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El Periódico de Aragón

ESTE DOMINGO EN EL AUDITORIO NATURAL DE LANUZA

Ara Malikian: "He descubierto mi personalidad artística intentando sobrevivir"

El violinista libanés de origen armenio, uno de los mejores del mundo, actúa en el Pirineos Sur este domingo a las 21.00 horas

Ara Malikian actúa este domingo en el Pirineos Sur. Sergio Abello Villanueva

Ara Malikian es para muchos el mejor violinista del mundo. El músico libanés, de origen armenio, lleva varios años afincado en España, y le une una relación muy especial con Zaragoza y Aragón. Tanto es así que es Hijo Adoptivo de la capital aragonesa desde 2018. El próximo 23 de diciembre, volverá a la ciudad para actuar en el Pabellón Príncipe Felipe, concierto cuyas entradas salen a la venta este lunes 1 de agosto. Este domingo actuará en el Pirineos Sur, una de las fechas marcadas en rojo del calendario del festival oscense. Este diario ha charlado con el violinista sobre su vida personal y profesional.

Su historia es muy peculiar. Desciende de una familia armenia, pero nació en Beirut, donde pronto estalló una cruenta guerra civil. ¿Cómo fue criarse en ese ambiente bélico?

Era muy pequeño cuando me tocó vivir la guerra civil. Cuando eres niño y has vivido eso, piensas que la guerra es el día a día de cualquier persona. En aquella época, no sentía que viviera algo fuera de lo normal. Cuando con 15 años dejé el Líbano y vine a Europa, me di cuenta de qué tipo de vida vivíamos, siempre con el terror, con el miedo, conviviendo con la violencia alrededor. Por tanto, fue después cuando me di cuenta lo difícil que era vivir una guerra para un niño.

¿Esas experiencias le han influido a nivel artístico?

A nivel artístico no lo sé, aunque siempre influyen en el subconsciente. Personalmente sí me han influido, porque mi personalidad se ha hecho según lo que he vivido de niño, y hoy en día estoy muy agradecido de estar aquí, de vivir en una parte del mundo pacífica. Eso ya es para mí una suerte, porque la guerra en el Líbano duró más de 20 años, murieron muchas personas y a otras les cambió la vida. Es duro aguantarlo, pero también lo es manejarlo después, porque deja muchas secuelas.

¿Cuándo empezó a sentirse atraído por la música?

Desde que nací. Mi padre era un fanático de la música y del violín, y había decidido que yo tenía que tocarlo incluso antes de tenerme, por lo que no tenía muchas opciones. Me pusieron un violín en la barbilla prácticamente al nacer, y desde entonces se quedó ahí clavado. Menos mal que al final me gustó (ríe).

"Cuando eres niño y has vivido eso, piensas que la guerra es el día a día de cualquier persona"

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¿De dónde viene esa tradición familiar por el violín?

Mi abuelo tenía un violín con una historia muy peculiar, y mi padre empezó a tocarlo y se enamoró. Empezó bastante tarde, por lo que no llegó al nivel con el que había soñado, pero ese sueño me lo transmitió a mí. Pero sí que vivía de tocar, sobre todo música folclórica libanesa, aunque su verdadero amor era la música clásica.

Cumplir el sueño de su padre es un motivo más de orgullo...

Sí, la verdad que me emociona. A veces pienso que ojalá viera lo que estoy haciendo ahora, es una motivación extra. Aunque no soy exactamente lo que él había soñado, porque era muy clásico y tradicional y yo me desvié. Pero estoy seguro de que estaría contento.

Precisamente por eso quería preguntarle. Pese a que el violín es un instrumento clásico, su virtuosismo le lleva a cualquier género, desde el rap de Kase.O al rock de Bunbury, Calamaro o de su compatriota Serj Tankian. ¿Dónde nacen esas inquietudes?

Ahora sí que son inquietudes y me gusta experimentar, pero en su época fue por obligación. Cuando llegué a Alemania tenía 15 años y empecé a estudiar en una academia muy clásica, pero tenía que sobrevivir. Tocaba en bares, en clubs, bodas... Lo que salía. Por obligación tuve que aprender otro repertorio, algo que al principio me daba vergüenza, porque yo quería tocar a Bach o a Mozart, que es lo que amaba y sigo amando. Sin saberlo, aprendí otro oficio y viví casi una doble vida. Años después, me di cuenta de que fue un aprendizaje más importante que el de estar en una academia, donde aprendes disciplina y rigor, pero mi personalidad artística la he descubierto intentando sobrevivir.

Lleva varios años afincado en España, y en sus giras nunca falta Aragón. ¿Qué es esta tierra para usted?

Aparte de amar su belleza y sus costumbres, me siento muy identificado porque aquí encontré a mi familia. Mi mujer es aragonesa, mi hijo es aragonés y todo mi equipo profesional es de Aragón. Es un lugar con el que, sin saber por qué, hubo una atracción mutua. Además, el público siempre me da un cariño maravilloso, y eso para un artista es muy inspirador.

"Hemos decidido no unirnos a ninguna discográfica ni a ninguna multinacional, así nadie te puede decir que si tocas en un pueblo luego no puedes ir a un sitio más grande"

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Su versatilidad no es exclusiva de la música, ya que le es indiferente actuar en Ejea de los Caballeros o en Lanuza que en Londres o Nueva York.

Todos los escenarios complementan al resto. Es importante actuar en Nueva York, pero también es importante actuar en lugares más pequeños. La energía es diferente y te aporta algo que esos sitios más grandes no te aportan. Cuando subo al escenario, entro en un trance en el que no me importa donde estoy, solo pienso en recibir la energía del público y devolvérsela a través de la felicidad que me da la música. Justamente, tengo una carrera que está hecha de una manera más casera, ya que hemos decidido no unirnos a ninguna discográfica ni a ninguna multinacional. Hacemos todo nosotros mismos, y eso nos da la ventaja de poder hacer lo que queremos. Nadie te puede decir que si tocas en un pueblo luego no vas a poder ir a un sitio más grande. Para nosotros eso no existe. Tocamos dónde, cuándo y cómo queremos.

¿Qué espera del Pirineos Sur?

Tengo muchas ganas de volver. Estuve hace ocho o nueve años, y desde entonces han crecido mis ganas de regresar. Estoy muy feliz de poder reencontrarme con la magia del lugar, que es espectacular. Pirineos Sur siempre tiene algo especial, muy diferente. El anfiteatro de Lanuza genera una energía muy bonita.

En 2020 le vimos en otra faceta, la documental, con la que además ganaron un Goya. ¿Qué supuso compartir algo así con su mujer?

Bueno, el galardón no lo he compartido, es de Nata (Moreno), mi mujer. Ella fue la que hizo el documental sobre mí. Fue algo muy bonito, aunque al principio me costó. Soy una persona que vive mucho el presente, y todo lo pasado lo aparco en un disco duro de mi cerebro, y me cuesta sacarlo, sobre todo las cosas duras que he vivido durante la guerra o cuando estaba en Alemania solo, intentando sobrevivir. Son épocas de mi vida de las que no me gusta hablar, pero Nata lo sacó con mucho respeto y cariño, e hizo un trabajo precioso, recopilando muchos vídeos que había guardado mi padre. La verdad que ese documental nos ha traído muchísimas alegrías.

Nunca deja de crear. ¿En qué se encuentra trabajando ahora?

Estamos metidos de lleno en la gira. Viajaremos por muchos lugares y países, y estamos preparando por lo menos un año de 'tour'. Luego, ya se verá. Prepararemos un nuevo disco, pero todavía estamos creándolo. De momento, nos centramos en la gira.

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