LA INFANCIA EN SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD

Una madre de acogida: "El amor les hace despegar"

Beatriz Pitarch y Raúl Zeta son una familia de acogida y desde hace seis años han recibido a niños desde un mes a nueve años

"El avance que experimentan cuando viven en un hogar es alucinante: el amor funciona", defienden

Beatriz Pitarch con dos de las niñas de acogida que han pasado en este tiempo por su hogar.

Beatriz Pitarch con dos de las niñas de acogida que han pasado en este tiempo por su hogar. / B. PITARCH

El Periódico de Aragón

Beatriz Pitarch y Raúl Zeta comenzaron a ser una familia de acogida en 2018. Seis años después continúan convencidos y emocionados en esta aventura que cada varios meses "llena de risas y juegos" su casa. Son una familia de acogida de urgencia, por lo que, generalmente, los pequeños se quedan en su hogar desde unos días hasta unos meses. Y aseguran que la experiencia merece la pena.

"Empezamos en esto porque un amigo trabajaba en un centro de acogida y nos habló de la diferencia entre los niños que están en un centro y los que viven con una familia. Si seguimos haciéndolo es porque vemos que funciona: el amor funciona y les hace despegar", explica Beatriz Pitarch, que en la actualidad acoge a un menor de siete años.

En los últimos seis años, la pareja ha acogido a niños con edades comprendidas desde un mes hasta los nueve años. Cada experiencia es diferente, en función de la situación de los menores, pero todas son enriquecedoras.

"El amor funciona", insiste. "Cuando un niño recibe cariño, percibe la sensación de vivir en un hogar, se ven cambios muy, muy rápido", explica. "Se trata de niños que han sufrido situaciones de negligencia, abandono, abusos, drogas... Siempre son situaciones dramáticas, vienen con heridas emocionales, pero cuando están en un ambiente estable su vida cambia", añade.

Beatriz y Raúl con un bebé de acogida.

Beatriz y Raúl con un bebé de acogida. / B. PITARCH

Hay ejemplos claros que demuestran cómo la acogida temporal de los menores que se encuentran en riesgo de exclusión hace que sus heridas sanen, ya sea en términos de desarrollo o académicos.

"Hay menores que han llegado a nuestra casa sin saber andar ni hablar, a pesar de tener la edad para hacerlo. O en etapas posteriores, niños que no sabían los números del 1 al 10 y que en apenas un mes y medio después ya han sabido hacer sumas en el colegio", cuentan, como ejemplos que han conocido de cerca.

Ser una familia de acogida de urgencia significa que "siempre hay una cama preparada en casa". Desde la asociación Adafa, de familias de acogida de Aragón, les pueden avisar de que hay un menor que necesita un hogar en pocas horas y por un periodo máximo de unos seis meses.

Pero hay más modalidades de acogida. Los acogedores temporales reciben a los menores cuyos padres no pueden atenderlos en un periodo de tiempo concreto. Por ejemplo, porque deben cumplir una condena en prisión, y tienen una previsión de fecha de entrada y de salida. Por último, en el caso de la acogida permanente, las familias reciben a los menores hasta los 18 años, pero no se trata de un proceso de adopción, ya que mantienen el vínculo con sus padres.

Abuelos de acogida

En este año, según el informe presentado por el Justicia de Aragón, hay 200 niños en la comunidad en distintas casas de acogida. Para entrar a formar parte de la gran familia que forman las familias de acogida en Aragón, recuerda Pitarch, hay que estar "preparado", pero anima a informarse sobre el acogimiento temporal porque la sensación que percibe es que hay "cierto desconocimiento" y la llegada de más familias al ecosistema aragonés siempre sería beneficiosa, para los niños y las familias.

"Hay quien dice que no podría hacerlo. Es verdad que hay que estar preparado, pero hay mucho seguimiento y apoyo, Adafa presta material, desde cunas a sillas de bebé, hay apoyo de psicólogos, dan muchas facilidades y acompañamiento", y asegura que "nunca" se han sentido solos.

Además, señala que se pueden incorporar al proceso "familias monoparentales, familias homosexuales y de cualquier edad. También existe el concepto de abuelos de acogida, y de hecho, funciona en Aragón", cuenta, recordando que los requisitos para acceder a ser una familia de acogida son mucho más laxos que en los procesos de adopción.

Lo que no ocultan Beatriz y Raúl es que el momento de la despedida de los menores con quienes comparten su vida son difíciles.

"Como acogedor, vives un pequeño duelo en cada despedida, porque con cada niño te enamoras, lo das todo, y porque de repente la casa está vacía, no hay juegos ni risas y el corazón se te queda encogido", reconoce la madre acogedora. Sin embargo, dice que "compensa" pasar por ello al ver "cómo los niños han desplegado sus alas y superado sus miedos". "Sabes que cuando salen de casa van a un lugar mejor: o de regreso con su familia o a una familia adoptiva, y eso es un alivio siempre", concluye.