Siempre que se acerca el día de la reunión bilateral entre el presidente de Aragón y el alcalde de Zaragoza, en las vísperas se producen movimientos sísmicos de baja intensidad que enrarecen y tensan las relaciones entre ambas instituciones. Sucedió en la época de Biel y Belloch, en la etapa de Gimeno y Rudi, y tal vez la relación más cordial haya sido la de Azcón y Lambán, a pesar de que de vez en cuando intenten aparentar serias diferencias. El acuerdo de hoy se suscribe tras un trabajo previo que es el importante en cualquier reunión bilateral, y sobre todo por el éxito que supuso en 2017 aprobar una Ley de Capitalidad tras años aparcada en un cajón. Esa ley, nada fácil de consensuar, delimitó bien las competencias de la ciudad y saldó en materia de financiación una deuda histórica que tiene la comunidad autónoma con su capital (frente a la creencia más popular extendida de que la Administración autonómica olvida al territorio para beneficiar a Zaragoza, esta siempre ha estado infrafinanciada). Por tanto, el acuerdo de hoy no hace sino aplicar esta ley y su capítulo específico sobre financiación. Es bueno para ambos porque mejora lo existente y pone el contador a cero en las polémicas que surjan cuando, el 18 de diciembre, Azcón lidere la oposición autonómica. Tanto él como Lambán se han dejado tras la reunión algún as en la manga para rebatirse.