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ENTREVISTA

Thais Villas: "Las mujeres agradecen que haya un espacio con humoristas mujeres"

La intrépida reportera del 'El intermedio' (La Sexta) compagina su trabajo en la calle con los platós de 'Control T' (TV-3) y 'Las que faltaban' (Movistar+)

 

Thais Villas. - FERRAN NADEU

INÉS ÁLVAREZ
22/06/2019

Thais Villas (Fraga, Huesca, 1974) lleva 13 años haciendo uno de los papeles más complicados en la tele: el del reporterismo. Y, además, en uno de los programas más gamberros, 'El intermedio' (La Sexta), donde entró, bromea, pese a tener las gafas más grandes que sus tetas. Pero aún ha encontrado tiempo para presentar 'Las que faltaban' (Movistar+), espacio capitaneado por ocho mujeres y un solo hombre, y 'Control T' (TV-3), donde se ríen de las nuevas tecnologías e internet. Eso sin descuidar la familia que ha montado con el presentador Òscar Dalmau, viviendo a golpe de AVE entre Madrid y Barcelona.

-¿Es fácil trabajar con Wyoming?

-He trabajado con mucha gente y, no me canso de decirlo: con Wyoming es un placer. Llevo 13 años con él y nunca ha venido a trabajar con mal humor. Porque la gente que está en estos niveles, que cobra tanto dinero, aún se permite el lujo de venir cabreada. Y la que tengo que venir cabreada soy yo, que trabajo en la calle y por cuatro duros. Pero eso no ha pasado nunca con él. Siempre viene de buen humor, crea buen rollo, te ayuda en todo lo que puede y está a favor de obra.

-Usted siempre agradecerá a la dirección de 'El intermedio' que no les importara que tuviera las gafas más grandes que las tetas.

-Sí, claro. Recuerdo que al principio estábamos Bea Montañés, Usun Yoon y yo. Había un momento en el que las chicas del programa éramos nosotras. Y un día le dije al director: Te tengo que agradecer una cosa: tiene mucho mérito que en este mundo de la tele, y en La Sexta!, hayas contratado a unas tías que no pasan de una 85 de sujetador. Porque trabajando en La Sexta ves a gente que viene a hacer castings y dices: ¿Qué hago yo aquí?. Porque hay chicas que se presentan que no son de nuestra especie. Tampoco de la suya, ¿eh? Y me dicen: Pero, bueno, luego lo saben hacer. Y respondo: No va de eso, sino de que escojáis de todo. Pero es complicado, porque los que están en los despachos suelen son hombres.

-¿Y cómo se aguanta la risa con las burradas que dice Wyoming?

-Yo me río mucho. Antes de comenzar, ya ha dicho algo de lo que te estás riendo. Y él ya empieza mal, porque, como se está partiendo de la risa, no dice la primera frase

-El que sí que lo ha pasado muy mal es Dani Mateo.

-Ahora está mejor, pero lo pasó mal. Este programa siempre ha tenido muchos detractores y gente que lo querría cerrar mañana mismo. Pero, esta temporada, eso de la tumba y el muñeco de Franco creó malestar. Y, claro, tú no puedes decir que te ofende lo que están haciendo con el muñeco, porque dirán que eres franquista y quedas mal. Pero si en una semana alguien, y ese fue Dani, se suena con la bandera, lo juntamos todo y hay excusa.

-Es un lujo trabajar en un espacio que no se arruga fácilmente, ¿no?

-La verdad es que no nos dicen nada. Después, sí, pero ya está hecho.

-¿Tienen libertad, entonces?

Si no la tenemos, nos la tomamos. Ahora lo dirige una mujer, Carmen Aguilera, que antes era la subdirectora, pero cuando estaba Mikel (Miguel Sánchez), su director durante muchos años, le podían decir misa que él hacía lo que creía conveniente. Aunque tenía muchas luchas. De hecho, le dijo a Carmen: Cógelo tú, que ya estoy harto de luchar y discutir. Me retiro y hago otras cosas.

-¿Cómo vivió la marcha de Gonzo?

-Yo me enteré en el último momento. Mejor, porque si no, lo hubiera estado pasando fatal durante muchos meses. Si hay alguien que puede hacer de Jordi Évole sin ser Évole, porque este es un personaje muy marcado, es Gonzo. Porque lo que hace Gonzo yo no lo sé hacer, solo pocas personas. Es que controla el humor, la política y cierta ética. Y es que a veces debe hacer preguntas no solo incómodas, también algunas, aunque sin faltar al respeto, que a la gente no le sientan bien. A los políticos hay muchas cosas que les debes preguntar que no les gusta que les preguntes. Con lo que es un trabajo muy difícil. Yo no lo sabría hacer.

-Quién le dice que no a 'Salvados'...

