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patrimonio mundial amenazado

La Gran Barrera de Coral de Australia ha menguado a la mitad en 25 años

El calentamiento global es la gran amenaza de la estructura submarina, en la que habitan 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 de moluscos

 

Un submarinista bucea en la zona cercana a la isla de Lady Elliot en la costa australiana de Queensland. - REUTERS / DAVID GRAY

ADRIÁN FONCILLAS
25/10/2020

La Gran Barrera de Coral ha menguado a la mitad en 25 años y solo un compromiso firme contra el calentamiento global la amnistiará. Las alarmas sobre la salud de esos jardines subterráneos de alambicada estructura y explosivo cromatismo se han amontonado en los últimos años pero ninguna es más angustiosa que la del último estudio australiano.

El estudio certifica el alcance de la devastación: alcanza a buena parte de la estructura natural que se estira a lo largo de 2.300 kilómetros frente a la costa australiana, a las aguas más y menos profundas, a los corales pequeños, medios y grandes. Las especies de mayor tamaño, en cuyos recovecos y grietas encuentran refugio los peces y otras criaturas, han disminuido en un 80% o 90% respecto a mediados de los años 90.

La mayor colonia de coral del mundo ha coleccionado amenazas en los últimos años. Ha sufrido un par de invasiones de una estrella de mar conocida como corona de espinas y que mide hasta un metro de longitud, tormentas tropicales varias y el aumento del tráfico marítimo. La más grave, sin embargo, es el blanqueamiento. Sus vivos colores se deben a un alga simbiótica que les sirve de alimento y que desaparece cuando la temperatura sube. Basta una oscilación mínima para que los corales palidezcan y, si continúa el estrés, mueran. El proceso llega por oleadas que coinciden con súbitos calentamientos. Fue descubierto por primera vez en 1998, un año que batió entonces los registros históricos de temperatura, y se han registrado desde entonces otros cuatro con frecuencia creciente: el 2002, el 2016, el 2017 y el 2020. Sostiene Terry Hughes, profesor de la Universidad James Cook y autor del estudio, que no sospechó cuando empezó a estudiar la Gran Barrera del Coral en 1995 que podía cambiar tanto y tan rápidamente.

Una década para regenerarse

La pérdida de los grandes corales es importante para la resistencia del arrecife porque producen la mayor parte de las crías durante la temporada de reproducción. Menos corales pequeños indican un índice más bajo de reproducción y una menor capacidad para recuperarse de las oleadas de blanqueamiento y ciclones, señala por email. Ocurre que incluso las especies coralinas de crecimiento más rápido necesitan una década para una regeneración razonable y el ritmo de blanqueamientos, tres en el último lustro, desliza a la utopía.

Australia ya destinó dos años atrás el equivalente a 340 millones de euros para proteger a uno de sus principales reclamos turísticos. La operación contemplaba la lucha contra especies invasoras y la mejora de la calidad del agua, pero salvar la Gran Barrera de Coral desborda las capacidades de un gobierno.

Su supervivencia depende de que el mundo cumpla el objetivo de mantener el aumento de temperatura global por debajo de los dos grados respecto a la etapa preindustrial que fue adoptado en los acuerdos de París. Contra ellos confabulan las tensiones geopolíticas, las diferentes necesidades productivas y el escepticismo de Donald Trump. Los cálculos de la ONU advierten de que incluso un calentamiento global por debajo de ese listón matará a todas las cadenas coralinas del trópico. E incluso el escenario más benévolo aliviará el destrozo pero no devolverá el esplendor.

Una acción global

La única forma efectiva de incrementar las posibilidades de los arrecifes de coral es una acción global contra los gases de efecto invernadero. Si las temperaturas suben 3 o 4 grados, serán irreconocibles. Así que no hay tiempo que perder, advierte Hughes.

Los arrecifes coralinos son una orgía de biodiversidad. Cubren apenas un 0,1% del suelo marino pero albergan al 25% de la flora y fauna marina. La Gran Barrera australiana, visible desde el espacio, cuenta con 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 de moluscos. Ahí se refugian animales en peligro de extinción como la gran tortuga verde y el dugongo o vaca marina. Todo eso está en juego en la Gran Barrera del Coral, sobre la que en los últimos años pende la amenaza de expulsión de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por su irrefrenable deterioro.

 
 
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