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El Periódico de Aragón

Casademont Zaragoza

Los tres reyes magos

Ferrari, Mekowulu y Kilpatrick han resucitado a un equipo que parecía destinado a sufrir hasta el último día. Su aportación ha puesto la salvación a tiro cuando estaba seriamente en entredicho

Ferrari da órdenes a sus compañeros tras un tiempo muerto.

Que el Casademont Zaragoza, sumido en una profunda depresión, necesitaba refuerzos como el comer para dar un vuelco a su situación era algo evidente. Los aragoneses eran un equipo muerto que necesitaba algo o alguien que fuera capaz de hacerlo resucitar y provocar una reacción que alejara el fantasma cada vez más probable del descenso a la Liga LEB. La situación se complicaba debido a las limitaciones de un mercado de fichajes en el que en estas fechas, no nos engañemos, queda lo que queda. Pero, como si de un milagro se tratase, casi como un cuento de Navidad o de un 6 de enero, ellos aparecieron al rescate. Más que aparecer como por arte de magia, se les fue a buscar, y es aquí donde es innegable el tino que tuvo la secretaría técnica en sus llegadas a la capital aragonesa.

Frankie Ferrari, Sean Kilpatrick y Christian Mekowulu, los Melchor, Gaspar y Baltasar del Casademont, aterrizaron en Zaragoza con las ideas claras y un objetivo en mente. Desde el minuto uno cambiaron radicalmente la imagen de los aragoneses. De tener serias dificultades, ya no para ganar, sino para igualar la intensidad de la inmensa mayoría de equipos de la ACB, a pasar a pelear de tú a tú contra cualquiera. La victoria ante el FC Barcelona, el líder de la competición, es el mejor ejemplo de ello. Siendo los tres jugadores de características completamente diferentes, es ahí precisamente donde comparten una que ha echado en falta el Casademont durante la totalidad de la temporada: la competitividad. Y de los tres, en ese aspecto, el que más ha dado el do de pecho ha sido Ferrari, que llegado prácticamente de un semi-retiro, ha puesto su capacidad de liderazgo y su determinación al servicio del conjunto de Sakota.

Los números

Aunque a veces las estadísticas no reflejan del todo las sensaciones sobre la cancha, en este caso los números sí que acompañan a los jugadores que han provocado la resurrección del equipo. El caso del base italoamericano es el más llamativo. En sus tres partidos con la camiseta del Casademont, saldados con tres victorias, Ferrari promedia 11,3 puntos (50% de acierto en tiros de dos y 45% desde el triple) a los que suma 3,7 rebotes, unas espectaculares 5,7 asistencias y dos recuperaciones para un total de valoración de 16,3 créditos. De hecho, el nuevo líder del Casademont ha sido el jugador más valorado del equipo en dos de esos tres encuentros.

Mekowulu pelea por un rebote. ANGEL DE CASTRO

Si la aportación de Ferrari ha sido prodigiosa, no le va a la zaga de Mekowulu. Siendo un jugador menos vistoso que el base, su rendimiento está siendo también sobresaliente. El nigeriano ha llegado para tapar el agujero en el juego interior de los zaragozanos y a ello está contribuyendo con sus números. En sus cuatro choques, el pívot promedia 10,8 puntos, con un gran 68,2% en tiros de campo, 4,8 rebotes y 12 créditos de valoración. Además, solo los problemas de faltas, derivadas de su intensidad en pista, le han impedido mejorar esas cifras.

Al que más le ha costado entrar en la dinámica del grupo ha sido a Kilpatrick, que no destaca en sus estadísticas (8,7 puntos sumados a 1,2 rebotes y una asistencia) pero que en el último encuentro por fin apareció con 23 puntos y un 5 de 8 en triples para confirmar que ya está preparado y en forma para ser la guinda de un pastel formado por tres jugadores que con su irrupción en el Casademont prometen dejar el regalo de la salvación.

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