-Si Jordi te dice que está cansado, pero que quiere que siga el programa, es difícil decirle que no. Y también es difícil que encuentre a alguien como Gonzo. Y, luego, eso de tal día grabación y tal día tal, bienvenido sea. Hay una cosa pautada que tras tantos años de inestabilidad le dará cierta tranquilidad a Gonzo. Está muy ilusionado. Porque estamos acostumbrados a coger la furgoneta para ir a Badajoz y que a medio camino nos digan: Al final no lo hacemos. Y media vuelta y a Madrid.

-Eso cambiará...

-Sí. Y ahora tendrá que hacer mi vida. Porque, claro, Producciones del Barrio está en Barcelona, y su familia, en Madrid. Si ve que esto tira, la traerá aquí y ya está. Él ya se ha venido de Galicia a Madrid y ahora sería de Madrid a aquí. Hoy en día tienes que estar donde está el pan.

-Usted le ha cogido el gusto a tener techo, porque era bastante 'sintecho'.

-Pues sí. Pero me mola la calle, porque nunca sabes qué pasará... Y, además, voy con un equipo que ya es como una familia. Me habían ofrecido cosas, pero ahora que me lo ponen fácil para compaginar Porque me daría mucha pena dejar 'El intermedio'. Además, es algo medio seguro, con una cierta continuidad. Y si puedes hacer más cosas, siempre aprendes algo. Aunque con 'Control T' y 'Las que faltaban' me he dado cuenta del callo que me había dado la calle.

-Me lo puedo imaginar...

-Yo, que soy insegura, cuando salgo a grabar a la calle pienso que a ver qué me encontraré. Sufro. Cuando me senté a la mesa de estos espacios, vi que solo tenía que controlar. No estoy con la angustia de que si querrán hablar, si firmarán el consentimiento. Hace 13 años que estoy a la puerta del Congreso y me han pasado de todos los colores.

-Como le ha ocurrido a Gonzo, imagínese que le proponen un programa como el de Ana Rosa o Griso.

-Uf, para empezar esta gente se levanta muy temprano. Y, luego, es mucho trabajo. Susanna Griso tiene callo de muchos años de informativos. Yo esta dinámica no la tengo. No he estado en informativos. Siempre he estado vinculada al humor.

-Pese a que ha estudiado Comunicación Audiovisual...

-Sí. Cuando entré a trabajar con Ana Rosa en Tele 5 me colocaron en sucesos. Era un submundo que no entendía. Me dijeron: Tienes que redactar más humano. Pero no me salía de lágrima. Y si lo intentaba, me iba hacia el chiste. Con lo que me pasaron a 'Gran hermano'. Mejor.

-Todavía ha rascado tiempo para presentar 'Las que faltaban', en #0 de Movistar+.

-Cuando me lo propusieron, dije que no, porque ya estaba en 'El intermedio'... Pero como la productora es Globlomedia, me repartieron el tiempo entre ambos. Y estaba muy bien, porque suponía presentar un espacio y podían darse a conocer mujeres muy válidas poco conocidas.

-Un programa casi solo de mujeres. ¿Empieza una nueva era?

-Espero que no sea solo una moda. Se agradece. Como que en deportes se hable del fútbol femenino. Las que faltaban nace de una foto de humoristas en el festival de Vitoria: 17 tíos y dos chicas. Las redes estallaron. Movistar+ ya tenía pensado hacer algo con mujeres y se lanzó a ello, porque la cosa estaba que ardía. Es interesante el 'feedback' de la gente, porque haces humor desde el punto de vista feminista, sin caer en el adoctrinamiento. Las mujeres agradecen que haya un espacio con humoristas mujeres. Solo hay un chico: la cuota masculina. Está muy bien que salgan mujeres que en los circuitos de Comedy Central y bares son conocidas, pero han pasado hambre. Que este programa sea una ventana para ellas.

-Espero no parecer machista si le pregunto cómo se lo monta para encadenar trabajos con dos niños pequeños. A Òscar Dalmau, su pareja, también se lo he preguntado.

-Es que ya se sabe quién se come realmente todo eso, ¿no? Cuando solo tenía la niña, estaba de lunes a jueves en Madrid y venía los fines de semana. Ahora, con los dos, decidí dejarlos aquí y voy y vengo continuamente. Intento pasar como mucho dos noches fuera de casa. Y eso supone viajar mucho más. Pero también he recuperado la sensación de viajar sola, porque durante tres años he ido con un bebé y me conocía todos los rincones del AVE. Ahora me puedo sentar y dormir o leer.

-Hay que aprovechar la racha...

-Sí, yo me fui a Madrid por tres meses y llevo 15 años. La vida me ha funcionado así. No pasa nada por ir y venir. ¿Es más cansado? Sí. ¿Tienes que tener una organización que no te permite saltarte una coma? También. Pero hay gente que está peor. No exageremos. Son problemas del Primer Mundo.