El Periódico de Aragón

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EN PRIMERA PERSONA

Aragoneses ayudados por los paliativos: "Son una tabla de salvación que te ayuda a respirar"

Familiares relatan a EL PERIÓDICO como la ayuda de estos equipos se vuelve "fundamental" en un momento tan difícil

Los cuidados paliativos se convierten en un apoyo para los pacientes. SERVICIO ESPECIAL

Varios familiares de pacientes aragoneses que reciben o han recibido la ayuda de los cuidados paliativos relatan a EL PERIÓDICO como el trabajo de estos equipos se vuelve "fundamental" en un momento tan difícil.

Ascensión Martínez: "Desde el primer día nunca nos han soltado de la mano»

Ascensión solo tiene palabras de agradecimiento hacia Marta y Olga, médica y enfermera de paliativos que una vez a la semana visitan a su madre, Felisa Gracia, de 88 años, en su casa de la localidad turolense de Martín del Río. También para las que la atendieron en el hospital donde estuvo ingresada. «Tuvo cinco intentos de diálisis porque le funcionaba muy poquito el riñón. Tuvieron mucha paciencia pero no pudo ser porque no lo aceptaba y le bajaba la tensión y su cuerpo no podía»; así que la opción era estar en casa y desde principios de este año, Marta y Olga, Olga y Marta «no nos han soltado de la mano».

Felisa sabe que tiene una enfermedad en los riñones pero desconoce la gravedad de su mal. Solo le funcionan un 8% los riñones. «Es una persona muy bajita y desde siempre ha sido muy cobardica», así que Ascensión, junto a su hermano y los médicos, decidieron no darle toda la información.

Ascensión, junto a su madre, durante un paseo en Martín del Río SERVICIO ESPECIAL

Desde entonces, acuden una vez a la semana porque «tienen que poner las medicinas en el difusor» y si hay algún tipo de problema, avisa al médico o al enfermero de Martín del Río o a Utrillas que, «a pesar de cómo están y de la falta de médicos jamás tienen una mala contestación ni me han dicho que no pueden atenderme».

«Marta va a atender a mi madre y Olga, según como me ve, me abraza». Siempre tienen un momento para cada una", cuenta Ascensión.

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A veces tiene que llamar porque Felisa está conectada a una máquina y «alguna vez la aguja se le sale y ahí es donde va la medicación», explica. Y es que ella se levanta, desayuna, ve fotos o vídeos de los nietos o sale a dar un paseo, pero sobre todo «porque estoy con ella», por eso tiene calidad de vida porque «ella solo quiere dormir» por la medicación tan fuerte toma.

Ascensión asegura que es duro «tener dos papeles», uno delante de su madre y otro cuando aparecen por la puerta de paliativos. Normalmente «Marta va a atender a mi madre y Olga, según como me ve, me abraza». Siempre tienen un momento para cada una y «eso que van siempre súper rápido». 

Considera que «falta gente como ellas, que quieren estar contigo pero muchas veces no tienen tiempo. Necesitan descansar y pese a que los veo cansados, siempre están con una sonrisa». De hecho, reconoce que pese a «estar sin medios», «no me han dejado sola nunca. Cuando abro la puerta ya ven si necesito un roce o una palmada en las espalda», concluye. 

Ana María Gutiérrez: "Son una tabla de salvación que te permite respirar"

Una paz «infinita». Así describe Ana María Gutiérrez lo que sintió durante el tiempo que el equipo de cuidados paliativos cuidó de su marido y de ella misma. «Sufrió un cáncer que durante dos años y medio le provocó muchos altibajos físicos y mentales. Los ingresos eran largos y el ánimo cada vez iba peor", dice.

Ana María Gutiérrez perdió a su marido, que requirió de cuidados paliativos. SERVICIO ESPECIAL

"Él siempre fue consciente de la situación, pero un día ya me dijo que los milagros se habían acabado y fue entonces cuando empezamos con los paliativos», recuerda.

Gutiérrez es auxiliar de enfermería, por lo que ya conocía el trabajo de estos equipos. «No tuve duda en solicitarlos y mi marido también estuvo de acuerdo. Los pacientes que tienen opción de tenerlos son unos afortunados, no me puedo imaginar que sea un recurso que se vaya a recortar, sino que tendría que ir a más», considera.

Desde su experiencia apunta que los cuidados paliativos le ayudaron a prepararse para el final. «Cuando en una situación así alguien viene, te echa un cable y te orienta es como una tabla de salvación que te permite respirar. Nadie está preparado para una despedida, pero ellos te guían para afrontarla y seguir adelante», indica. 

María Jesús Orós: «Sin Pilar y sin María, me habría sentido muy sola»

Hace 11 años que el marido de María Jesús Orós falleció en Calatayud. Un tumor en el cerebro le desencadenó varias crisis epilépticas y la última, que tuvo lugar el día de Reyes, «le dejó muy tocado», recuerda. «No había más opciones que los paliativos y gracias a las chicas que venían a casa, Pilar y María, no me sentí sola. Sin ellas, lo habría pasado muy mal», cuenta la aragonesa.

«En cuanto llamabas porque pasaba algo o necesitabas algo, enseguida hacían por venir. Estuvimos con ellas entre enero y agosto y mi marido estaba deseando de que llegaran a casa», cuenta.

"Los cuidados paliativos son necesarios en el sistema sanitario. No tendrían que faltar, al contrario, deberían aumentarse", dice una familiar.

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«Les cogimos mucho cariño y él las esperaba con ganas. El día de San Roque, que es el patrón de Calatayud, él les dijo que ese día había preparado vermú y que se quedarán. A pesar de todo, lo llevó con humor y la relación fue muy cercana», explica.

La disposición de los cuidados paliativos son, según Orós, «necesarios» en el sistema sanitario. «No tendrían que faltar, al contrario, deberían aumentarse», insiste. «Me repararon, siempre estuvieron conmigo, lo hablábamos todo y, ya al final, te dicen qué hay que hacer y cómo va a ser el proceso», cuenta. «De inicio todo te parece inasumible y crees que no vas a poder, pero te tranquilizan mucho», reitera.

"En una situación así, le digo a la gente que no dude en pedir los cuidados paliativos porque ayudan al paciente, pero también a la familia. Es un proceso muy duro, pero el apoyo psicológico que aportan es fundamental», añade

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Su marido Eduardo falleció en casa después de haber estado más de un mes ingresado en el hospital San Juan de Dios de Zaragoza. «Empezó a empeorar y ya optamos por volver. En una situación así, le digo a la gente que no dude en pedir los cuidados paliativos porque ayudan al paciente, pero también a la familia. Es un proceso muy duro, pero el apoyo psicológico que aportan es fundamental», dice.

Un año después de fallecer su marido y tras cumplir un periodo de duelo, María Jesús se hizo voluntaria de la Asociación Española contra el Cáncer y acude una vez a la semana al hospital Ernest Lluch. «Quise ayudar a la gente que estaba pasando por un proceso que yo ya conocía. La experiencia es fabulosa porque me reconforta esa sensación de consolar a quien lo está pasando mal», asegura.

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