Kiosco

El Periódico de Aragón

Las listas de espera llegan a los huertos urbanos de Zaragoza

El autoconsumo y los hábitos saludables disparan la demanda para el cultivo / Los terrenos se quedan pequeños y los propietarios plantean ampliaciones

Una de las parcelas cultivadas de los huertos del barrio de La Almozara. | ÁNGEL DE CASTRO

La lista de espera ha llegado a los huertos urbanos de Zaragoza que han colgado el cartel de completo a la espera de que la cosecha de sus frutos. La oferta en la capital es muy amplía y variada, con equipamientos públicos y privados, pero la demanda es tal que ya no hay hueco libre, así que algunos ya piensan en solicitar los permisos para ampliar la superficie cultivable.

El boom de los huertos urbanos no es nuevo y antes de la pandemia ya eran muchos los que se lanzaron a labrar las tierras. Desde Huertolandia, Emilio Comín, explica que colgó el cartel de completo antes de la crisis sanitaria. «La gente no cultiva por la subida de los precios, es una actividad que asocian al ocio, a la calidad, y todos destinan sus productos al autoconsumo», subraya el responsable de unos 800 huertos que abrieron en 2010 y que se reparten entre La Almozara y la carretera de Castellón.

Tras constatar que no se trata de una moda pasajera, asegura que la lista de espera seguirá creciendo porque la rotación es mínima. «Además, en nuestro caso, cuando una persona deja su parcela puede elegir a quién se la cede, que normalmente es un amigo o un familiar. En el 90% de los casos sucede», comenta.

En Zaragoza, un agricultor urbanita puede tener una parcela de 50 metros cuadrados por 20 o 35 euros al mes, dependiendo de si es privado o municipal. Esta superficie es la más elegida, aunque también hay opción de elegir una más pequeña, de 30 metros cuadrados y los que acaban cogiéndole el gusto a esto de cultivar y quieren ampliar su terreno suelen compartir espacio con otros agricultores. «El perfil es muy variado pero sí que hemos detectado que hay más jóvenes y mujeres. Al principio venían adolescentes, pero duraban muy poco tiempo», admite.

Mayores y pequeños trabajan en el huerto de Distrito Sur. | EL PERIÓDICO

En Valdespartera, junto al centro vecinal del barrio hay un terreno de 120 metros cuadrados que cultivan diez familias y que se les ha quedado pequeño. «Tenemos gente esperando y le hemos solicitado al ayuntamiento que nos de permiso para aumentar la zona de huerta», explica Juan Valiente, uno de los agricultores y miembro del Grupo de Medio Ambiente del Distrito Sur que se encarga de la gestión de la huerta.

«Aquí todos somos principiantes y recurrimos a YouTube para aprender», admite, aunque a veces reciben alguna visita con recomendaciones. «Hace unos días vino una mujer de 70 años que había labrado sus tierras y nos estuvo contando sus experiencias y algún consejo que nos vino muy bien», confiesa.

En Rosales del Canal hay 173 personas apuntadas en la lista de espera para poder rascar uno de los 380 huertos, todos ocupados. «Antes de la pandemia, en mayo, tuvimos un pico de solicitudes y durante el confinamiento no tuvimos ninguna baja», explica su responsable, María Pilar Bescós, que se encarga de mantener todos los huertos y plantar los primeros tomates de temporada.

«Hubo un boom antes de la pandemia y ahora se mantiene. Todos los días recibimos llamadas de gente que quiere lanzarse al cultivo para el autoconsumo».

La marca ‘Huerta de Zaragoza’ continua en el aire

La Plataforma en Defensa de la Huerta de Zaragoza reclamó esta semana al consistorio que impulse la marca Huerta de Zaragoza, tal y como se comprometió el pleno en 2017, cuando se aprobó la ordenanza para el uso y gestión de la Marca Huerta de Zaragoza. Han recabado un millar de firmas para presionar en la casa consistorial, donde dicen que no es tan sencillo. Según explicó la concejala de Medio Ambiente, Patricia Cavero, durante la comisión de pleno, «es imposible garantizar la trazabilidad del producto». Un «problema» que intentaron salvar con la firma de un convenio con el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica (CAAE). Sin embargo, y pese a tener una propuesta formal, según Cavero, la consejería de Agricultura lo rechazó. «No estaban de acuerdo y lo paralizaron», aseguró la concejala, que insistió en que «si hay que convencer al consejero Olona, lo intentaré». Pero en la consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente nada saben al respecto, ni de la negociación entre el ayuntamiento y el CAAE ni del convenio en cuestión. 

Compartir el artículo

stats