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El Periódico de Aragón

Guardando las distancias: Por fin le toca a la cultura

"Las políticas también deben cubrir los derechos culturales de las personas", afirma Nicolás Barbieri

Nicolás Barbieri, en un momento de su intervención en la jornada.

Aunque parezca que no, a la pandemia aún habrá que agradecerle ciertas cosas. No, no me he vuelto loco ni me he convertido en un cierto negacionista de la hecatombe que ha supuesto el covid para buena parte del mundo (por lo que se ve, algunos consiguieron hacer hasta negocios de una ética al menos cuestionable) y, por supuesto para el sector cultural en el que debemos incluir, aunque a veces se nos olvida, al propio público. A lo que me refiero es que la pandemia parecer ser que por fin ha puesto en el centro del debate los derechos culturales. En un mundo en el que hay leyes para casi todo, resulta que un derecho reconocido en el artículo 44.1 de la Constitución estaba por ahí, en el limbo, sin que nadie se decidiera a ponerle coto hasta que lo hizo Navarra hará tres años. 

Esta misma semana, de la mano del Gobierno de Aragón y la asociación Procura, el IAACC Pablo Serrano ha acogido la jornada Hacia una ley de derechos culturales ya que, tal y como avanzó este mismo diario, Aragón quiere tener su propia ley y presentar el anteproyecto de la misma a principios de 2023, es decir, antes de que acabe la legislatura. Y eso es algo innegociable para el director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Víctor Lucea.

La pandemia ha dejado al descubierto ya no lo poco protegido que está el sector de la cultura sino la precariedad en la que convive (haya pandemia o no) que al ser ya estructural no se resuelve con ayudas extraordinarias. Junto a esto, hay que comprender que la cultura es algo que trasciende las llamadas industrias y que es un derecho que cada persona por el mero hecho de serlo tiene, tanto para disfrutar de ella como para construirla y, lo que a mí me parece más trascendental, para decidir sobre ella. Esto que lleva ya varios años siendo un debate de cabecera en muchos países europeos ha costado que entrara en España pero en Aragón ya está y no debemos dejar escapar este caballo que ahora se presenta.

"¿Por qué queremos una Ley de derechos culturales? Básicamente para conseguir la igualdad de acceso a la cultura"

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Nicolás Barbieri, que fue el encargado de pronunciar la primera ponencia, elevó la reflexión prácticamente a la cotidianidad pero estudiada dejando frases para el recuerdo y la cavilación como «el derecho a participar en la vida cultural de la ciudad está condicionado por el código postal en el que vives» o «los derechos culturales no se limitan a los derechos de los profesionales de la cultura, sino también a los derechos culturales de las personas. Las políticas culturales deben dar respuesta a ambos». Fue algo así como el aterrizaje por si alguien se plantea a estas alturas a qué nos referimos con los derechos culturales.

Igualdad de acceso a la cultura

Ya puestos en materia, le tocó el turno a María Camino Barcenilla, que estuvo en el grupo redactor de la ley en Navarra, que también ofreció muchas respuestas: «¿Por qué queremos una Ley de derechos culturales? Básicamente para conseguir la igualdad de acceso a la cultura y para establecer la participación ciudadana y de los sectores culturales en la concepción de las políticas», Junto a ella también intervino Rosa García Loire, presidenta del clúster audiovisual de Navarra, quien dejó claro por si había alguna duda que una ley así beneficia a todo el sector sin excepción.

"España es uno de los países europeos con menos legislación en materia de cultura"

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La jornada se cerró, además de con la participación de Víctor Lucea que dejó claro que esta ley es uno de los objetivos de Aragón, con la intervención de Manuela Villa, secretaria de Cultura y Deporte en la Ejecutiva Federal del PSOE, que también defendió la necesidad de esta legislación: «Gran parte del problema del sector cultural es la falta de marco jurídico y garantías normativas que garanticen los derechos culturales de las personas. España es uno de los países europeos con menos legislación en materia de cultura». 

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