Óscar Paz, de 44 años, es un exreligioso pasionista que afirma haber sido objeto de abusos sexuales por parte de otros clérigos cuando estaba en el seminario de la congregación en Zuera, en los años que van de 1989 a 1998.

"He sufrido acosos, amenazas y hostigamientos", relata Paz, que utiliza un seudónimo y en la actualidad es sacerdote, pero no está adscrito a ninguna diócesis. Aquellas agresiones contra su libertad e indemnidad sexuales fueron un infierno para él, del que trató de salir haciendo uso de las herramientas a su alcance.

Cuando denunció los hechos presuntamente ocurridos ante la Justicia penal resultó que "los delitos habían prescrito". Y tampoco le sirvió de nada recurrir ante la Justicia eclesial o canónica, afirma. "Por esa vía no se saca nada", asegura. "Roma desestimó mi causa y se quedó en nada".

"Sufrí abusos sexuales por parte de dos sacerdotes, dos personas que eran profesores y de las que dependía por el tema de las notas", asegura. "Entonces se consideraba un privilegio estar en el seminario, pero aquello se convirtió en una pesadilla para mí", explica.

"Su argumento en mi contra fue que estaba desobedeciendo y de hecho me abrieron un proceso por desobediencia", continúa. La cuestión es que, a raíz de esos sucesos, necesitó tratamiento psicológico. "Eran personas que entonces tenían entre 35 y 40 años y yo rondaba los 12 años", señala. "Su defensa fue que decían que yo estaba difamándoles", agrega Óscar Paz.

Al final tuvo que salir de la congregación por esa supuesta actitud de desobediencia, relata.

El expasionista sostiene que aquellos supuestos abusos sexuales determinaron su sexualidad para el resto de su vida. "Todo lo que soy es producto de esa situación de abuso sexual", subraya. Quizá su vida hubiera sido distinta, piensa, de no haberse producido esas presuntas agresiones sexuales. Quién sabe, se dice, si estaría casado y tendría hijos.

Óscar Paz ya sacó a relucir su drama hace varios años y no le importa volver a él, aunque lo que busca, dice, es que le dejen "tranquilo". "Todo lo que sea dar apoyo a las víctimas nunca llega tarde, porque ser víctima de abusos sexuales es ser un muerto en vida", recalca. "Es una experiencia muy dolorosa".

Con todo, no ha perdido la fe en la denuncia. De hecho, manifiesta, que "nunca es tarde" para que la sociedad conozca qué le pasó a él y a todas las víctimas de supuestos abusos en instituciones religiosas, desde colegios y campamentos de verano a seminarios.

"Para ellos es desagradable lo que pasó, pero más lo fue para mí", continúa. "Creo que faltó un espacio para el diálogo", comenta.

El tratamiento psicológico empezó en 2012 y se prolongó hasta 2015. "Lo necesito, pues el pasado sigue volviendo a mí en forma de pesadillas", indica.

Además, asegura que tuvo problemas para recibir la terapia psicológica porque estuvo dos años en que fue destinado a un ciudad en la que no podía recibir este tipo de asistencia.

Ahora, con la propuesta a las Cortes de crear una comisión de investigación de los presuntos abusos sexuales de la Iglesia, se abre una "esperanza" de que la verdad se abra camino.

Pero Óscar Paz, que trabaja como responsable de una oenegé en El Salvador, considera que las pesquisas de los parlamentarios no van a llegar muy lejos en la revelación de la vida secreta en las instituciones religiosas durante largas décadas.

"Creo que esta nueva política es más bien fruto del oportunismo de los partidos", afirma, por lo que no cree que llegue a nada. Por otro lado, Paz subraya que "la Iglesia conserva un poder exorbitante" que hará que el poder político no llegue al fondo del asunto.

En este sentido es pesimista respecto del resultado que alcance la comisión cuando finalmente presente sus conclusiones.