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Arapaimas con mucho potencial en el Acuario de Zaragoza

La instalación tiene 17 de estos peces amazónicos que alcanza los dos metros y medio de longitud / Es la colección de esta especie más grande que se tiene en cautividad y de ellas impresiona su aspecto pétreo

El tanque principal del Acuario de Zaragoza mide nueve metros de profundidad por ocho de ancho y 40 de largo y en él cabe dos millones de litros de agua. ANGEL DE CASTRO

En Zaragoza está el acuario de agua dulce más grande de Europa. Este es un hecho conocido por muchos, pero quizá no tanto fuera de nuestro término municipal. A pesar de ser una de las joyas que trajo consigo la Expo y una de las mejor conservadas de su legado, el Acuario de Zaragoza obtiene mucha menos atención de la que merece y eso que la cifra de visitantes no para de aumentar año tras año. Si en 2012 eran 40.000 las personas que pasaron por estas instalaciones, en 2019 se alcanzaron las 120.000. Pero siguen siendo pocas para la cantidad de tesoros y enseñanzas que contiene el lugar.

El Acuario de Zaragoza esconde así varios hitos. Por ejemplo, el de albergar el tanque de agua dulce más grande del mundo: es el llamado Río del Mundo, que mide 9 metros de profundidad, 8 de ancho y más de 40 de largo. Contiene dos millones de litros de agua y sus muros de metacrilato que permiten la visión a los visitantes son de más de 20 centímetros de espesor.

En el Acuario de Zaragoza hay en total unas 350 especies de animales y tres de ellas son especialmente peligrosas: el cocodrilo del Nilo; una pitón reticulada de 60 kilos; y una tortuga de caparazón blando.

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Pero el continente es lo de menos, obviamente, dentro del tanque el Acuario tiene 17 arapaimas, un pez amazónico que alcanza los dos metros y medio de longitud. La de Zaragoza es la colección de esta especie más grande que se tiene en cautividad y de ellas impresiona su aspecto pétreo. «Son fósiles vivientes. Es una gozada bucear junto a ellas. No te hacen nada pero eso sí, no se apartan de tu camino. Cuando entras estás en su territorio. El que te tienes que apartar eres tú», cuenta con auténtica devoción el director de las instalaciones, Javier González. Estos animales gigantes nacieron en 2006 en Perú, por lo que tienen ahora 18 años de vida. Suelen vivir en cautividad en torno a 20.

La tortuga de caparazón blando es una especie algo agresiva. ANGEL DE CASTRO

El Acuario de Zaragoza no pretende ser solo un centro de exhibición animal, sino que su principal función, como indican antes de entrar al recorrido para los visitantes, es educar y concienciar sobre la preservación de la naturaleza.

Dos programas de conservación

Además, tienen en marcha dos programas de conservación: el de las ranas pirenaicas, una especie de la que ya han conseguido soltar en la naturaleza unos 200 ejemplares; y otro de galápagos europeos. Esta especie de tortuga la crían en cautividad para intentar repoblar el Ebro, que ha claudicado en favor de la voracidad de las tortugas de Florida (las de los mofletes rojos), que la gente tiene como mascotas y luego libera. «Eso sí, ahora si soltáramos estas tortugas en Juslibol ­–dice González apuntando a tres pequeños ejemplares en un acuario– se las comerían los siluros», lamenta.

"Pirañas por ejemplo hemos criado más de mil. Siempre digo que las pirañas mañas están por toda España: en Madrid, en Gijón... y hasta en Berlín», dice Javier González, director de las instalaciones.

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En el Acuario de Zaragoza hay en total unas 350 especies de animales y tres de ellas son especialmente peligrosas: el cocodrilo del Nilo (el macho que vive en estas instalaciones mide 5 metros y pesa 350 kilos) y que, por cierto, se alimenta solo con dos pollos cada semana; una pitón reticulada de 60 kilos; y una tortuga de caparazón blando «con muy mala leche».

Pero las curiosidades en este espacio son infinitas. Entre las especies que conservan hay algunas en peligro de extinción, como el pez tiburón del Mekong.

Este macho de cocodrilo del Nilo mide 5 metros y pesa 350 kilogramos. ANGEL DE CASTRO

También hay, entre una larguísima lista, monos titíes, la colección de rayas de agua dulce más importante del continente, un camaleón, peces que cazan escupiendo agua, una nutria, un siluro, una especie de varano que sirve para explicarle a los más pequeños por qué no han de comer bollería con aceite de palma. «Les preguntamos a los niños si les gusta el varano, porque lo sacamos con arnés y lo tienen a medio metro. Todos alucinan y dicen que sí, que les encanta. Entonces aprovechamos y les decimos que no compren bollería que contenga aceite de palma porque estas plantaciones están cargándose el hábitat de este animal», comenta.

Además de educar, exhibir, concienciar y conservar, el acuario, aunque no como actividad principal, también cría especies para intercambiar ejemplares con otros zoos y acuarios. «Pirañas por ejemplo hemos criado más de mil. Siempre digo que las pirañas mañas están por toda España: en Madrid, en Gijón... y hasta en Berlín», comenta González. Y a pesar de todo, el Acuario de Zaragoza, que ostenta varios récords y se ha ganado el reconocimiento de los zoológos y biólogos de media Europa, sigue siendo una joya todavía sin explotar como símbolo de la ciudad. Sus arapaimas merecerían muchísimo más reconocimiento por parte del público.

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