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El Periódico de Aragón

Eugenio Mateo

El artículo del día

Eugenio Mateo

Narrador y poeta

A propósito de Pegasus

Llevamos el espía puesto, nada de lo que digas, escribas, compartas, será anónimo

'Pegaso' era un caballo alado y por tanto volador, montura de Zeus, dios del cielo y de la tierra. Llevando de jinete a Belerofonte dieron muerte a Quimera, bestia de múltiples cabezas que asolaba territorios de la antigua Grecia; igualmente, cabalgado por el héroe vencieron a las amazonas, pero la ambición de Belerofonte quiso obligar a 'Pegaso' a llevarle al Olimpo para convertirse en un dios, cosa que molesta a Zeus por su osadía y envía un mosquito que pica el lomo de 'Pegaso' y precipita al vacío a Belerofonte, lisiado y condenado a vagar aislado y solitario de por vida y obligado a recordar su gloria pasada. Hasta aquí, mitología de Wikipedia.

De pronto, los israelíes, probablemente el país mejor preparado en espionaje y contraespionaje, inventan un sistema de escucha electrónico para espiar con impunidad a todo aquel al que convenga tener controlado. Solo se lo venden a países, según se ha leído en la prensa, preferentemente amigos, claro, aunque no aseguraría mucho que al final no llegase a manos inapropiadas para sus intereses. Con lo cual, todo dios podría espiar, pero a su vez ser espiado. Supuesto, por cierto, que eso ya está ocurriendo.

Gregor

Agravante

El caso es que nos hemos enterado que el sistema Pegasus ya estaba en España. También, de un buen revuelo en las redes y en los despachos. Al parecer, unos cuantos ciudadanos se sienten espiados y exigen una explicación. Nada nuevo, nos decimos leyendo en el móvil que qué nos pareció un restaurante en el que estuvimos ayer. Sin ir más lejos, hoy me decía Facebook que si conocía a una persona con la que compartí asistencia general a un acto. ¡Eso sí que es espiar! Con el agravante de no ser inocentes y tener mucho que ocultar, llevamos el espía puesto. Nada de lo que digas, escribas, compartas, será anónimo. Nadie ignora que tú no ignoras. Por eso, para nosotros, la opinión pública, el caso no tiene más recorrido, incluso si hubiera trastienda.

Huele a quemado entre los espías. A mí me recuerda a esos espías de las películas a los que antes de ir a una peligrosa misión se les aseguraba que nadie les reclamaría si fracasaran, y el actor ponía cara de querer ser James Bond.

En cualquier caso, entrar en la cuestión del espionaje es tan arriesgado como entrar en una taberna del 'far west'

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En cualquier caso, entrar en la cuestión del espionaje es tan arriesgado como entrar en una taberna del 'far west'. Nunca sabes lo que te vas a encontrar debajo de las escupideras. Por si acaso, lleva una cápsula de cianuro en el diente postizo, forastero, en evitación de males mayores. Pero, si se lee entre líneas, surge la gran pregunta: ¿Quién controla al que controla? Y da para tantas elucubraciones que es mejor irse a tomar un vermú con gamba. Cuando vuelvas todo seguirá igual, o sea, nada nuevo.

La sociedad anda tan tensa por el castigo que solo intenta priorizar: 'Primum vivere deinde philosophari'. A una mayoría no le importan cosas de las que son ajenos, como el espionaje. Lo más seguro es que estén barruntando por tanto avión de guerra como se ven en estos días yendo y viniendo, y por supuesto, haciendo cábalas de por qué se ha doblado el precio de la borraja. Todavía no se quieren imaginar lo que nos espera si a los augurios hubiera que hacer caso.

En cualquier orden de cosas y para no caer en la abulia mental que nos rodea, diré que todo no vale. En democracia no todo vale y eso lo deberían saber los que se dedican a la política. Hay líneas que no se deben cruzar, pero no se caiga en el auto de fe antes de entender que no hay buenos y malos, aparte claro está de los perversos congénitos. Los intereses priman y ya parece asumirse que habrá que cambiar el chalet por el búnker antinuclear.

A bordo de un seiscientos

¡Qué cosas! Parece que fue ayer cuando los 'class-media' salían al campo a bordo de un seiscientos. Iban de merienda y los únicos ruidos de avión los producían las libélulas. Entonces se espiaba de otra manera, más de a pie, como las guardias a la puerta de tu casa. Incluso se podía jugar al ratón y al gato con tu perseguidor, siempre, claro, que el otro aceptara jugar un rato. Pero, como los tiempos han cambiado que es una barbaridad parece probado que uno de los sectores donde más se ha desarrollado la tecnología es en el de la seguridad, eufemismo de control. No me olvido de aquella historia que cuenta de un pueblo en el que todos se espiaban con afán. Llegó un día en que no hubo más secretos que espiar. Nadie quería tener nada que ocultar. El mítico Pegasus quedaría inservible, todos los conflictos acabarían en paños menores, con las vergüenzas al aire, y claro, desnudos no engañamos. La solución, a mi manera de ver, pasa por regalar a cada comunidad un Pegasus último modelo. ¡De las que se iban a enterar los operadores multilingües!

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