Sosegados los estómagos tras los excesos azucarados, descansadas las pupilas de tanto led navideño y calmados los ánimos republicanos tras marchar los magos a tierras eméritas es el momento de echar un oído a músicas recientes y a algunas otras que quedaron enredadas entre los pliegues del calendario del año que se fue.

Por ahí viene el incombustible Elvis Costello, con sus viejos amigos The Imposters y ese disco de lujo que ha titulado The Boy Named If (Capitol / Universal), para hablarnos del fin de la inocencia y preguntarnos, por ejemplo, «¿quién te mantendrá satisfecho después de una pelea de amantes?». Críptico y vital, Costello vuelve a sus orígenes sin volver del todo, y muestra su faceta más visceral como advirtiendo de que hay músico para rato. Inicia el disco, muy acertadamente, con un rockabilly enloquecido, pórtico de canciones asentadas en el rock garajero, e incluso en el Bowie más punzante. Sí, también oferta baladas de gran calado (con Nicole Atkins interpreta My Beautiful Mistake), que completan una creación sinceramente agitadora.

He aquí una encuentro extrañamente feliz: el protagonizado por el Richard Dawson, músico folk de Newcastle, y Circle, grupo finés de rock experimental, que lo mismo transita por la vía krautrock, que por el nuevo heavy metal, el rock progresivo o el ambient. La relación puede parecer bizarra, cierto, pero el parto, de difícil taxonomía, es un singular y algo más que entretenido puzzle sonoro. Hablo de Hienki (Domino / Music As Usual). Jueguen a desmontar esa construcción.

Fronterizo (mugalari); francotirador, en ocasiones; músico de trayectoria clara y sólida, Ruper Ordorika ha creado en su ya diltada carrera un concepto de rock, tan personal como reconocible, que enlaza lo próximo (su lengua y su cultura primigenias) con lo universal (destacadas son en sus discos las participaciones de músicos anglosajones). Ahora, Ruper edita Amour eta toujours (Elkar), que algunos han adjetivado como su disco cubano. Pero ojo, no se me solivianten: no hablamos del trabajo de un sonero, sino de un rockero inspirado en el Caribe. ¿Algo cercano a lo de Marc Ribot y Los Cubanos Postizos, pero en euskera? Más o menos. Piezas nuevas y dos recuperadas de su álbum Haizea garizumakoa dan cuerpo a un álbum hermoso, en el que, además de las citadas, destacan canciones como Baracoako Usategia, Aski dena buruz gain ipintzeko y una espléndida versión (llevada a su terreno en el colofón) de Koni Priveredlivye, del gran agitador ruso Vladimir Visotsky. 

The Future (Stax) es el segundo disco de Nathaniel Rateliff con The Night Sweats, o sea, otra muestra de su reinvención como soulman. Tiene canciones poderosas y mezclas estilísticas atractivas, pero deja la sensación de que es un trabajo algo irregular o, probablemente, poco equilibrado.

 Tzouras (instrumento de cuerda de la familia del bouzouki), guitarra, voces, percusiones electrónicas, trombón y programaciones. Con esos bártulos el trío Monsieur Doumani, radicado en Chipre, reformula en Pissourin (Glitterbeat) la tradición greco-turca, se pasea por el Mediterráneo, hace un guiño a África y se pone psicodélico. ¿Hay quien dé más?

Celebramos con alborozo Effet Miroir, el cuarto disco de la francesa Zaz (actúa en Zaragoza el 15 de marzo), pero Isa (Parlophone), aun conteniendo detalles especiados y alguna canción notabilísima como A perte de rue, no tiene el brillo de su predecesor y discurre con cierta monotonía. Lástima.  

En Contigo (Elefant) Maria Rodés y La Estrella de David (David Rodríguez), junto al productor Sergio García, trazan, en clave country-folk, una sugerente crónica de una relación: comienza con Hacer el amor y termina con Nos vamos a divorciar. Canciones desde la cocina, aunque tengan el sabor sonoro de porche trasero.

Tránsito y compromiso. De eso trata El viaje (Delicias discográficas), segunda entrega del grupo aragonés Nuei. La música jamaicana sobrevuela el álbum, pero hay hallazgos como Berlín, que recuerda a 17 Hippies, Mare Nostrum, con ecos de Les Négresses Vertes, o La aurora de Nueva York (no busquen parentescos con Leonard Cohen).

«Hay otros mundos, pero están en este», escribió el poeta francés Paul Éluard. Afortunadamente, apostillo. Pues, qué sería de nosotros si el mundo gandul no anduviese por aquí. En su gozosa línea de hacer per-versiones de piezas ajenas con letras propias, Los Gandules han editado nuevo disco. Extravagancia (Elbatín), se llama, y, qué les voy a contar que no sepan de estos dos tipos. A por él.