EL CAMINO AL 28M

La 'cara B' de las elecciones: un café electoral para adivinar el futuro político (I)

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN reúne a Darío Villagrasa y Mar Vaquero, los segundos espadas del PSOE y del PP, con un grupo de jóvenes para conocer de primera mano las incertidumbres y los anhelos de la ‘generación Z’

Darío Villagrasa y Mar Vaquero conversan junto a los alumnos en la entrada de la Universidad de Zaragoza.

Darío Villagrasa y Mar Vaquero conversan junto a los alumnos en la entrada de la Universidad de Zaragoza. / ÁNGEL DE CASTRO

Darío Villagrasa repasa los bares que rodean el campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza y admite que todavía se acerca «para tomar algún bocadillo, incluso con algún miembro del partido». Mar Vaquero se baja del taxi, cuelga el teléfono y abraza al dirigente socialista: «¡Esto va a ser lo más tranquilo que vamos a tener durante la campaña!». Por delante, dos horas junto a seis universitarios a los que escuchar y de los que «llevarse un golpe de realidad» de la generación Z, los centennials, esos que por primera vez meterán su voto en la urna.

Vaquero y Villagrasa piden un cortado cada uno en el Koala Lumpur de la calle Cerbuna de Zaragoza. «No somos tan distintos en el PP y en el PSOE», coinciden los dos candidatos a las Cortes, que se deshacen en halagos tras casi siete años siendo dos de las voces más escuchadas en el Parlamento aragonés. «Creo que he aprendido mucho al tener enfrente a Mar, porque te exige mejorar en cada intervención», admite Villagrasa. Desde la bancada popular, Vaquero coincide en el análisis y agradece la llegada de «un joven preparado, que te obliga a prepararte muy bien». Cuentan también algunos de esos secretos entre bambalinas: «Somos parte de esa escenificación que exige la política parlamentaria, pero muchas veces nos mandamos mensajes porque sentimos que nos hemos pasado o hemos sido muy vehementes».

La desconexión que toda la sociedad tiene respecto a la política es el primer tema al que se enganchan Eduardo, Ana, Daniel, David, Edu y Elena –que se unió más tarde, al finalizar un examen–, los seis estudiantes que participan en este desayuno. La mayoría admite que no conocen ni a Villagrasa ni a Vaquero, aunque otros sí revelan que han investigado la noche anterior. «Yo con el que más he coincidido es con Javier Lambán, porque mi madre es de Ejea», bromeó Ana.

«He hablado con varios amigos sobre las próximas elecciones y muchos no conocen nada, tengo la sensación de que estamos completamente fuera», cuenta Eduardo, que afronta este curso el final de su formación como periodista. La desafección la representa David, estudiante de fisioterapia, que no cree en el sistema que llevará a millones de españoles hasta las urnas el próximo 28 de mayo: «No siento que ningún partido me represente, porque no puedo elegir realmente a las personas de las instituciones; y creo que no existe en realidad la separación entre los tres poderes». No le gusta tampoco la disciplina de partido y por eso tiene claro que el domingo se quedará en casa.

Mar Vaquero, en una intervención del coloquio con los jóvenes.

Mar Vaquero, en una intervención del coloquio con los jóvenes. / ÁNGEL DE CASTRO

Desde ese momento, tanto Villagrasa como Vaquero se plantean como objetivo que David meta una papeleta en la urna. «Me preocupa que no se quiera votar y que no se crea en el sistema, que es la garantía de la defensa de los poderes y de los derechos de los ciudadanos», opina la líder popular, a la que le sigue el representante del PSOE, que sí anima a que los jóvenes «entren en política, porque merece la pena defender el interés general». Vaquero, en María de Huerva, y Villagrasa, en Bujaraloz, conocen lo que es ser alcalde en unas localidades de pequeño tamaño, esos lugares donde «la política es mucho más cercana, donde tienes que trabajar con las manos y en las igual montas una valla que tienes que firmar mil permisos para instalar un banco en una plaza».

Otra coincidencia entre ambos candidatos: los dos fueron delegados en sus clases del instituto y de la universidad, porque es «el primer paso de todos aquellos que quieren hacer algo por cambiar las cosas».

Debido a que no todos los estudiantes pueden ser delegados, Vaquero lanzó la posibilidad de que entre la política en las aulas: «¿Os interesaría una asignatura que contase algo de historia o de ideología política?». Para Ana, la política debería estar fuera pero sí le parecía interesante «que se enseñe algo más de pensamiento crítico, para saber tomar mejor nuestras decisiones».

Universidad

Entre todas esas reflexiones de los jóvenes no puede faltar el propio estado de la universidad, así como el conflicto con la formación profesional. «Es un error que sigamos viendo mal a los estudiantes de grado superior, como si no valiese tanto como una carrera», reflexionaba Edu, estudiante de Económicas, que sin embargo sí que consideraba interesante «que la gente entre en la universidad, para tener una sociedad con el mayor capital humano posible». Todos coincidieron en que la pandemia había cambiado la forma de plantear las clases y cómo el trabajo a distancia ya era una realidad. «Yo me ponía como un becerro cuando estudiaba porque exigían asistencia y había gente que no podía», recordó Villagrasa. Vaquero insistió en el valor de la FP y en la necesidad de que la política impulsase «una mejora en la relación entre la formación académica y la laboral», tras escuchar como varios alumnos se quejaban de que tras cerrar su etapa universitaria debían complementar su aprendizaje con cursos específicos, ya que la formación en las aulas era deficiente.

Universidad, talento, futuro, educación, formación política, ecologismo o economía se colaron en una nutrida conversación que demostró que esos jóvenes que ya no miran con el cariño de antaño a los partidos políticos conocen todo lo que pasa en la comunidad. Ese «exceso de información» y esa «campaña continua en redes sociales» no impide que los universitarios aragoneses tengan una opinión formada de esos temas que se conforman en las Cortes.

Darío Villagrasa, en un momento del café con los universitarios.

Darío Villagrasa, en un momento del café con los universitarios. / ANGEL DE CASTRO

«Tendríais que escuchar el cambio de opinión de los nuevos políticos cuando pasan una temporada en la Aljafería», resumió Vaquero, que se mantuvo insistente en convencer a los jóvenes en la importancia del voto, en lo relevante que es acudir a las urnas. Una insistencia en la que participó Villagrasa que, incluso, se puso liberal para defender el potencial que tiene una sociedad organizada: «Los políticos no secuestramos la acción pública, sino que la representamos. Somos una parte más de esta empresa que conformamos entre todos».

Terminados los cafés, quedan muchos temas de los que hablar pero poco tiempo. La agenda de la campaña está llena de reuniones y de actos. Los estudiantes agradecen la cercanía de unos políticos que ya conocen, que «ya reconoceremos cuando nos hablen de ellos». Los dos miembros de las Cortes de Aragón coinciden, una vez más, en la importancia de acercarse a la ciudadanía. «Me encanta la escucha, la política de hoy se tiene que seguir haciendo en las calles», acabó la número dos de los populares.

Al levantarse de la mesa, Vaquero y Villagrasa vuelven a abrazarse, a modo de despedida. De fondo, Jaime Urrutia entona El calor del amor en un bar. A ver si dura hasta el próximo domingo.

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como lo definió Biel. Alcanzó pactos con el PSOE de Marcelino Iglesias y con la derecha de Luisa Fernanda Rudi, que le mantuvieron en el poder. Es indudable que el poder desgasta y que al PAR le han pasado factura tantos años en el Gobierno. Pero también ha contribuido a su pérdida de apoyo ciudadano algunas alianzas electorales y pactos de gobierno que no ha comprendido el electorado. Sin olvidar el cambio de la sociedad, la fragmentación del voto en un mínimo de ocho partidos y la crisis del aragonesismo. Un dato concluyente: en las elecciones autonómicas y municipales, los partidos aragonesistas han logrado apenas 47.000 votos y cuatro diputados, un tercio de los sufragios del PAR en 1983.

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