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Las niñas con las niñas

La escuela debe integrar a no ser que piense solo en el relevo generacional del sistema económico.

JOSÉ BadaJOSÉ Bada
17/04/2009

 

Claro que hay diferencia entre niño y niña, pero la naturaleza no separa a los niños de las niñas. Eso lo hace la cultura y, en consecuencia, puede hacerlo la escuela. Durante décadas, bajo el franquismo, hubo escuela de niños y de niñas por separado. De la misma manera que durante siglos los hombres, cuando iban a misa, se sentaban al lado del evangelio y las mujeres al de la epístola. Pero ya hace mucho que en las iglesias no hay bancadas sólo para mujeres, ni espacios reservados a las mujeres como en las mezquitas. A los niños tampoco se les separa de las niñas en el catecismo y, a falta de monaguillos, se admiten ya "monaguillas". No obstante la Iglesia Católica discrimina aún a las mujeres y les niega el acceso al sacerdocio; aunque todo se andará con el tiempo incluso en una institución que recorre la historia con pies tullidos.

Por lo que se refiere a la escuela la educación mixta es lo normal desde hace décadas y una reliquia --profana, o sin devotos salvo que sean del Opus-- la educación segregada. La separación por sexos en la iglesia y en la escuela, me recuerda la prohibición del agarrado en los bailes. La guerra del baile en la posguerra pertenece a la "amarga memoria" de mi generación, hubo pueblos en los que se pegaron por eso después de matarse por aquello. Esa guerra fue a la par de otras guerras menores o guerrillas contra el uso preceptivo de la mantilla y la prohibición de la manga corta en las iglesias o en defensa de la minifalda en la calle, y se adelantó a la guerra del bikini en las piscinas y del destape en las películas. Que de todo hubo y no faltaron escaramuzas contra los "talibanes", ni atentados contra la moralidad pública establecida por el régimen nacional-catolicista. De modo que con anterioridad a la lucha por la libertad de asociación y de expresión, hubo otras batallas y victorias que prepararon la transición a la democracia. Sin embargo antes de ese paréntesis, de esa "edad media" dentro de la historia contemporánea, hubo educación mixta en España. Yo mismo aprendí a leer en una escuela libertaria, sentado en un pupitre junto a la hija de un sastre vestida de miliciana. Pero aquello fue un episodio, como lo es hoy por ventura todo lo contrario.

Actualmente en España no llegan a 60 los colegios concertados --la mayoría del Opus-- en los que se practica la segregación de los alumnos según el sexo. De acuerdo con una sentencia del Tribunal Supremo, esta escolarización segregada es legal pero las comunidades autónomas cuyas son las competencias educativas no están obligadas a subvencionar los colegios que la practiquen. Y lo previsible es que no la subvencionen.

Entretanto se ha iniciado un debate a propósito de la enseñanza impartida por igual a niños y niñas, en la escuela mixta, con desigual fortuna. El descalabro del fracaso escolar en España se debe fundamentalmente al fracaso de los muchachos, incapaces de aprobar la ESO en un 36%, a diferencia de las muchachas que la aprueban en un 75%. Con lo que, según datos del Informe PISA, las alumnas españolas alcanzarían prácticamente los mismos niveles de aprendizaje que la media de los alumnos en los países de la OCDE. Lo que nos lleva, inevitablemente, a replantearnos el problema de la escuela mixta o, mejor, de la educación mixta.

QUE LAS MUJERES maduran antes que los hombres y que haya una base biológica distinta que condiciona el aprendizaje, son hechos que pueden explicar la diferencia observada en los resultados. Pero hacer de esta diferencia un pretexto para la segregación lo considero un error pedagógico de bulto. Una escuela solo para niños no puede desarrollar en su conjunto la diferencia de los niños, ni la de las niñas. La igualdad de género no implica una confusión natural sino una igualdad social, que solo es practicable salvando las diferencias y, por tanto, en deferencia y referencia mutua.

Los niños con los niños, no. Ni las niñas solo con las niñas. Educar no es lo mismo que enseñar. Puede que sea necesario un ritmo y un método distinto para el aprendizaje, pero la complejidad que esto comporta y la atención requerida en cada caso no justifica la segregación. Las ventajas de un aprendizaje específico no compensan las desventajas para una educación integral de las personas. La escuela ha de iniciar en la convivencia e integrar en la sociedad. A no ser que se piense solo en el relevo generacional del sistema económico. Pero no es eso, digo. Ni depende la excelencia humana de los alumnos o el éxito de la escuela.

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