante la envergadura del compatriota futbolero de Doncic, fueron las tres clarísimas ocasiones con las que contó el Huesca para adelantarse. Y en todas hubo un común denominador: la lucha y asistencias de un Enric Gallego debutante y titular, sin tiros a puerta, pero con derroche de compañerismo como limitado con el balón en los pies. Buen debut de los fichajes, aunque dos parecen nada para cambiarle las contantes a un difunto en el inicio de la segunda vuelta.

 La gaseosa se evaporó a la media hora. Otra vez se concede un centro lateral, no se logra despejar, la pelota le llega al calculador Koke, que con tiempo para deletrear esternocleidomastoideo y visión panorámica dentro del área, cede a un Lucas Hernández que como un misil llega por la izquierda para derribar las fantasías del Huesca. Lo dicho, con el 0-1 ante el Atlético del Cholismo se suelen terminar los partidos. Si encima sumas que el rival es colista no hay que aclarar mucho más de aquí al final de esta crónica.

 Esta vez tampoco llegó la reacción en la segunda parte. Los cambios tácticos ni de jugadores surtieron efecto. El Atlético se fue atrás e hizo ahora de ‘Robert Rabbit’. Un conejo enorme y despiadado ante un depredador con dientes de leche. El Huesca no generaba peligro con un par de océanos entre Musto y la siguiente línea de creación y sin salida por la izquierda con Pulido y un empequeñecido Ferreiro. Por suerte se mantuvo aún de pie gracias al estado de gracia de Roberto Santamaría, que empezó la temporada de tercer portero. En estas, Griezmann vio entre la niebla al colombiano Arias incorporarse, le hizo un cambio de orientación de primera clase mundial para que el defensa terminara de finiquitar el duelo con un 0-2 psicológicamente insuperable para el colista. Ojo al detalle, los dos carrileros de Simeone marcaron.

 La inclusión de Chimy, Gallar y del debutante y creativo Yángel Herrera no tuvieron efecto en un Huesca torpedeado por un tercer gol de Koke, dominador masoquista del partido. Ni la rasmia ni la valentía valieron en esta ocasión para abrir ni una herida en el caparazón colchonero. La desilusión en una tarde fría paralizó a una grada que terminó en silencio la penitencia de una derrota dolorosa, la primera en Liga por más de dos goles en la era Francisco, otro partido recibiendo goles y que fracciona la fortaleza mostraba en El Alcoraz, quiebra la esperanza nacida en la victoria ante el Betis y hunde al equipo en la peligrosa sensación de que está condenado al descenso. Los gritos de ‘sí se puede’ con los que se despidieron a los jugadores sonaron esta vez a una mofa sin gracia. Un eco evaporado entre tinieblas.
 

 S.D. Huesca, 0: Santamaría; Miramón, Insua, Etxeita, Pulido; Musto (Yangel Herrera, min70); "Cucho" Hernández (Gallar, min.61), Rivera ("Chimy" Ávila, min.53), Moi Gómez, Ferreiro; y Enric Gallego.

Atlético de Madrid, 3: Oblak; Arias, Godín, José María Giménez, Lucas Hernández (Montero, min.86); Lemar (Joaquín, min.90), Thomas, Rodrigo, Coke (Mollejo, min.72); Griezmann y Correa.

Goles: 0-1. min. 31. Lucas Hernández; 0-2. min.52. Arias; 0-3. min.70. Coke.

Arbitro: Cuadra Fernández (Comité Balear). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Etxeita y Enric Gallego y a los visitantes José María Giménez y Correa.

Incidencias: partido correspondiente a la vigésima jornada de Liga disputado en el estadio de El Alcoraz de Huesca ante 7.106 espectadores. El jugador del Huesca David Ferreiro recibió de su club el regalo de una camiseta con el número cien al cumplir en el anterior encuentro dicha cifra de partidos con el conjunto oscense.

 
 
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla