El Periódico de Aragón

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ENTENDER + CON LA HISTORIA

Un oscense, un británico y la teoría de la evolución

El 24 de noviembre de 1859 se publicó en Reino Unido 'El origen de las especies', la revolucionaria obra de Charles Darwin.

Reproducción del 'Beagle', el barco en el que viajó Darwin. ANDY RAIN

¿Qué pueden tener en común un oscense nacido en la localidad de Barbuñales en el Somontano de Barbastro, un inglés de la ciudad de Shrewsbury de las Midlands cercanas a Gales y la teoría de la evolución de las especies? Pues mucho, y es que la historia a veces crea unos hilos maravillosos que nos permiten conectar hechos, acontecimientos y personajes que en un principio no deberían tener nada que ver unos con otros. Pero lo tienen.

Como ya sabemos, durante siglos imperaron en la cultura europea y fundamentalmente cristiana las ideas creacionistas, según las cuales el ser humano y en general todas las especies animales y vegetales existentes fueron creadas por Dios durante la creación del mundo en esos seis días tras los cuales acabó descansando. Según esta tradición religiosa, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y para que le acompañara creó después a la mujer de una de sus costillas, creando buena parte de ese discurso de la supremacía del hombre sobre la mujer en la sociedad durante siglos y siglos.

Pero todo fue cambiando con la evolución de la ciencia y con los diferentes estudios que poco a poco han hecho evolucionar el conocimiento que tenemos del mundo que nos rodea. Y uno de esos grandes empujones en la ciencia para tratar de responder a esas grandes cuestiones de la humanidad que son el de dónde venimos y cuál es el sentido de la vida, lo dieron el oscense Félix de Azara y el inglés Charles Darwin. A uno se le conoce en el mundo entero. Al otro seguimos luchando para hacer que sea mínimamente conocido, aunque sea al menos en su tierra natal. Adivinen qué descripción se ajusta más a uno y a otro.

Félix de Azara, retratado por Goya en 1805.

Félix de Azara, retratado por Goya en 1805.

Félix Francisco José Pedro de Azara y Perera nació en Barbuñales el 18 de mayo del año 1742 en una España que iba encaminada hacia la ilustración y todos los avances culturales y científicos que esta promovió, especialmente durante los reinados de Fernando VI (1746-1759) y Carlos III (1759-1788). Era hijo de los señores de Lizana y, al no ser el hijo mayor, no le tocaba heredar el señorío, así que dedicó su vida al servicio militar destacando en los campos de la ingeniería y la cartografía. Esto último fue clave en esta historia, pues en el año 1777 España y Portugal se comprometieron en el Tratado de San Ildefonso a fijar las fronteras entre sus respectivos dominios en América del Sur y que llevaban provocando desde hacía tiempo no pocos choques entre ambos reinos. De hecho, estas discusiones son la excusa de la historia de la maravillosa e inolvidable película La Misión de Roland Joffé con grandes como Robert De Niro, Jeremy Irons y la pedazo de banda sonora de Ennio Morricone.

En ese contexto, Félix de Azara fue enviado a América del Sur por la zona del actual Paraguay para que presidiera la comisión cartográfica española. Sin embargo, una vez llegó allí, los meses y los años fueron pasando mientras la comisión portuguesa no aparecía. De hecho, jamás llegaría. Pero como Félix todavía no sabía eso, se dedicó a aprovechar el tiempo, a viajar y a desarrollar un enorme gusto por la naturaleza, tomando notas, haciendo dibujos y estudiando cientos de especies, concretamente 448, de las cuales la mitad todavía se desconocían en Europa.

Charles Darwin.

Charles Darwin.

Con todo ese trabajo, Félix de Azara acabó hablando de algo parecido a la teoría de la evolución de las especies siendo el primero en hacerlo, siendo su trabajo indispensable para que varias décadas más tarde el británico Charles Darwin llegara a esa misma conclusión. Que los animales iban adaptándose al medio en el que vivían y que eso explicaba sus diferentes formas, incluyendo en todo ello al ser humano y al hecho de que hemos evolucionado desde los homínidos dejando atrás las teorías creacionistas. Una de las teorías más revolucionarias de la historia para desentrañar nuestro propio pasado y que tuvo comienzo si tiramos de ese hilo en el oscense pueblo de Barbuñales.

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