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Teresa Clemente, enferma de esclerosis múltiple: «Disimulaba mis tropiezos»

A la aragonesa le diagnosticaron esclerosis múltiple en 2004 y durante cinco años ocultó la enfermedad en su entorno laboral

Vida normal 8 Teresa Clemente es optimista por naturaleza. | EL PERIÓDICO

A sus 48 años, Teresa Clemente se define como optimista por naturaleza; y eso que cuando le diagnosticaron esclerosis múltiple, se dio un «sofocón». Es la «enfermedad de las mil caras» porque «su sintomatología es muy heterogénea». A ella le empezaron en 2004: «desequilibrio, visión doble...» eran los principales. Teresa es «un ejemplo de discapacidad sobrevenida en el tema laboral», ya que llevaba trabajando en una empresa desde 1999 pero decidió «disimular mi cojera para que no se notara la enfermedad»; y eso que sufría de tropiezos habituales. «En la empresa no me caí nunca, pero por la calle sí, y eso que iba concentrada para andar bien», señala. Eso suponía mucho esfuerzo y mucho cansancio»; porque «la visión doble la sufría solo yo, pero lo más llamativo era la torpeza al andar».

En 2009 y «tras mucho aguantar» conoció Fadema (la Fundación Aragonesa de Esclerosis Múltiple) y decidió hacer terapia, pero antes tuvo que pedir una reducción de jornada laboral, que «aceptaron y se adaptaron las tareas a mis limitaciones», explica. Preguntada por si se arrepiente de haber disimulado, contesta que «arrepentirme no, pero hubiera sido todo más cómoda», reconoce Clemente.

Ahora, lleva «una vida normal». Anda con una muleta y «estoy encantada», pero solo por la calle porque «voy más cómoda». Con la pandemia llegó el teletrabajo y ahí sigue, lo cual le facilita mucho porque le evita traslados y «kilómetros y gastos» porque su empresa está situada en Plaza.

Los primeros momentos del diagnóstico fueron los peores. «Me di un sofocón, sobre todo cuando te dicen que es crónica», recuerda; pero «soy muy positiva y eso me ayudó», al igual que el apoyo de toda su familia. «Te cuesta aceptar la situación pero es importante para sobrellevarlo», señala. Se informó en internet y vio que el estado físico era importante, así que acudió a un centro de nutrición y «conseguí mi peso ideal», importante para «la movilidad y estar más ágil pero también para mejorar la autoestima». Además, acude a rehabilitación y hace yoga, porque el ejercicio físico es esencial.

Por eso, aconseja que lo primero cuando se diagnostica es «abrir los ojos, aceptarlo» y acudir a Fadema porque es un punto de encuentro «y hay muy buen ambiente» y, sobre todo, «movimiento y un estado físico digno».

En cuanto a los tratamientos, asegura haber pasado por «varias versiones», desde pinchazos subcutáneos alternos en brazos y piernas cada dos días a gotero mensual y actualmente «vía oral cada 12 horas una y una al día la otra» y dice estar «muy contenta» con la efectividad porque desde hace once años no le da ningún brote que haya que paliar con cortisona en gotero o vía oral.

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