En la comisión que dio a luz la Constitución de 1978, el presidente dio la palabra a «la único diputado» cuando se votaba el artículo que consagra la igualdad entre sexos. «Es verdad que la votación ha sido unánime y sin disidencias, como estaba reclamando nuestra sociedad. Pero las mujeres no vamos a dar las gracias por ello», sentenció. María Teresa Revilla (Tetuán, 1936), diputada de UCD entre 1977 y 1981, dice que siempre tuvo miedo a qué decir; lo arrastraba de una época en la que se enseñaba a las mujeres a morderse la lengua. Pero en aquella comisión, a la que llegó tras pedírselo ella misma a Leopoldo Calvo-Sotelo, su voz sonó firme. Han pasado 40 años y, a sus 82, su entusiasmo y convicciones siguen siendo las de entonces.

­—Siempre se habla de los ‘padres’ de la Constitución. ¿No tuvo ‘madres’?

—No tuvo madres, pero hay que entenderlo. Yo era muy joven y no tenía la experiencia. Las mujeres veníamos de una situación tan distinta… No había mujeres para elegir para participar en esa ponencia, realmente fue así y no se puede tomar a mal.

—¿Le disgusta que se ponga el acento en que es mujer?

—Aún ahora a mí me interesan los problemas no exclusivamente femeninos. La Constitución era importante por traer la democracia y eso traía como consecuencia cambiar la situación de las mujeres. Se hizo no con prisa, pero sí tratando de conseguir acuerdos. Hay otras cosas que habría que cambiar, aunque ahora no sea urgente, como la preferencia del varón en la sucesión en la Corona…

—Usted se abstuvo.

—¿Cómo no? Me decía María Izquierdo que fue el Rey quien pidió que se pusiera así. A pesar de que fuera el Rey, yo no lo entendía. Y aún ahora no lo entiendo. Puse una enmienda, pero me obligaron a quitarla. ¿En qué cabeza cabe que el artículo 14 diga que todos son iguales ante la ley sin distinción por sexo y después en la Corona se prefiera al varón? Es una aberración y está en la ley suprema.

-El artículo 14 se aprobó por unanimidad y usted tomó la palabra en el Congreso.

­—No hubo enmiendas, pero tampoco se veía a los hombres muy entusiasmados. No vi que le importara a nadie que se hubiera reconocido la igualdad de sexos. Pero yo estaba obligada a hacer un discurso diciendo por qué las mujeres queríamos ‘poder ser para ser lo que podamos’.

—¿Pensaba que la Constitución acabaría cumpliendo los 40?

—¿Quién sabía eso? Ha tenido un mérito extraordinario, de los ponentes y de los españoles. Pero han pasado muchos años y no todo se hizo bien tampoco.

-¿Tienen los políticos ahora menos altura de miras?

—Yo ahora conozco poco a los políticos, pero la ley electoral impide que las personas más preparadas vayan al Congreso de los Diputados. La primera virtud no es ser los mejores, sino ser los más manejables.

—¿Es necesarias una reforma?

-No, sinceramente. Puntualizando ciertos artículos y haciéndolos coherentes con la realidad.