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El ´caramelo´ de todas las promesas políticas

Los más de 15 años que ha costado acabar la A-23 han registrado múltiples compromisos de Gobierno, incumplidos casi siempre.

 

R. L. M.R. L. M. 17/02/2008

Controvertida, polémica, interminable, multimillonaria y claro objeto de deseo político. La A-23, eje Norte-Sur, Somport-Sagunto o autovía Mudéjar ha tardado tanto tiempo en construirse (17 años desde que se empezó a hablar de ella en serio) que su espalda de asfalto está cargada de compromisos de distintos Gobiernos, sistemáticamente incumplidos. Máquinas que llegaron el tiempo justo para hacer la foto, problemas laborales de las adjudicatarias que suspendían durante meses los trabajos, manifestaciones ciudadanas contra determinados puntos de su trazado, inauguraciones virtuales y cortes de cinta reales protagonizados por altos cargos de ambos colores.

En 1991 el Gobierno aragonés planteó al central distintas fórmulas para acelerar la entonces autovía de Aragón, adelantando la financiación desde la comunidad autónoma. Querían empezar las obras en 1992 y no en 1996, como estaba previsto. Pero los primeros noventa se fueron en la discusión política y en los interminables retrasos burocráticos. La DGA nunca adelantó dinero, porque Madrid no quiso. Hubo que esperar hasta 1998 para completar la autovía entre Zaragoza y Huesca. Y dos años más para abrir al tráfico los escasos diez kilómetros entre Huesca y Nueno.

Por el sur las cosas no fueron mejor. Primero el retraso se encajonó en el debate sobre el trazado básico: ¿La autovía debía cruzar el eje del Jiloca o el de las Cuencas Mineras? Debates interminables que se saldaron en favor del primero. Pero esta elección aragonesa no abrió sino una nueva discusión que movilizó a cientos de personas durante años: los defensores de que la vía de alta capacidad pasara más cerca de Daroca de lo que se pretendía. Sus múltiples actos no tuvieron éxito y el eje transcurre a diez kilómetros del municipio.

Por fin, se puso la primera piedra de la A-23 entre Zaragoza y Teruel: el 21 de diciembre de 1998. Fue en Santa Eulalia, hasta donde se desplazó Rafael Arias Salgado, entonces ministro de Fomento con el PP. Al día siguiente, las numerosas máquinas colocadas para el acto ya no estaban. Y no regresaron hasta cuatro meses después. Curiosamente, se escogieron dos tramos intermedios, Santa Eulalia-Monreal y Monreal-Calamocha, para empezar los trabajos, en el convencimiento de los dirigentes aragoneses de que Fomento no tendría más remedio que continuar para no dejar un trozo de autovía en medio de ninguna parte. Paralelamente, avanzaban las obras entre Teruel y Sagunto, que se unieron definitivamente por este eje el pasado mes de diciembre, antes que Teruel y Zaragoza, que lo harán el 21 de febrero del 2008.

No han faltado problemas de las adjudicatarias en esta parte del eje. Ni reivindicaciones. Ni retrasos. Ni decenas de promesas políticas según las cuales tenía que haber estado todo listo en el 2004. Ni incumplimientos que han hecho que pasaran casi dos décadas en la ejecución de toda la infraestructura. Aún quedan, por cierto, casi 80 kilómetros de Nueno al Somport.

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