La hostelería ha sido una de las actividades que más ha sufrido las secuelas económicas de la pandemia, pero dentro de este sector son los hoteles los que peor lo han pasado. Bien lo saben los miles de aragoneses que trabajan en estos establecimientos, que se han visto inmersos en expedientes de regulación temporal de empleo por culpa del coronavirus.

Este es el caso de Alberto Lisa Gracia, de 52 años, que es recepcionista del hotel Boston de Zaragoza. «Llevo en el erte desde el 18 de marzo del año pasado. De buenas a primeras dijeron que cerraban y así seguimos casi 15 meses después toda la plantilla», relata. Al principio, pensó que sería «una cosa pasajera», pero los meses fueron pasando y las restricciones sanitarias hicieron imposible la reapertura de buena parte de los alojamientos por falta de clientes. «No me podía creer que esta situación iba a durar tanto», confiesa.

En septiembre, viendo que la suspensión de su empleo se cronificaba y que no había visos de volver a la normalidad, decidió «no perder el tiempo del todo» y formarse en la medida de lo posible. Desde entonces ha realizado un total de nueve cursos impartidos a través del Instituto Aragonés de Empleo (Inaem). El primero fue de informática, pero también ha progresado en idiomas, incluso ha hecho sus pinitos con el chino, una lengua de referencia para el turismo local, ya que de ese país procede el mayor número de visitantes extranjeros que llegan a la ciudad, al menos hasta que estalló la pandemia.

También se ha formado en otras temáticas como contabilidad o programación, todo un ejemplo de perseverancia y apuesta por la mejora de su capacidad y perfil profesional de cara a la vuelta al puesto de trabajo, que «tarde o temprano llegará», confía. Saber cuándo ocurrirá todavía es una incógnita. «A corto plazo no lo veo muy claro. Zaragoza no es un destino muy demandado en verano y está por ver qué pasa con el regreso de los turistas internacionales, que son nuestro principal cliente», explica. En su misma situación se encuentran las 20 personas que forman la plantilla de este hotel.

Aunque a «ciencia cierta no se sabe», cree que septiembre se antoja como el mes con más papeletas para su regresar al mostrador del hotel, donde lleva trabajando 25 años. «Ojalá sea antes, porque quiero volver a trabajar, pero este verano lo veo difícil y no voy a hacerme ilusiones», afirma.